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La Globalización: génesis de un discurso
Pablo Dávalos
El término "globalización" ha tenido una transformación que es muy
significativa, y que comprende un proceso por el cual estetérmino ha ido
evolucionando desde la microeconomía hacia la política. En efecto, la primera
referencia del término"globalización" está asociada al trabajo de
Théodore Lewit, aparecido en junio de 1983 en la revista Harvard Business
Review, titulado "The Globalization of Markets". El enfoque de Lewit
partía de un análisis microeconómico, en virtud del cual el entorno cada vez
más integrado de la geografía mundo hacían que las grandes empresas
transnacionales contemplen una visión global de sus negocios.
Los mercados globales, presionados asimismo por el aparecimiento de las
inversiones de portafolio de los actores
institucionales como los fondos de pensiones y los fondos mutuales americanos,
así como las bancas de inversión, obligaban a que las empresas cambien sus
percepciones de inversión, mercadeo, ventas y posventas, desde una base
nacional hacia una concepción global, estas transformaciones hacen que el término
globalización evolucione de la microeconomía hacia el marketing, este proceso
puede ser resaltado en el estudio de Kenichi Ohmane, titulado Triad Power, y
aparecido en 1990.
Una tercera aproximación se da a mediados de los años noventa cuando el término
"globalización" avanza hacia una concepción macroeconómica
internacional. En esta visión, las grandes corporaciones tienen la capacidad de
gestionar la producción, distribución y consumo a nivel planetario en función
de las capacidades de los mercados nacionales y de su entorno macroeconómico
interno. Si las condiciones macroeconómicas
internas son favorables para la inversión, entonces las grandes corporaciones
estarían en capacidad de realizar grandes programas de inversión y gasto.
Se asume que la producción mundial estaría básicamente en manos de las
grandes corporaciones, y que sus decisiones son fundamentales para la asignación
de recursos en contextos de competitividad, desregulación y desreglamentación.
Estas grandes corporaciones operarían en red y en "tiempo real",
adecuando la estructura de costos internos al entorno externo y aprovechándose
de las condiciones internas de cada país para sus políticas de inversión,
delocalización y relocalización.
Hasta allí la deriva economicista del término "globalización", que
de una manera o de otra se adecuaba a los parámetros teóricos, epistémicos y
axiológicos definidos por el Consenso de Washington a inicios de los años
noventa. Pero desde mediados de los años noventa y hacia fines de esa década
el término se transforma cualitativamente: del campo económico pasa al campo
político y afecta fundamentalmente la noción de soberanía
nacional y el concepto de Estado-Nación.
Reconceptualización
La nueva conceptualización del término "globalización" ya no hace
referencia a procesos económicos, ni al rol de las grandes corporaciones
mutinacionales, sino más bien trabaja con la noción de soberanía política de
los Estados Nacionales y da un nuevo tratamiento al concepto de
"sociedad", entendiéndola como el ámbito de la realización privada
y como esfera de la libertad individual, en contraste con el Estado que sería
la esfera de lacoacción.
Esta nueva reconceptualización coincide con dos procesos, por una parte la
necesidad de crear una base de legitimidad política a la recientemente creada
Organización Mundial de Comercio, OMC, en la cual los acuerdos establecidos se
convierten en acuerdos vinculantes por sobre la normatividad de cada país, de
ahí la insistencia en la necesidad de la democracia, y, de otra parte, la
intención de las grandes corporaciones transnacionales
de asumir un peso político explícitamente reconocido en relación con los
Estados Nación, y que pudo ejemplificarse en las fracasadas negociaciones
llevadas adelante por la OCDE, a propósito del Acuerdo Multilateral para las
Inversiones, AMI.
En estas circunstancias, el discurso desarrollado alrededor de la globalización
cambia estratégicamente e incorpora un elemento político antes inexistente. De
esta manera se pasa de la concepción original de los "global markets"
a la globalización política, en la cual son los Estados nación los que deben
reformularse internamente para adaptarse a los nuevos cambios tecnológicos y de
funcionamiento en red de empresas y corporaciones transnacionales.
Se piden de este modo profundas transformaciones políticas a los Estados Nación,
en primer lugar una reformulación de sus prioridades al interior de la
sociedad. Los Estados deben desmantelar toda política de reglamentación,
control, supervisión y regulación a los flujos de capital y de bienes y
servicios. De otra parte, el Estado debe suprimir toda ayuda, todo subsidio,
toda estrategia de protección de sus mercados
internos. Asimismo, en esta nueva deriva política, el término globalización
hace referencia a una nueva noción de
territorialidad, en la cual el concepto de soberanía política de los Estados
Nación, estaría desligado del concepto de
territorialidad del Estado clásico.
En adelante, serán mecanismos de
mercado quienes asignarán de manera eficiente los recursos que cada sociedad
necesite. Para el efecto, las multilaterales de crédito, especialmente el Banco
Mundial, elaboran una nueva estrategia discursiva orientada más hacia un
discurso aparentemente crítico y con un carácter marcadamente asistencialista.
Tanto el FMI como el Banco Mundial, van a insistir en que el error de los países
es no haber llevado a feliz término las políticas de ajuste y de reforma
estructural. De ahí que sea necesario un esfuerzo adicional para armonizar las
estructuras internas de cada país en función de las necesidades de la
globalización.
En esta nueva fase discursiva se
presenta a la globalización como una oportunidad histórica, un deber ser de la
sociedad y una finalidad política de los estados. En ese nuevo discurso, el
Estado Nación, necesariamente tenderá a desaparecer y en su lugar se implantará
una sociedad integrada a nivel planetario y funcionando en red. Las decisiones
de la regulación social y la asignación de recursos se harán globalmente por
las corporaciones transnacionales. Los estados, o sus remanentes, serán los
encargados de vigilar el cumplimiento de este nuevo contrato social y garantizarán
la eficiencia y la eficacia social velando por el cabal cumplimiento y
observancia de los
códigos establecidos por las corporaciones. El mundo entero se habrá
transformado en un gigantesco mall, y la única condición ontológica aceptada
será aquella del consumidor. Tal es la utopía subyacente al discurso político
actual de la globalización.
Pero, ¿no apunta acaso ese discurso a procesos reales que vive la economía
actual? ¿No estamos viviendo acaso un momento de integración planetaria
establecida por las grandes empresas
transnacionales? ¿No vemos amenazas al empleo, a la seguridad social, a la
inversión, provocadas por las decisiones de estas grandes empresas? ¿No están
acaso los estados compitiendo entre sí por captar inversiones externas? ¿No
encontramos acaso productos de todo el mundo en nuestra mesa o en nuestro
ropero?
¿No nos permiten internet y las nuevas tecnologías de la comunicación
involucrarnos de una u otra manera contodo lo que pasa en el mundo? ¿No podríamos
llamar de manera justa a todos
estos cambios como "globalización"?
Retorno al pasado
El discurso de la globalización
parte de una base empírica evidente que le sirve de sustento de referencia y de
base de apoyo y legitimidad. Nadie puede desconocer los avances en técnicas de
comunicación, las cada vez mayor interdependencia e integración de los
mercados, la circulación de los flujos de
capital, la circulación de información a nivel mundial, etc. Pero son cambios
inherentes a la misma dinámica del capitalismo y a su conformación de un
mercado mundial cada vez más integrado y sometido a sus coordenadas de control
y dominio.
Lo que otorga un cariz diferente
a este mercado mundial y que subyace a la utilización estratégica del término
de
globalización, es el proyecto político de las grandes corporaciones
transnacionales. No es tanto el funcionamiento en red de la empresa, o la
internacionalización de los costos externos por parte de las grandes empresas,
o la extensión y creciente utilización de la red internet, es más bien la
necesidad que tienen estos sectores de clausurar la historia humana y presentar
el devenir como un retorno al pasado, al proyecto original del pensamiento
liberal capitalista.
Es decir, una vez alcanzado el ideal de la democracia liberal, solo restaría
que todos los países del mundo se encaminen hacia ese ideal, lo alcancen y se
realicen como estados y como naciones. En otras palabras, habríamos llegado a
la clausura de la historia y de su proyecto fundamental tal como había sido
definido en sus orígenes por el pensamiento liberal. La forma por la cual
alcanzaríamos esa parusía sería justamente a través de la globalización.
La globalización es entonces una opción de tipo histórico político que tendría
una opción teleológica claramente determinada: la formulación de un estado
liberal y de un mercado capitalista para todos los países y naciones del mundo.
Después de todo, Fukuyama, siguiendo una tradición que se remonta a Hegel,
expresa ese deseo que tendría el capitalismo por eternizarse congelando el
presente.
De esta manera, la globalización
como concepto se encuentra en plena fase de cambio. No solo que ahora es un
concepto político sino que estaría transformándose además en un ethos con
pretensiones históricas universales y validantes para cualquier pueblo. Una vez
globalizados, los pueblos del planeta vivirían un postcapitalismo en el cual
las condiciones de eficiencia, eficacia, racionalidad instrumental, utilitarismo
y hedonismo
marcarían los límites del homo económicus como condición ontológica para
todos los seres humanos. La diferencia habrá desaparecido, los estados nación
serían una rémora del pasado, y en los horizontes de posibilidad del ser
humano, solo estarían las luces rutilantes de un gran mall que diga: "se
vende".
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