FRENTE
A LA RONDA DEL MILENIO
Red
alerta sobre transgénicos (REDAST)
Argentina
Cuando
pasen los años, las próximas generaciones recordaran este 30 de noviembre como
la jornada histórica en que sindicalistas, ecologistas y pequeños agricultores
lograron hacer perder legitimidad y toda autoridad moral a la cumbre de la
Organización Mundial del Comercio.
Qué
se proponían los representantes de la economía global en Seattle ? Se
proponían desconocer y someter a las leyes del mercado los acuerdos
multilaterales sobre el medio ambiente, en particular el Convenio de Diversidad
Biológica y el Protocolo de Bioseguridad sobre Organismos Genéticamente
Modificados. La OMC intenta erigirse en una entidad mundial que por encima de
todo acuerdo y consenso internacional, antepone los interese económicos a todo
derecho ciudadano. Esto es lo que ha quedado desenmascarado en Seattle.
Lamentablemente,
nuestro país se encuentra comprometido con este proyecto de economía
planetaria, y a partir de la reunión de Cartagena en que la Argentina conformó
junto con Chile, Uruguay, Canadá y Australia el grupo Miami, nos hemos
embanderado con una de las medidas más irracionales, compulsivas y autoritarias
de la OMC, que invierte la carga de la prueba haciendo responsable a quien se
niega a importar tal o cual producto, de aportar las pruebas científicas que
certifiquen el peligro para la salud o que sea destructivo para el medio
ambiente.
A espaldas de la opinión pública y convirtiéndonos en mercado cautivo de las transnacionales de la biotecnología, se transformó a nuestro país en el segundo productor del mundo en granos transgénicos. El problema se presenta ahora, en medio de la transición a un nuevo gobierno, cuando se extiende por el mundo las denuncias y el creciente rechazo de los consumidores a este tipo de alimentos Frankenstein. Hoy la apuesta argentina a favor de los OGMs se queda sin futuro y la única política de nuestra cancillería pareciera ser la de apoyar y confiar en los temibles órganos reglamentarios de la OMC, a fin de que Europa nos compre las cosechas de granos transgénicos que sus consumidores no quieren aceptar.
Estas
son las políticas mezquinas e injustas
que se desmoronan en Seattle donde, entre silbidos, pancartas
contestatarias y gases lacrimógenos nuestra cancillería ha realizado un nuevo
acto obsceno en el marco de las relaciones carnales. Ahora son los derechos del
consumidor a saber lo que compra, de los agricultores a disponer de su propia
semilla, el derecho de todos a
un ambiente sano
y en especial los derechos a un enfoque precautorio
para resguardar la salud de las poblaciones, los que levantan la voz y se
hacen oír muy fuerte no tan sólo en Seattle sino también en los innumerables
actos de rechazo a esta internacional contra los pueblos.
3
de diciembre de 1999