Julio
C.
Gambina*
jgambina@rcc.com.ar
Desde
la
explosión
de
la
crisis
de
diciembre
de
2001
se
multiplicaron
diversos
emprendimientos
económicos
de
carácter
popular,
muchos
de
los
cuales
existían
previamente.
Es
el
caso
de
los
clubes
del
trueque
o
el
desarrollo
de
emprendimientos
económicos
solidarios,
desde
panaderías
a
la
producción
de
calzado
o
textiles.
Son
también
las
cooperativas
de
trabajo
impulsadas
entre
trabajadores
desocupados,
de
servicios
o
de
producción.
Entre
esos
fenómenos
se
destacan
las
empresas
recuperadas
por
sus
trabajadores,
con
el
doble
afán
de
proteger
los
medios
de
producción
y
mantener
la
fuente
de
trabajo.
Es
un
tema
que
remite
a
la
crisis
capitalista
y
su
impacto
en
las
empresas
y
las
relaciones
sociales
allí
contenidas.
Algunos
empresarios,
por
diversas
razones,
abandonaron
la
actividad
económica
cerrando
la
fábrica
o
empresa,
aún
con
los
activos
fijos
en
su
interior.
Otros
realizaron
un
verdadero
vaciamiento
empresario,
al
momento
del
cierre
o
incluso
progresivamente.
El
resultado
derivó
en
el
desempleo
gradual
o
total
de
los
trabajadores.
En
algunas
ocasiones,
los
trabajadores
se
encontraron
con
la
fábrica
cerrada
de
un
día
para
el
otro.
Esos
trabajadores
respondieron
con
la
toma
de
la
empresa
a
los
efectos
de
recuperar
la
actividad,
conservar
los
activos
fijos
y
la
fuente
de
trabajo.
Se
trataba
de
una
actividad
defensiva,
incluso
de
defensa
de
la
empresa,
no
así
del
empresario.
Lo
que
debe
destacarse
es
que
pese
a
existir
experiencias
previas,
el
nuevo
clima
social
imperante
durante
el
2002
extendió
el
fenómeno
en
circunstancias
similares
y
en
distintos
puntos
del
país.
Es
cierto
que
la
devaluación
de
la
moneda
favoreció
la
actividad
industrial
y
potenció
la
audacia
de
los
trabajadores.
A
tal
punto
se
desarrolló
el
tema
que
hasta
se
inició
un
proceso
de
articulación
de
esas
experiencias
mediante
el
“movimiento
de
empresas
recuperadas”.
Se
trataba
ahora
de
generalizar
la
experiencia
y
aprendiendo,
unos
de
otros,
los
nuevos
problemas
derivados
de
la
administración
popular
con
relación
a
la
anterior
y
tradicional
gestión
de
la
empresa
capitalista.
Debe
considerarse
que
desde
la
toma
de
la
empresa,
los
trabajadores
pasaban
a
decidir
sobre
el
proceso
de
trabajo
al
interior
de
la
organización
económica
y
con
exclusión
de
toda
dirección
propietaria
o
derivada
en
núcleos
gerenciales.
La
actividad
defensiva
tomaba
carácter
ofensivo
e
interpelaba
a
distintos
niveles
en
búsqueda
de
su
identidad.
Al
Estado
por
una
legislación
adecuada
y
políticas
activas
para
la
promoción
del
nuevo
fenómeno.
A
la
sociedad
por
la
solidaridad
y
el
acompañamiento
ante
los
peligros
de
represión
policial,
judicial
o
patronal;
y
a
los
propios
trabajadores
para
asumir
un
papel
como
sujetos
productivos
con
autonomía
del
capitalista
en
la
toma
de
decisiones.
También
se
asumía
el
riesgo
de
reproducir
la
lógica
capitalista
de
la
explotación,
tanto
por
la
continuidad
operativa
con
proveedores
y
el
mercado
de
consumo,
como
por
la
necesidad
de
ampliación
de
la
planta
una
vez
puesta
a
producir.
II-
El
desempleo
y
la
recesión.
La
resistencia
y
la
nueva
institucionalidad
popular
La
reacción
de
los
trabajadores
es
consecuencia
directa
de
la
crisis
capitalista
en
la
Argentina.
No
sólo
se
trata
de
la
larga
recesión
iniciada
a
mediados
de
1998
y
que
aún
se
prolonga
a
fines
del
2002.
Se
vincula
al
ciclo
largo
de
reestructuración
de
las
relaciones
capitalistas
que
se
desplegaron
en
el
país
desde
mediados
de
los
70’
y
que
promovieron
variaciones
en
la
relación
capital
trabajo,
tanto
como
en
la
nueva
función
del
Estado
a
favor
del
capital
más
concentrado
y
la
inserción
internacional
subordinada
al
capital
transnacional
en
general
y
a
EEUU
en
particular.
Son
políticas
que
generaron
una
mayor
precariedad
y
flexibilidad
de
las
relaciones
de
trabajo,
agravadas
con
las
secuelas
de
desempleo,
subempleo,
sobre
empleo,
marginación
y
pobreza
que
se
extendieron
en
forma
alarmante[1].
Son
procesos
vinculados
a
una
desindustrialización
relativa,
con
cierre
de
fábricas
mano
de
obra
intensiva
y
en
todo
caso
con
nueva
inversión
en
fábricas
con
utilización
intensiva
de
medios
de
producción
en
detrimento
de
la
fuerza
de
trabajo[2].
Argentina
a
comienzo
de
Siglo
XXI
tiene
menos
trabajadores
industriales
que
a
comienzos
de
la
crisis
del
70’
y
su
capacidad
productiva
se
encuentra
aún
disminuida.
Este
proceso
descrito
generó
desiguales
resultados
entre
las
clases
subordinadas
y
las
dominantes.
Mientras
aquellos
acrecentaban
los
índices
de
explotación,
marginación
y
pobreza,
éstos
acumulaban
ganancias,
riqueza
y
poder.
Definían
así
la
ofensiva
del
capital
en
concordancia
que
un
proceso
similar
desarrollado
a
escala
global
en
el
ciclo
histórico
que
recorre
la
lucha
de
clases
entre
mediados
de
los
70’y
la
actualidad.
Un
ciclo
iniciado
en
América
Latina
con
la
dictadura
militar
de
Pinochet
en
el
73
y
el
genocidio
de
la
Argentina
desde
el
76.
Proceso
extendido
al
capitalismo
desarrollado
en
Inglaterra
del
79
y
EEUU
del
80;
y
la
incorporación
de
Europa
a
mediados
de
los
80.
Al
mismo
tiempo,
la
respuesta
de
los
trabajadores
se
caracterizaría
por
la
defensiva
en
una
política
de
acumulación
de
fuerzas
contra
la
impunidad
patronal
y
estatal,
sostenidas
ambas
por
el
terrorismo
de
Estado
en
tiempos
de
dictadura
(1976-83)
y
con
matices
diferenciales
bajo
gobiernos
constitucionales
(1983-2001).
La
tesis
que
sostenemos
es
que
la
pueblada
de
diciembre
de
2001
puede
ser
el
punto
de
inflexión
en
la
construcción
de
una
ofensiva
de
los
trabajadores
en
el
proceso
de
la
lucha
de
clases
y
que
tiene
como
característica
la
conformación
de
una
nueva
institucionalidad
popular.
Entre
ellas
se
destacan
las
asambleas
populares,
los
movimientos
de
desocupados
y
los
emprendimientos
económicos
de
carácter
popular.
Ocupan
un
lugar
de
privilegio
en
la
consideración
pública
y
en
una
perspectiva
emancipadora
en
ejemplo
de
autonomía
que
expresan
las
empresas
recuperadas.
Es
cierto
que
la
ausencia
de
una
alternativa
política
impidió
durante
el
2002
que
la
pueblada
pudiera
ir
más
allá
de
la
contestación
al
modelo
imperante.
Nuestra
tesis
apunta
a
señalar
la
potencialidad
de
la
nueva
organicidad
expresada
por
la
institucionalidad
popular
en
diversas
formas.
No
existe
un
registro
acabado
de
la
cantidad
de
empresas
recuperadas,
sin
embargo,
distintas
fuentes
ubican
la
existencia
de
unas
120
que
revistan
en
esa
situación
e
involucran
a
unos
10.000
trabajadores[3].
La
mayoría
se
concentran
en
la
Provincia
de
Buenos
Aires,
a
la
sazón
la
que
concentra
mayor
población
sobre
las
24
provincias
existentes.
Es
a
su
vez
la
de
mayor
desarrollo
absoluto
y
relativo.
En
realidad,
buena
parte
de
las
empresas
recuperadas
se
concentran
en
el
Gran
Buenos
Aires,
que
incluye
a
la
Ciudad
Autónoma
de
Buenos
Aires
(Capital
de
la
Argentina)
y
los
partidos
del
Conurbano
bonaerense,
donde
habitan
12
millones
de
personas
y
es
el
núcleo
central
de
la
actividad
económica,
política
y
cultural
del
país.
En
rigor,
el
fenómeno
de
las
empresas
recuperadas
se
presenta
en
las
zonas
de
mayor
población
y
desarrollo
capitalista,
entre
las
cuales
se
encuentra
las
Provincias
de
Santa
Fe
y
Córdoba
y
en
menor
medida
en
Mendoza,
Neuquen,
La
Pampa,
Río
Negro
y
Jujuy.[4]
En
el
listado
mencionado
por
Enfoques
Alternativos
aparecen
empresas
alimenticias
y
frigoríficas;
siderúrgicas
y
metalúrgicas;
del
vidrio;
electrodomésticos;
del
cuero;
de
lavado
de
lanas;
de
madera;
pintura;
auto
partes,
motores
eléctricos;
cosméticos
y
papel;
transporte
y
la
construcción;
imprenta,
gráfica;
confección
y
textil;
incluso
producción
de
tractores,
acoplados
y
material
ferroviario.
Dicho
informe
reconoce
emprendimientos
entre
8
y
600
trabajadores.
Se
trata
de
una
realidad
muy
diversa
y
no
homogénea.
No
es
lo
mismo
un
restaurante
con
8
trabajadores,
una
producción
panificadora
con
16,
que
una
empresa
de
transporte
con
160,
un
frigorífico
con
480
o
un
ingenio
azucarero
con
600.
Sin
duda
uno
de
los
principales
problemas
tienen
que
ver
con
la
lógica
capitalista
de
funcionamiento
de
las
empresas.
En
efecto,
los
trabajadores
cuentan
al
inicio
del
proceso
productivo
con
los
activos
fijos
o
medios
de
producción
y
su
fuerza
de
trabajo.
En
algunos
casos
subsiste
en
la
empresa
materiales
y
materias
primas
que
les
permite
avanzar
en
los
primeros
procesos
productivos
o
de
servicios.
Pero
inmediatamente
se
quedarán
sin
“capital
de
trabajo”
para
funcionar
y
deberán
acudir
al
mercado
(proveedores
y
bancos)
para
obtener
los
insumos
necesarios.
Aquí
debe
recordarse
la
situación
argentina
de
recesión
e
insuficiencia
de
crédito[5]
para
reconocer
las
dificultades
que
se
presentan
a
las
empresas
recuperadas
para
un
adecuado
funcionamiento.
Además,
debe
reconocerse
que
la
voluntad
gubernamental
no
favorece
precisamente
con
su
política
económica
las
demandas
y
necesidades
de
los
sectores
que
impulsan
la
economía
popular,
aunque
como
dijimos,
la
devaluación
hace
posible
hoy
procesos
productivos
que
eran
dificultados
en
tiempos
de
vigencia
del
régimen
convertible
con
un
tipo
de
cambio
que
igualaba
la
paridad
de
la
moneda
local
con
el
dólar.[6]
Para
mejorar
el
funcionamiento
empresario
puede
destacarse
el
convenio
existente
entre
el
movimiento
de
empresas
recuperadas
y
la
Asamblea
de
Pequeños
y
Medianos
Empresarios,
APYME[7],
donde
ésta
le
ofrece
sin
cargo
el
asesoramiento
profesional
en
toda
la
línea
de
necesidades
de
gestión
administrativa,
comercial,
impositiva,
de
costos
y
contabilidad,
tecnológica,
etc.
En
el
mismo
sentido
existen
iniciativas
desde
parte
del
cooperativismo
organizado
hacia
las
nuevas
empresas
que
alientan
esa
forma
jurídica.
La
CTA[8],
a
su
vez
ha
dado
atención
a
parte
del
nuevo
fenómeno
emergente,
conteniendo
a
los
trabajadores
en
su
seno.
Son
organizaciones
que
actúan
en
conjunto
en
la
resistencia
y
que
intentan
construir
experiencias
organizativas
conjuntas[9]
y
por
ello
no
llama
la
atención
que
articulen
con
el
nuevo
fenómeno,
en
rigor,
no
sólo
con
las
empresas
recuperadas,
sino
también
con
piqueteros
y
asambleas
barriales.
Es
cierto
también,
que
algunas
de
las
empresas
intentan
ser
manipuladas
por
el
accionar
de
intendencias
(gobiernos
locales),
burocracias
sindicales
y/o
políticas.
Ante
la
crisis
política
de
la
Argentina
se
entiende
que
las
dos
dinámicas
de
la
lucha
de
clases
intentan
abordar
el
fenómeno.
Desde
las
clases
dominantes
se
pretende
acotar
el
fenómeno.
Si
pueden
lo
reprimen
y
evitan,
y
si
no,
lo
contienen
en
el
ámbito
de
sus
mediaciones
funcionales,
tales
como
el
sindicalismo
burocrático
que
encarna
la
tradicional
central
sindical
(CGT)
o
con
punteros
políticos
de
los
partidos
tradicionales
y
en
crisis,
tales
como
la
UCR[10]
y
el
PJ[11].
Desde
el
campo
popular
se
trata
de
rodear
a
las
empresas
recuperadas
con
solidaridad,
pero
no
sin
conflicto,
ya
que
son
distintas
las
lecturas
que
se
hacen
desde
enfoques
políticos
diferenciados
de
la
realidad
local.
No
en
vano
existen
diferencias
de
abordaje
entre
los
distintos
partidos
de
la
izquierda
e
incluso
de
variados
movimientos
populares.
Entre
otros
asuntos
en
discusión
se
encuentra
la
forma
que
pretenden
asumir
los
trabajadores
que
recuperan
las
empresas.
Si
bien
inicialmente
existe
un
móvil
de
defensa
de
los
medios
de
producción
y
de
la
fuente
de
trabajo,
a
poco
andar
comienza
la
discusión,
si
se
quiere
ideológica
o
práctica
de
la
forma
de
organización
y
funcionamiento.
La
mayoría
de
las
empresas
se
han
asumido
como
cooperativas,
aunque
no
estén
legalmente
constituidas
como
tales.
Algunas,
influenciadas
por
militancia
partidaria,
reclaman
la
estatización
con
control
obrero.
En
realidad,
visto
el
problema
desde
afuera,
puede
resultar
un
tema
menor,
ya
que
lo
que
importa
es
la
autonomía
obrera
en
la
forma
de
explotación
de
la
empresa,
sin
embargo
el
tema
tiene
importancia
de
cara
al
desarrollo
del
movimiento
en
gestación
y
de
cada
emprendimiento
en
particular.
Existen
argumentos
a
favor
y
en
contra
de
cada
una
de
las
opciones.
Quiénes
privilegian
la
estatización
con
control
obrero
rechazan
la
cooperativa
por
ser
una
forma
empresaria
más
en
el
marco
de
las
relaciones
capitalistas
de
producción.
Del
otro
lado
se
rechaza
la
forma
estatal
por
el
carácter
de
clase
del
Estado
capitalista.
Con
ello,
ambos
argumentos
se
neutralizan.
Por
la
positiva,
unos
señalan
que
lo
que
importa
es
el
control
obrero
y
no
la
propiedad
de
los
medios
de
producción,
los
que
se
asignan
al
Estado.
Remiten
a
una
concepción
estatalista
de
la
perspectiva
revolucionaria
de
la
sociedad.
Muchos
de
los
impulsores
de
esas
consignas
militan
en
partidos
de
izquierda
que
asumen
un
programa
de
estatizaciones
con
perspectiva
revolucionaria.
Los
otros
adjudican
los
beneficios
de
la
cooperativa
a
la
gestión
democrática
y
rescatan
la
propiedad
colectiva
de
los
medios
de
producción.
Es
cierto
que
muchos
de
ellos
hacen
abstracción
de
la
inserción
cooperativa
en
un
mercado
capitalista
y
donde
la
cooperativa
es
también
subsumida
en
la
lógica
del
capital.
Queremos
insistir
en
otra
lógica.
En
la
que
remite
a
la
construcción
de
subjetividad
en
la
perspectiva
de
aliento
al
poder
popular.
“Ocupar,
Resistir
y
Producir
es
la
consigna
de
la
hora
para
sembrar
un
futuro
donde
el
pueblo
trabajador
sea
el
verdadero
protagonista
de
su
historia.”[12]
Esto
lo
dice
uno
de
los
dirigentes
de
la
Cooperativa
IMPA,
Metalúrgica,
con
136
trabajadores,
que
asumieron
el
control
de
la
Cooperativa
en
1998,
lo
que
demuestra
también
que
hay
cooperativas
y
cooperativas.
En
el
caso
mencionado,
una
cosa
era
la
experiencia
burocratizada
previa
a
la
recuperación
y
otra
muy
distinta
desde
la
ocupación
y
desarrollo
posterior.
Por
eso
tampoco
alcanza
con
la
estatización
y
exigencia
de
salarios
de
convenio,
organización
sindical
y
obra
social,
ya
que
es
conocido
el
avance
del
ajuste
en
las
cuentas
públicas
con
efecto
centrado
en
los
trabajadores
estatales
y
la
subordinación
de
la
burocracia
sindical
a
la
lógica
de
las
clases
dominantes,
como
la
tendencia
de
las
políticas
públicas
para
mercantilizar
el
conjunto
de
las
relaciones
sociales,
por
caso,
la
privatización
de
la
salud[13],
incluidas
las
obras
sociales
sindicales.
En
el
ejemplo
comentado
es
muy
conocida
la
adhesión
de
la
Unión
Obrera
Metalúrgica
(UOM)
a
la
CGT
y
por
ende
la
subordinación
al
partido
de
gobierno
(PJ)
y
a
la
lógica
capitalista
de
las
grandes
patronales
metalúrgicas.
En
definitiva,
la
práctica
empresaria
de
los
trabajadores
que
recuperan
sus
fuentes
de
trabajo
elimina
la
mediación
del
capitalista.
Ese
no
es
un
dato
menor.
Oportunamente,
Carlos
Marx
en
su
crítica
a
los
cooperativistas
señalaba
dos
asuntos
centrales
de
carácter
contradictorio.
Por
un
lado,
sostenía
que
las
cooperativas
alejan
a
los
trabajadores
de
la
lucha
de
clases
al
hacerles
creer
que
la
emancipación
es
posible
desde
la
perspectiva
de
una
empresa
o
de
un
conjunto
de
ellas,
sin
comprender
que
en
el
capitalismo,
la
lógica
del
capital
subsume
al
conjunto
de
las
formas
empresarias
existentes.
Por
el
otro,
rescataba
el
ejemplo
contundente
en
la
práctica
de
las
cooperativas,
de
lo
innecesario
que
resulta
el
capitalista
en
tanto
organizador
del
proceso
de
trabajo
y
valorización.
Este
es
el
principal
mérito
logrado
por
el
movimiento
de
empresas
recuperadas,
sea
cuál
sea
la
reivindicación
sustentada,
tanto
en
quiénes
demandan
la
estatización,
como
en
aquellos
que
asumen
la
perspectiva
cooperativa.
En
uno
y
otro
caso,
debe
considerarse
el
aporte
a
la
ruptura
cultural
que
asigna
al
capitalista
el
papel
de
organizador
de
la
producción
y
distribución
de
bienes
y
servicios,
sea
este
un
capitalista
privado
o
estatal.
Los
trabajadores
han
puesto
en
evidencia
que
ellos
son
los
generadores
de
la
riqueza
socialmente
creada
y
que
por
lo
tanto
no
necesitan
de
un
tercero,
el
capitalista,
para
orientar
el
proceso
de
la
producción.
Ese
es
un
elemento
esencial
para
pensar
en
términos
alternativos
la
organización
económica
de
la
sociedad,
especialmente
en
un
tiempo
histórico
donde
se
instaló
la
naturalización
del
capitalismo.
Es
más,
una
consigna
que
llegó
a
imponerse
entre
los
trabajadores
fue
“empresa
parada,
empresa
tomada”,
dando
aliento
a
la
ofensiva
que
antes
aludíamos
y
que
ponía
en
evidencia
la
potencialidad
de
los
trabajadores
como
constructores
de
la
realidad
material
y
simbólica.
Insisto
sobre
todo
en
la
importancia
de
la
producción
de
signos
y
símbolos,
ya
que
la
constitución
del
imaginario
popular
favorable
a
un
horizonte
anticapitalista
puede
transformarse
en
una
base
sólida
para
pensar
una
sociedad
alternativa,
incluso
socialista.
No
existe
la
perspectiva
socialista
sin
la
presencia
de
su
posibilidad
en
el
imaginario
popular
y
ello
requiere
la
construcción
previa
de
experiencias
de
poder
popular
y
la
conciencia
de
que
ello
es
lo
que
se
construye.
V-
No
todas
son
rosas,
o
los
desafíos
Si
bien
la
práctica
de
ocupación
de
empresas
tiene
su
tiempo
y
en
la
actualidad
existe
un
movimiento
que
las
agrupa,
y
además
hay
reconocimiento
social
y
solidaridad
activa
del
movimiento
popular,
debe
reconocerse
que
no
todas
son
rosas.
Existen
límites
objetivos
y
subjetivos[14]
que
son
necesarios
aceptar
y
abordar
por
el
propio
movimiento
si
se
piensa
estratégicamente
en
el
desarrollo
del
poder
popular.
Existen
abundantes
argumentos
sobre
la
ineficacia
de
la
legislación
positiva
y
la
administración
de
justicia
en
la
Argentina
con
relación
a
la
ocupación
de
empresas,
ya
que
el
derecho
privilegia
la
propiedad
por
encima
de
los
derechos
sociales,
tales
como
el
que
garantiza
el
trabajo
(artículo
14
Bis
de
la
Constitución
Nacional
desde
1949).
Incluso
la
legislación
recientemente
aprobada
por
las
legislaturas
de
la
Ciudad
de
Buenos
Aires
y
la
de
la
Provincia
de
Buenos
Aires,
apoyadas
aún
por
los
partidos
de
izquierda,
envía
el
problema
de
fondo
a
resolverse
en
el
futuro.
En
efecto,
la
nueva
legislación
entrega
los
activos
a
los
trabajadores
por
24
meses
con
la
prioridad
sobre
los
acreedores
de
la
empresa
fallida
antes
de
la
ocupación
por
sus
trabajadores.
Es
decir,
no
se
asegura
la
propiedad
de
la
empresa
para
los
trabajadores
y
no
indica
taxativamente
ninguna
consideración
operativa
para
facilitar
la
puesta
en
funcionamiento
de
la
empresa
en
cuestión.
Pero
mucho
más
que
lo
jurídico,
mayor
es
el
límite
que
impone
la
política
hegemónica
que
no
estimula
el
desarrollo
de
una
economía
alternativa
y
que
afecta
el
corazón
de
las
relaciones
de
explotación,
es
decir
la
propiedad
privada.
Sin
embargo,
creo
que
el
principal
problema
radica
en
los
aspectos
subjetivos.
Nadie
asegura
el
éxito
de
los
emprendimientos
por
los
límites
objetivos
señalados,
pero
la
cultura
dominante
puede
imponerse
hacia
el
interior
de
las
empresas
recuperadas
y
por
lo
tanto
los
trabajadores
pueden
retomar
el
proceso
productivo
allí
donde
ya
fracasó
el
capitalista
propietario
o
el
administrador
gerencial.
Los
primeros
actos
definen
una
tendencia
al
igualitarismo
en
la
distribución
del
ingreso
que
en
la
complejidad
del
desarrollo
posterior
puede
reproducir
una
diferenciación
no
adecuada
de
los
ingresos
de
los
operarios
y
los
administradores
y
más
aún
de
los
principales
decididores.
La
tendencia
a
la
burocratización
es
un
problema
serio
a
abordar.
Si
los
trabajadores
son
subordinados
por
la
lógica
empresaria
capitalista
su
destino
se
define
en
un
mercado
monopolizado
por
el
capital
transnacional.
Lo
alternativo
pasa
por
construir
una
nueva
experiencia
de
ejercicio
del
poder
popular
y
que
haga
visible
la
potencialidad
de
nuevas
relaciones
sociales.
Ese
camino
no
tiene
asegurado
el
futuro,
pero
marca
el
desafío
para
enfrentar
el
problema
del
desempleo,
la
pobreza,
la
marginación
y
la
explotación.
Puede
aportar
en
el
camino
de
la
liberación
y
emancipación
de
los
trabajadores
en
este
comienzo
de
siglo
donde
parece
recrearse
la
expectativa
de
otro
mundo
posible.
Buenos
Aires,
enero
de
2003
* Profesor Titular de Economía Política en la Facultad de Derecho en la Universidad Nacional de Rosario. Director del Centro de Estudios de la Federación Judicial Argentina y de la Dirección del Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores Argentinos. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas.
[1] La medición de mayo de 2002 indica que el 21,5% de la población económicamente activa está desempleada y que una cifra similar se encuentra subempleada, totalizando más de 5 millones de trabajadores en esa condición. Según estadísticas del Ministerio de trabajo, pese al desempleo se registra un promedio de horas de trabajo superior a las 10 horas diarias. La pobreza, a julio de 2002 ha crecido al 53% de la población en un país que tiene 36 millones de habitantes y produce alimentos anuales para 300 millones de personas.
[2] Especialmente en los 90’ se produjo un acelerado proceso de concentración y extranjerización del capital en todas las áreas de la economía. Las empresas transnacionales dominan hoy la propiedad de la tierra y producción agraria apropiándose de la renta del suelo, petrolera, minera, etc. Son hegemónicas en la producción industrial y los servicios, especialmente la banca y los seguros, el turismo y el comercio exterior.
[3] Eduardo Lucita. “Fábricas ocupadas y gestión obrera en Argentina. Ocupar, resistir, producir.” En Revista Cuadernos del Sur, ano 2002. Una investigación de la UBA destaca la existencia de unas 107 empresas recuperadas.
[4] Diario Clarín, Suplemento Zona, edición del domingo 22 de septiembre de 2002. El periódico enfoques Alternativos de octubre de 2002 ofrece un listado incompleto de unas 73 empresas recuperadas.
[5] Prácticamente no existe el crédito en la Argentina actual. El sistema financiero en diciembre del 2002 se redujo al 20% del nivel registrado en noviembre de 2001, momento de aplicación de las restricciones al funcionamiento de los bancos, conocido por corralito, instaurado por el Ministro de Economía Domingo Cavallo durante el final de la Presidencia de Fernando de la Rúa. Esas medidas desencadenaron el descontento de amplias capas medias bancarizadas, que sumaron sus protestas al conjunto de la población, generando la pueblada del 19 y 20 de diciembre que arrastró al gobierno e hizo explícita la crisis integral de la sociedad argentina.
[6] Durante el segundo semestre de 2002 el dólar se estabilizó alrededor de 3,60 pesos por 1 dólar, haciendo más competitiva la producción local.
[7] Organización gremial empresaria creada en 1986 para cubrir el vacío de representación de los sectores más desprotegidos del empresariado local, pequeño y mediano. Es una entidad que no distingue actividades empresariales y agrupa a todos los que coincidan con su programa alternativo al de las grandes patronales y articula su accionar con el movimiento cooperativo, la Federación Agraria Argentina y la Central de Trabajadores Argentinos, entre otros.
[8] Central de Trabajadores Argentinos, surgida en los 90 como alternativa a la tradicional CGT vinculada con el gobierno y las políticas neoliberales que favorecieron la gran concentración y transnacionalización de la economía argentina.
[9] Entre el 13 y 17 de diciembre, dos días antes de la pueblada, el IMFC (cooperativismo), la FAA (pequeños productores agrarios), la CTA, APYME, ATTAC-Argentina y una multiplicidad de organizaciones populares, de derechos humanos, centros de estudiantes, organizaciones barriales, etc., produjeron la Consulta popular contra la pobreza que logró la participación de 3.100.000 argentinos, anticipando en horas el gran protagonismo popular que conmovió al mundo.
[10] Unión Cívica Radical. Partido que llevó a la presidencia, en alianza con el Frepaso, a Fernando De la Rúa en 1999 hasta la pueblada de diciembre de 2001.
[11] Partido Justicialista. Actualmente a cargo de la presidencia con Eduardo Duhalde. Fue el partido de la presidencia Menem entre 1989 y 1999.
[12] Eduardo “Vasco” Murúa. Editorial del Boletín quincenal del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas. Regional Capital. Sábado 30 de noviembre de 2002.
[13] El mercado de la salud se divide en tres tercios. Uno lo ocupa y en ascenso el sector privado y monopólico. Otro la salud pública expresada en el Hospital. La tercera son las obras sociales sindicales surgidas en el apogeo de las políticas del primer peronismo desde 1945 y en profunda crisis en la actualidad, siendo ahora objeto de la concentración de las empresas pre-pagas de salud.
[14] Alberto Rezzónico y otros. Empresas recuperadas. Aspectos doctrinarios, económicos y legales. Mimeo, noviembre de 2002. Aldo Ivnisky. Aporte al estudio sobre empresas recuperadas con relación al problema de la viabilidad. Mimeo, diciembre de 2002. Ambos trabajos son parte de una investigación en curso en el marco del Centro Cultural de la Cooperación, Departamento de Cooperativas que coordino (JCG).