Estado anfitrión y capital extranjero

Le Monde International Nº 2572, 980221, J.-P. Tuquoi, p. 5


El Acuerdo multinacional de inversiones AMI está en discusión en el marco de la OCDE, el club de los países ricos, desde mayo de 1995 pero su firma, prevista para el próximo mes de abril, parece difícil por el gran revuelo que ha provocado. El AMI pretende asegurar alguna forma de igualdad de trato para los inversionistas extranjeros y nacionales dentro de un mismo país.


Jack Lang, actual presidente de la comisión de asuntos exteriores de la Asamblea francesa, declaró que "el AMI instaurará el poder absoluto del dinero" y será "una maquinaria infernal para desestructurar el mundo" lanzada por "los ultraliberales" y a cuya cabeza se encuentra "una suerte de soviet económico mundial animado por los dirigentes de los grandes grupos multinacionales los cuales escapan al control de los pueblos". Y el ex-ministro de la cultura de Francia concluye: "Un eslogan debiera unir a todos los hombres progresistas: «l'AMI, c'est l'ennemi». (el AMI -el amigo- es el enemigo)."

Los artistas franceses fueron los primeros en rebelarse contra el AMI por el temor a que ponga fin a la excepción cultural. El primer ministro Lionel Jospin declaró que "el AMI no debiera, en ningún caso, restringir nuestra capacidad de apoyar y desarrollar la creación artística y las industrias culturales y audiovisuales." Según los especialistas, tal riesgo no existe porque se puede obtener un compromiso similar al habido en la Ronda de Uruguay donde Francia obtuvo el poder para fijar una política audiovisual independiente. Además, cuenta con el apoyo del Canadá, preocupado por su proximidad con EE.UU., de España, Italia, Grecia...

Lo esencial del AMI está en la organización de las relaciones entre los Estados y los inversionistas extranjeros. Conforme al espíritu que condujo a la creación de la Organización mundial del comercio OMC en 1993, el AMI consagra la liberalización de las inversiones mundiales cualquiera sea su tipo (acciones, bonos, licencias...) o sector (financiero, inmobiliario...). El proyecto prevé que el Estado anfitrión no podrá imponer al inversionista el "exportar un volumen o porcentaje dado de bienes o servicios", ni "alcanzar un nivel dado o porcentaje de contenido nacional", ni "transferir tecnología", ni "localizar su domicilio societario", ni "alcanzar un cierto nivel de empleo ni de investigación-desarrollo". En cambio, el texto no dedica ni una palabra a cuestiones esenciales tales como la de los "precios de transferencias" que permiten que las firmas multinacionales, jugando entre sus distintas filiales diseminadas por todo el mundo, logren más o menos escapar al pago de impuestos.

Sus defensores argumentan que las reglas "tales como la transparencia de las legislaciones, la libertad para la transferencia de fondos de las empresas y las compensaciones en caso de expropiación, reflejan normas internacionales muy bien establecidas e incorporadas en numerosos tratados bilaterales vigentes". Se agrega que "el objetivo es garantizar a los inversionistas un marco jurídico claro, equitativo y estable y de ofrecerles mecanismos destinados a resolver eventuales conflictos que los opongan con los gobiernos de los países que los acogen."

La paradoja es que este debate se concentra en Europa donde no existen problemas entre las firmas multinacionales y los gobiernos. El AMI apunta más bien al Asia, tierra bendita para los inversionistas pero imprevisible. Otra paradoja es que la discusión no es tan maniquea como pudiera pensarse: en particular, no opone a una coalición de países europeos contra EE.UU. En realidad, partidarios y adversarios del AMI se enfrentan, también, en EE.UU., principal inversionista a escala mundial. Las firmas multinacionales y la Casa Blanca defienden el proyecto mientras que el Congreso americano está dividido y la prensa no lo trata.

"El Estado, en general, no tiene el tamaño como para luchar contra las compañías multinacionales. Para hacer que éstas vengan, está obligado a ofrecer compensaciones por medio de medidas fiscales y subvenciones. Para evitar estos sesgos y hacer jugar la competencia y atraer el mayor número de compañías, al Estado debiera interesarle el que existan reglas claras y transparentes", opina un profesor del Instituto de estudios políticos de París. Agrega este especialista en comercio internacional: "Por lo demás, la adopción del AMI es favorable para las multinacionales francesas que ya no enfrentarán al Estado americano sino a su justicia en caso de litigio. El AMI es un avance que no debe detenerse pues pronto deberán abrirse negociaciones sobre precios de transferencias y sobre la competencia."