Mi
adiós a las aulas
Por Osvaldo Bayer
Palabras de despedida de O. Bayer
quien estuviera al frente de la Cátedra libre de Derechos Humanos de la
Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires.
Adiós a las aulas significa perder el escenario de la
vida. Pero queda la riqueza. La fortuna. Uno dice adiós a las aulas y de
pronto, en ese mismo instante, se le llenan los bolsillos de ideas, de
reflexiones, de síntesis,y se pasa a ser alumno de todas las aulas. Por eso no
puede haber un adiós a las aulas
porque seguiremos aprendiendo en el recuerdo. Lo que sí es doloroso es el adiós
a los pasillos y sus ecos, a las voces juvenilesapresuradas, a los sueños antes
de entrar al aula, a las ganas que se huele en los corredores de cambiar al
mundo, de llenarlos de volantes hacia el futuro. Mi adiós a las aulas es tambiém
mi adiós a las clases dadas en las calles en apoyo a las protestas
estudiantiles que los dueños del orden querían apagar con la razón de los
bastones, a veces largos, a veces gordos.
Mi adiós a las aulas es también aquel episodio en que me
tocó dirigir una asamblea estudiantil porque los alumnos me confundieron con un
estudiante más, el mejor título que recibí en esta casa.
Los edificios fueron diferentes pero la nostalgia igual me
marca mis días de estudiante en esta facultad a fines de los cuarenta y luego
como docente ya en el regreso de la vida. La juventud y la ancianidad acompañadas
por los mismos ecos y los mismos sueños. Uno nunca espera el último día, lo
ve dibujado en el horizonte, anunciado, pero no lo cree. Y llega. Inexorable. Es
una especie de lazarillo que lo toma de la mano a quien se aleja que de pronto
queda ciego; lazarillo inexorable que lo aleja hasta el lugar donde ya sólo
necesita aguardar, sólo aguardar. Pero lo hermoso, lo luminoso es saber que
llega el nuevo docente, que llenará de otras imágenes, traerá vidas nuevas,
palabras nuevas y continuará, como un rito sagrado, el rito más sagrado de
todos, la enseñanza, que para el enseñante sólo es una búsqueda de propio
convencimiento. Pero además está el sentimiento del amor, de la afinidad, de
la búsqueda y tal vez de una de las máximas felicidades. Breve, tal vez, pero
semi!lla que cae y va a crecer en cualquier camino.
Uno ha bebido un trago de sabiduría, y ha probado el pan
comunitario. Aquí en estas aulas, aquí en estos pasillos, aquí, abajo, en esa
puerta de entrada, donde están los
nombres de los estudiantes y docentes de la
eternidad, los optimistas que en pleno optimismo fueron
arrancados de la vida por los brutales verdugos matadores de sueños, los
cobardes armados de la vida que entraron a estas aulas para matar las búsquedas
hacia el encuentro de algo más de justicia, de algo más de humanidad. Mataron
a nuestros jóvenes y después nos llenaron las calles de niños con hambre y
con tristeza.
Mi recuerdo hacia quienes llevaron esos nombres inscriptos
ante el portal. Serán eternamente jóvenes durante los siglos. En el descanso
de mis recuerdos estarán en primera fila, siempre.
He elegido para la despedida, el tema más querido, la
Libertad. No es una despedida de ella, ¡quién se puede despedir de la idea más
bella y más profunda del pensamiento humano que derrotó para siempre el miedo
dictado por dioses y sus obediencias!. No, hoy nos tomaremos el tiempo sólo
para acariciar su rostro formado por todas las búsquedas solidarias y por el
rostro de todos los luchadores de la libertad. Vamos a hablar de ella y a
admirarnos de lo inmenso que es el pensamiento humano que ha delineado nada
menos que este concepto, que es grandeza, justicia, amor, constante creación y
ha producido la fuerza de eliminar el
oscurantismo, el miedo, el tributo al poderoso, al dedo amenazante del castigo
terrenal o divino. La Libertad.
Suena como un llamado inmenso a la vida y a la valentía,
que es siempre desprecio al miedo, al orar de rodillas.
Pero no nos vamos a referir hoy a la Libertad en su sentido
filosófico. En esta casa no se han ahorrado cursos para desviar toda duda
acerca de su significado y definición, tan paralelos a la Etica. No, hoy nos
referiremos a la Libertad en el sentido de los Derechos Humanos qué es buscar
los caminos para lograr más
libertad, a partir de esto que tenemos, cómo llegar a tener una sociedad digna.
¿Podemos decir acaso que hay libertad en las estructuras de la sociedad
moderna, de la sociedad del capitalismo globalizado? Porque no hay libertad sin
dignidad. Hace poco, al analizar el capitalismo de mercado y los derechos
humanos nos preguntábamos si hay respeto a los derechos humanos en un país
cuya tercera parte de habitantes vive por debajo del nivel de pobreza. Sí,
hasta ya podríamos contestarnos cinicamente, de pura impotencia, sí, tienen la
libertad de morirse de hambre.
Nos preguntábamos si no es de un indescriptible cinismo
que todos los países de la tierra hayan firmado la declaración de los derechos
de la humanidad y en sus ciudades reine la violencia del que tiene todo sobre el
que no tiene nada. Nos preguntamos: ¿hay libertad de palabra en un país donde
la opinión pública está dominada por los dueños de los medios privados?
Comencemos a medir esa libertad, que, como decíamos, no puede existir si
no está acompañada del concepto de dignidad. Veamos el denominado primer
mundo.
En el país primero, Estados Unidos, dominante del primer
mundo donde se solazan de la prosperidad en las estadísticas, la propia CIA, la
central americana de Inteligencia, alerta sobre la existencia de 50.000
esclavos. En las tierras de los mártires de Chicago, donde fueron ahorcados
esos héroes de las 8 horas de trabajo, hay niños y adolescentes
latinoamericanos, asiáticos, o del Este europeo que trabajan 16 horas por día
con el miedo en las espaldas. Un aspecto; veamos otros: en
uno de los países con fama de poseer una democracia lavada y planchada,
correcta en su fachada, que más de una vez se nos ha puesto como modelo al
tercer mundo ha ocurrido algo que en principio nadie lo quería creer. En la
Alemania de Kohl, la coima era la ley diaria, la ley de mercado; la mentira era
la filosofía clásica; la prebenda y el abuso de las jerarquías, un modus
vivendi. Helmuth Kohl, el triunfador contra el comunismo, el padre -junto con el
papa Juan Pablo II- de la caída del muro, de pronto quedaba ante la opinión pública
como un jugador fullero.
Casi dos décadas en el poder; era el as de cómo usar las
denominadas cláusulas constitucionales junto al gran poder económico para
mantenerse en el poder político.
Hubo un sacudimiento. Pero volvieron a escucharse las voces
de los verdaderos demócratas hablando de la enorme falacia de denominar
democracia a un sistema que eterniza a los políticos en el poder, que mantiene
estructuras antidemocráticas en los partidos, que indica que el non plus ultra
de la expresión democrática es ese sistema de votaciones cada dos años de
candidatos sonrientes surgidos de arreglos de camarillas inspiradas por los
verdaderos detentadores del poder: las fuerzas financieras. Y se ha llegado a la
conclusión que la democracia no existe sino en el horizonte y que hay que
revisar, recorrer todos los días el camino hacia una verdadera democracia
representativa. (El caso argentino es ya patético. Desde 1946 la llamada
democracia argentina es representada por dos partidos conservadores con férreas
estructuras internas de partidocracia, que
en el curso de su historia mostraron una más que débil vocación democrática,
prestando o apoyando con más o menos disimulo a dictaduras militares.) No lo
decimos como reproche sino como voluntad de iniciar una discusión profunda
hacia la democratización verdadera de la sociedad, como se ha iniciado en las
aulas europeas ante el nefast! o ejemplo alemán que ha dejado al desnudo también
los sistemas políticos locales de todas las naciones del primer mundo. (Al
tener noticias en Estados Unidos del escándalo de Kohl en Alemania, varios
observadores comentaron con ironía:
"¿cuántos, 48 millones, ochenta millones de coima?
Esos son apenas "maníes" en la merienda diaria
de la política norteamericana". Esto es sobrecogedor. Nosotros, de
dictaduras militares pasamos al Estado de los partidos, a la partidocracia. En
esa herida sangrante que ha quedado en Alemania, sociólogos y politólogos se
han lanzado a la búsqueda de cómo democratizar más el Estado empezando por la
democratización de los partidos. Robert Leicht, el profundo pensador liberal
dice timidamente: "Sin caer en una enemistad partidista antidemocrática
debemos salvar a los partidos de sí mismos. Porque por sí mismos nunca lo
lograrán". El ex presidente alemán, el conservador Richard von Weizsäcker,
criticó ya en 1992 lo que él mismo tituló de partidocracia y no de
democracia: dijo: "los partidos disponen sobre sí mismos a través de los
organismos que otorgan las leyes. Nadie debe ser juez y legislador en
su propio interés. En consecuencia deben ser movilizadas otras fuerzas,
¿por qué no el propio pueblo?" Para democratizar los partidos políticos
y con ello la sociedad habría que comenzar con una medida a la cual nadie se
atreve porque serán siempre, los denominados representantes del pueblo los que
tratarán de tergiversar los avances, u oponerse a todo intento de renovación,
sencillamente.
Pero, por ejemplo, una primera medida debería propender a
limitar la burocracia: ningún político debería ejercer un mandato por más de
cuatro años. Tanto internamente en el partido como en los organismos de la
democracia. Es decir que la profesión de político pasaría a ser la de
servidor del pueblo. Como después de los cuatro años volvería a ejercer su
profesión resultaría un servicio a la comunidad que podría fijarse como meta
la defensa verdadera de los intereses populares. (Aquí voy a contar una pequeña
anécdota que viene de mi niñez: en el barrio de Belgrano, donde vivía, había
un comité radical a la vuelta de casa; poco antes de las elecciones pasaba un
camioncito con altoparlante que decía: "Conciudadano: vote a Tello Rosas
como diputado". Me fui del barrrio, me casé y treinta años después iba a
visitar a mis padres y los días preelectorales pasaba una limusina con
altoparlante que decía: "Conciudadano: vote a diputado a Tello
Rosas". No era el mismo, se trataba del hijo del primer Tello Rosas.
Treinta años después, yo ya de cabellos canos y con nietos, pasaba por el
viejo barrio poco antes de elecciones y vi una cuádruple con altoparlante que
decía: "Conciudadano: vote a diputado a Tello Rosas". Sí, era el
nieto del primero). Pero apartémonos del realismo mágico argentino y volvamos
a las proposiciones en Europa para democratizar lo que hoy se llama democracia:
En otro aspecto del debate se sostiene por parte de todos aquellos que no desean
subyugarse a los poderes que van avanzando como un carcinoma en los cuerpos
colegiados, que la mitad de esos
cuerpos colegiados tendrían que estar formados por lo menos, por menores de
cuarenta años y esas mitades, a su vez por un cincuenta por ciento de hombres y
un cincuenta por ciento de mujeres. Sería una un primer paso hacia una
verdadera representación de la sociedad. No como hoy que los cuerpos colegiados
van envejeciendo a raíz de la eternización en candidaturas y en mandatos.
Los otros pasos hacia una verdadera democratización tendrían que ser
las representaciones proporcionales a las entradas declaradas y propiedades de
los candidatos, y esto de acuerdo a los registros
impositivos. No como hoy que muchos cuerpos colegiados se componen de
empresarios, abogados de empresas y
sí de un obrero, para disimular. Este ejemplo ha invadido también hasta los
clubes de fútbol.
"Somos una sociedad de embusteros", es el título
de un ensayo sociólogico del Colegio Superior de Kassel, Alemania, sobre las
grandes mentiras de la sociedades del primer mundo. Es un estudio profundo sobre
el doble lenguaje que se usa en el sistema llamado democrático, o con
calificativo más ajustado, llamado
partidocracia. Se analiza el rol de la justicia como perdón al poderoso y
castigo el hombre común; se critica la llamada costumbre de las donaciones a
los partidos, que no es otra cosa que cohecho y soborno o por lo menos de
desigualdad ante la ley y las oportunidades. El autoritarismo y las mafias , el
amiguismo y el nepotismo, nada sobre lo cual se ha legislado, por cierto, porque
los verdaderos dueños del poder son los representantes de las partidocracias.
Estas críticas de diversos grupos de sociólogos y politólogos
se realizan para profundizar a la democracia y no, con estas críticas, para
despertar al apetito a dictadores o denominados gobiernos fuertes.
Ante la inmensa derrota moral de la invasión de la coima y el cohecho,
en las llamadas democracias occidentales hay un fuerte movimiento ahora
de dar más importancia constitucional al referéndum, al plesbicito y a
las iniciativas populares. Pero no caer, por ello, tampoco en la torpe e ingenua
alternativa, aquí la constitución representativa, allá la democracia
directa o plesbicitaria. Tal vez esta última solución podría darse luego de
una intensiva práctica de una unidad entre el parlamentarismo representativo y
la democracia directa contra el sobrepeso perverso
de los partidos. El pueblo electoral puede, de esa manera, superar el monopolio
de los partidos.
Claro, reflexiona Robert Leicht tampoco el pueblo es
infalible. Por cierto que no. El
pueblo y su veredicto no es tal vez lo más próximo a la verdad ni en lo
absoluto ni en lo relativo más aproximado a la verdad y a la constitución y a
la defensa de la declaración de los derechos humanos que los partidos. Además
sabemos que con la antropología optimista casi siempre se hace mala política.
Pero la carstificación, la falta de movilidad democrática es entretanto tan
notoria por la politica monocultural partidaria de manera que la partidocracia
no merece ni el monopolio del poder ni tampoco amparo como especie. Lo que sí
es necesario es más bien un riesgo mixto de todas las formas de participación
de la democracia. Mientras los mjedios sean privados y no de derecho público,
la democracia directa o plesbicitaria podría ser influída hasta con
perversidad. Con medidas de más participación por lo menos se aumentaría el
interés en la política. Y no
como ahora donde es desolador el panorama en el primer
mundo de la no asistencia a las votaciones, aún de las más importantes. ¿Es
comodidad el no concurrir a las elecciones, o es conciencia de que nada se logra
con el voto ya que todos los partidos son conservadores? Conservadores, por más
que canten La Internacional en los congresos de la Internacional Socialista. La
medida imperante en algunos países como el nuestro de obligación de voto es
ridícula y policial. Debe existir la voluntad y el honor del destino propio.
Pero sin duda, para intentar democratizar la partidocracia
es necesaria la educación del sentido comunitario, reemplazar la escala de
valores morales de aquello de que el que vale más es el que tiene más, por la
del que vale más es el que se empeña en la felicidad de la comunidad en su
conjunto. En un estudio titulado "Crece el sentido comunitario", los
sociólogos Uwe Heuser y Gero von Randow señalan que pese a la fiebre por el
dinero y las cuentas negras, en la sociedad no se desprecian los términos :
honradez y solidaridad. Son dos palabras que no pudieron ser borradas del
vocabulario de la sociedad. Política y economía dan oportunidad diariamente
sobre inmoralidad, pareciera que sentimientos como honestidad, insobornabilidad,
humildad, ayuda al prójimo, fueran desapareciendo cada vez más. Sobre eso hubo
quejas en toda la historia y siempre volvieron a renacer esas virtudes con más
fuerza que antes. La sustancia moral es una materia que no sólo es gastada sino
que siempre es creada nuevamente. Está en el notorio ejemplo donde ciudadanos,
por propia iniciativa, buscan nuevos métodos de una verdadera democracia
representativa o se hacen cargo de tareas que le corresponderían al Estado
social.
En Alemania han estado surgiendo en los últimos años
50.000 grupos de ayuda mutua y autoayuda. Y la misma tendencia muestra toda
Europa. Ciudadanos de barrios o distritos fundan asociaciones de atención de
enfermos, construyen redes de ayuda para ancianos, organizan la compañía de
enfermos terminales que no tienen familia, organizan mercados de intercambio o
cocinas para los pobres. Mientras la economía cada vez más brutal trata de
eliminar al estado societario, crece el sentido comunitario.Se observa con
beneplácito una nueva cultura de la ayuda mutua.
También entre los estudiantes se observa una tendencia: en
vez de engrosar las filas de la carrera de consejeros de empresas se dedican a
estudiar cómo ayudar y organizar empresas sociales cooperativas. Crece año
tras año, el número de ayudantes voluntarios, principalmente en pequeñas
iniciativas. Con toda la buena
voluntad de colaborar con iglesias y sociedades benéficas prefieren muchos de
esos nuevos voluntarios guardar distancias frente a esas grandes organizaciones.
Y en esos grupos comunitarios no se hacen diferenciaciones entre los que ayudan
y los que necesitan ayuda. Los activos remarcan que ellos no sólo quieren
ayudar a otros sino demostrarse a sí mismos que son capaces de servir a la
sociedad y el placer consiste en experimentar el sentido de pertenencia. Así se
origina del sentido de reciprocidad, un sentido de comunitarismo solidario, de
aprender socialmente uno del otro: una plusvalía moral, diría Marx si viviera
hoy. Esto no es nada despreciable ni aún para los revolucionarios con prisa.
Pero es claro, no es la solución integral, pero es una búsqueda. Y aquí está
lo importante. Esa búsqueda puede, por fin, atraverse a buscar, precisamente,
soluciones más integrales. Es avanzar en la sociedad del repliegue en sí
mismo.
En las nuevas comunidades societarias el individuo no nace,
él elige estar en ella. Si las iniciativas no demuestran ser capaces de
soportar críticas y reformas, comenzarán pronto a faltarles los miembros, y su
legitimación comienza a perder fuerza o que vale, lo positivo, es la vocación
de servicio y tolerancia, igualdad de chances, juego limpio. Nada más que
brotes apenas, por cierto. Pero en esta época de la fiebre del dinero parece
mentira pero estas pequeñas plantas crecen mismo en la economía privada. Hay
empresas que reconocen que sus empleados y trabajadores son más que una
mancomunidad. También a algún cliente no le gusta cuando el negocio de la
ganancia de las bolsas se confunde con la creación de valores.
Los balances ecológicos y sociales son impresos, otros no,
pero el empeño se pone con alguna razón. Otras empresas buscan el contacto
directo con la sociedad civil. Es la clásica cola de paja. El permitir algo
para no perder todo. El apoyo de la economía para proyectos como la fundación
para el joven y el niño va creciendo con donaciones, cursos para expertos y
motivaciones para colaboradores a fin de que se interesen por esas
organizaciones. Por supuesto que esto sucede en un interés propio bien
entendido.
La nueva tendencia del sentimiento humanitario por supuesto
no es ni por asomo una razón para festejar, pero si para actuar.
Positivo es, aunque de ninguna manera la solución, el llamado de Naciones
Unidas a constituir el año 2001 en "Año del voluntario". Los seres
humanos no van a quitar el cuerpo en esto. Las poblaciones están experimentando
tanto la degeneración como la regeneración de la moral. Corrupción y
mendacidad en los denominadas figuras públicas: en la política, en la vida de
los medios, en las religiones, en la vida diaria. Pero al mismo tiempo se
establece una cultura de la consideración mutua. Esto sucede en el tejido de mínimas
proporciones de lo social, de proyectos ciudadanos para los sin techo, o la
dedicación de jóvenes del primer mundo en territorios
plenos de miserias y violencias como en los Balcanes o en Africa. ¿Tienen
en cuenta estas realidades concretas todos aquellos que se quejan del olvido de
la moral? La injusticia genera reacciones, genera ansias de justicia. La
inmoralidad genera necesidad de moral. Esto es lo importante. Aunque a veces la
realidad de quienes poseen los nuevas
tecnologías de producción, de comunicación, los dueños de las armas y de la
economía y lo cada vez más anodino de la puesta en mira de las religiones en
nuestra realidad haga aparece todo como definitivamente estructurado: el
omnipotente poder económico mundial y nosotros, viviendo en el margen
definitivo.
Vayamos a otro aspecto de las sociedades civiles de hoy
donde se respira cierto aire de descentralización. Como las ONG, las
Organizaciones no gubernamentales. Hace una década, esa escena era posible
abarcarla, en la actualidad se nota una multiplicidad de variedades. Ligas
Tercermundistas que operan en todo el orbe intentan mejorar condiciones de
producción en Asia y América del Sur. Luchadores contra la corrupción se han
organizado en ligas globalizadas, grupos en defensa del medio ambiente llevan a
cabo más
iniciativas ecológicas que las mismas Naciones Unidas. Así
por ejemplo, se nota una orientación en beneficio de la comunidad en la
sociedad informativa, no dentro de una Nación o institución sino en forma
transnacional y en federaciones, en redes.
Red, es la metáfora tan utilizada que describe el
apartarse de la jerarquía clásica y de la imagen de que el Estado y la empresa
son los lugares donde sólo allí se desarrolla lo que realmente es importante.
Hoy se constituyen estructuras más flexibles, y menos compactas. en las cuales
muchos seres humanos van encontrando repetidamente sus nuevas normas. Por
ejemplo: un haz entero de virtudes, así fueron definidos los años ochenta por
los pioneros de Internet
porque su red en cadena al principio no estaba sometida a ninguna regla.
Su forma de actuar es aprendida hoy por millones de participantes de la red
aunque es hoy muchas veces entremezclado o desdeñado por avidez comercial,
pornografía o agitación anecdótica. Pero justo por eso ganan esas normas en
importancia: voluntad, reciprocidad, franqueza. Es libre la participación en
una virtual comunidad, en tanto se origine una utilidad recíproca. Ninguno debe
ejercer poder, salvo que los participantes acepten la autoridad de un moderador.
Está mal visto el enojo ante una crítica objetiva o de tratar de acallar las
expresiones de otro. Y vale como
indeseable aquel que sólo consume y no ofrece nada. Originado
como un comment subcultural este comprensión de una acción conjunta va
ganando adeptos. En un debate moderado por el Banco Mundial, apoyado en redes
sobre la construcción de confianza (social capital) se intercambian noticias de
experiencias de todo el mundo y de esa manera se ejercita una nueva virtud:
franqueza hacia lo extranjero.
¿Qué es lo que sostiene unida a la sociedad? Para quien
esta pregunta sea importante tiene que salir a buscar. El sentido comunitario
tiene en la sociedad industrial hasta ahora sus moldes fijos: partidos,
iglesias, sindicatos, organizaciones de beneficencia. Pero quien hoy no necesita
nuevas formas comienza a desesperar de la humanidad. En la sociedad del saber
repartido van llegando poco a poco otras formas de expresión del espíritu
solidario. En esas formas, los ciudadanos hacen nuevas experiencias. Esto no
puede quedar sin efecto en las instituciones clásicas.
Allí, donde los ciudadanos calculan de nuevo el espacio
social se van a preguntar en qué ayudan en ese sentido los actuales
representantes, por ejemplo, el diputado local. Y así puede ir formandose una
presión positiva.
Sí, hay que tener en cuenta todos esos pasos adelante,
esos pasos hacia más democracia, más justicia, menos interés egoísta, que no
es otra cosa que más libertad. Pero si las estadísticas justo del mencionado
Banco Mundial siguen con sus alertas cada vez más alertantes, tal vez, las
multitudes en las calles superen de una vez todos esos buenos deseos, positivos
deseos, de los que no se dan por vencidos y buscan nuevas formas de convivencia.
Pero va a ser siempre una base que va a facilitar la expresión de la
interminable ira de los pueblos ante el deshumanizado abuso que se hace no sólo
de la naturaleza humana sino también de toda la naturaleza en sí.
El filósofo Johannes Agnoli critica así a la izquierda
derrotada que insiste en no quedar fuera del escenario. Nos dice "la
antigua izquierda emancipatoria va perdiendo todas las experiencias al dejarse
llevar por el camino sin salida de la propia connivencia con
la cambiante realidad. No muestra ni resignación ni se retira a su
propio nicho privatizado. En cambio trata de seguir activa y para eso cambia de
posición, se despide de sus antiguos principios, trata de hacerse simpática al
poder institucional, se adapta al estado y termina socialdemócrata, es decir,
conservadora". Los ejemplos están en Italia, en Francia y en forma muy
particular en Alemania. Donde el partido Verde, hasta hace poco libertario,
enemigo del sistema, pura fuerza de movimientos en la calle, pasó a formar
parte del gobierno de Schroeder, socialdemócrata, y hoy -alejado de su base- es
el mejor consejero del "paso a paso" conservador, ya que el paso a
paso se hace en círculos concéntricos y nunca en una línea recta. Aquí el
filósofo llama la atención sobre el denominado "Tercer camino" como
denominó Mussolini al Fascismo y a los populismos en general que por distinta
senda llegan finalmente a ser defensores del sistema que rige el mundo. Y
entonces, en vez de resignar el filósofo escribe: "No, frente a la
realidad actual neoliberal puedo pensar sólo en una teoría utópica pero real
y verdadera, en una teoría al parecer imposible de la Emancipación: la
asociación de los libres y los iguales".
Los libres y los iguales. Todo un programa. Acordemonos de
aquel: oíd mortales el grito sagrado, Libertad, Libertad, Libertad. Oid el
ruido de rotas cadenas. Ved en trono a la noble igualdad. LA NOBLE IGUALDAD.
Dicho hace casi dos siglos. Aquí, en este Buenos Aires, hoy, pleno de
desigualdades y donde algunos, la única libertad, como decíamos, que tienen es
morirse de hambre. Es cierto que nuestro himno fue cantado también por los
capataces del sistema, por los mentirosos demagogos de púlpitos prometedores,
por sayones campeones de toda sevicia. Pero quienes lo cantaron por primera vez
opinaron eso, lo que en realidad significan esas palabras. Es admirable que esas
palabras hayan representado el pensamiento de los revolucionarios de hace casi
dos siglos. Y mirémonos hoy nosotros mismos, en la vergüenza de la violencia
que nuestra sociedad aplica con los que no se pueden defender.
"La actual izquierda organizada en partidos-agrega
Johannes Agnoli- no acepta completamente la realidad y niega al mismo tiempo la
verdad real del sueño. Se alinea en lo existente, en lo exitoso, en lo
eficiente, precisamente en el orden previsto por la constitución. En ese orden
busca, hombro con hombro con los responsables, una solución. Y en qué debe
basarse esa solución: ¿en domar al capitalismo salvaje, quitarle la
agresividad, en una atenuación, mediante leyes, del mercado desbocado que todo
lo domina? Hasta se oye hablar de una humanización del capitalismo, de manera,
que involuntariamente se está comprobando su barbarie. Es decir, que el tercer
camino, o la tercera posición es nada más que una política liberaldemocrática
no tan despiadada, regulada por ley y en una limitación del regreso al
capitalismo manchesteriano. Una política de lo posible y un capitalismo con
rostro socialdemócrata. En ese sentido, la antigua izquierda emancipatoria se
orienta en una forma llamada
Estado, más exactamente, en la forma especial del estado burgués
constitucional y de las estructuras de poder. Es decir todo queda en el Estado
actual, una oligarquía constitucional a la cual nos hemos acostumbrado en
llamar democracia. La realidad es que tenemos un mercado global pero no una
sociedad global. Pero vayamos a los clásicos.
Según Adam Schmidt, el capitalismo creaba la riqueza de
los pueblos, y esto no se discutía. Hegel aceptaba cabalmente eso, pero en la
filosofía del Derecho agregaba algo que ni Adam Smith ni Ricardo habían
notado: que la acumulación de riqueza se multiplica pero al mismo tiempo lleva
a la dependencia y carencia de la clase unida a ese trabajo".
Hegel desarrolló más aún el problema y llegaba a la
conclusión que la sociedad burguesa, a pesar de la desmedida riqueza no era
capaz de modular la exhorbitancia de la pobreza e impedir el origen de la
plebe". Lo que Hegel llamaba plebe eran las ya en ese entonces masas
marginalizadas. Aquí fue Ricardo el que llegó a la constatación legítima:
"el capitalismo -decía- si bien crea riqueza, pero también, al mismo
tiempo, población redundante. En el primer tomo de "El Capital", Marx se refirió al tema y alabó a
Ricardo pero al mismo tiempo señaló que se trataba de una aparición cíclica.
Ante un nuevo auge de la acumulación de capital, decía Marx, sería absorbida
nuevamente la población "superflua". En este aspecto, los cuatro clásicos:
Smith, Ricardo, Hegel y Marx pensaban sólo en Europa.
Hoy podemos comprobar que sólo Ricardo tuvo razón.
Población sobrante hay en el resto del mundo en miles de millones. Esos
millones quedan afuera de los encantos del mercado mundial y se precipitan al
mismo tiempo en las consecuencias de la total subordinación de procesos económicos-sociales
bajo las llamadas "leyes" de mercado y las exigencias de la acumulación.
El resto del mundo representa un problema imposible de
superar por más campañas mundiales que hagan Caritas, Pan para el Mundo o
posibles Madres de Calcuta.
La población "superflua" se ha convertido en un
problema permanente. Se han convertido -sea que hayan caído en estado de
resignación permanente, de pasividad o de impotencia- en masas ni integrables
ni posibles de integrar.
Se quedaron del lado de afuera de la puerta de la sociedad
de prosperidad.
El mercado mundial los necesita en el mejor de los casos
como abastecedores de recursos pero no como sujetos de realizaciones sociales y
económicas. Si la llamada población "redundante" o
"superflua" sólo se encontraría en el resto del mundo, y no también
en el Primer Mundo, los medios del
poder del Norte podrían solucionar las dificultades. Pero entretanto, el resto
del mundo, el llamado Sur, ha llegado al Norte. Los desocupados inmigrantes. Se
dice aquí y allá que la desocupación está condicionada estructuralmente por
muchos procesos técnicos y cambios en la producción industrial y en el
sector de servicios y esto no significa otra cosa que: no se trata de una
aparición cíclica sino de un estado permanente. Es decir, aquí la historia le
dio la razón a Ricardo y no a Marx. Se ha formado como una especie de cochambre
permanente que desnuda como ninguna otra prueba la verdad del sistema imperante,
a pesar de las hermosas declaraciones sobre derechos humanos.
La forma política del Estado burgués se fundó -con una
simbiosis de grupos dirigentes sociales, económicos y políticos profesionales-
sobre el estable acoplamiento del mercado nacional y el Estado Nacional. Si ese
acoplamiento se desliga, la realidad del mercado global enfrenta nuevas formas
de organización. Se establece así -otra vez de nuevo- un "nuevo
orden", equipado con las estructuras de poder consiguientes. Así está en
perspectiva un endurecimiento del objetivo carácter obligatorio de la sociedad.
Esto no impide que el régimen despótico sea reemplazado por una constitución
regulada, otra vez con el aspecto devoto y divino de las declaraciones y el
terrenal de las reglas de juego. En ese sentido no es necesario que se pierdan
los adelantos obtenidos en las revoluciones burguesas. En esa posible nueva
constitución van a tener su lugar asegurado, como una flor azul en el ojal del
chaleco de fuerza.
Sí, esta amarga ironía cobra toda su realidad cuando
escuchamos en tanto político la palabra democracia, dignidad y derechos
humanos, mientras una tercera parte de nuestra población vive en la pobreza.
Una violencia insoportable. Salvo que uno se convierta a la religión del
cinismo. No sólo se amplía el mercado sino también la aporía: en el
pensamiento, en el obrar, en la vida social. A la emancipación le esperan
condiciones durísimas y épocas difíciles. Y el fatigoso trabajo del topo.
(Ojalá que todos nosotros resultemos los topos). En la aporía, los topos deben
tener un contrapuesto punto de orientación. Y es aquí donde comienza a valer
la utopía, la que tanto oprobio y burla ha sufrido para que quede libre de las
zonas prohibidas por obra y gracia de las asociaciones
de los libres y los iguales;
liberarlas del lugar donde fueron constreñidas por los ideólogos interesados
carentes de ideología, por los representantes del tendencioso
racionalismo de la carencia de razón. El trabajo del topo
seguirá siendo clandestino e ímprobo. Puede tener esperanza en los pobladores
"superfluos", esos que le sobran a la sociedad "organizada",
dado que las palabras Libertad e Igualdad están en sus intereses inmediatos.
Para las poblaciones "superfluas" del mundo,
Libertad e Igualdad son una meta natural: Libertad como emancipación de hambre
y miseria; Igualdad, el derecho de tener acceso a las ofertas del mercado
mundial. En ese sentido vale para ellos la meta de la emancipación. Tal cual lo
dijo Hegel en forma criptomaterialista: "si la gente tiene suficiente
alimento y vestido, el reino de Dios le llega de por sí".
La orientación hacia la utopía y el principio Esperanza
se completan por medio de otro principio, que caracteriza a todo nuevo indicio y que se origina en la
vida: el principio negación sería grave de entender en la forma radical de la
negación sin un trasfondo utópico como el alejarse de la sociedad, como un
refugiarse en el recogimiento de la conciencia individual, que se tranquiliza
con el lamento. Al contrario, el gesto de negación debe entrar en la realidad
social, como un No claro, consciente, pero por siempre efectivo contra el falso
desarrollo de la sociedad.
El trabajo del topo es justo lo contrario de la privatización
de la protesta. ¿Qué lugar debe ocupar la utopía en la aporía? "La
orientación en la utopía es la única salida real de la deshumanización en la
que se encuentra actualmente la humanidad", nos enseña Johannes Agnoli. A
pesar de los adelantos científicos increíbles: en el espacio, en la genética,
en la robótica, en las comunicaciones y en cientos de aspectos más de las
ciencias, el ser humano no ha encontrado su verdadera emancipación, que es
vivir en dignidad, en medio de la dignidad de todos. La larga marcha no se ha
detenido pero deberá volver a recomenzar ahí donde la experiencia y las enseñanzas
indiquen nuevos intentos, siempre más sabios, siempre más amplios, siempre
ensanchando su sabiduría.
(Ahora, un pequeño atajo en este encuentro: me detengo y miro hacia atrás, el día en que en este mismo lugar, el decano de ese entonces, Luis Yanes me entregó la titularidad de esta cátedra recién nacida. Enseguida iniciamos la marcha llena de esperanzas y ganas de hacer con un grupo de docentes con el cual formamos un equipo pleno de proyectos y creaciones. Jamás nos quejamos por falencias ni por carencias. La casi totalidad de los docentes que nos acompañaron no recibieron ningún pago por su dedicación a través de todos los años. En mi abrazo a esos queridos compañeros va todo mi reconocimiento, mi admiración y mi cariño. De los decanos Yanes y Carnese jamás recibí alguna seña o insinuación de censura. Siempre estuvo la simpatía y el apoyo. Esto fue territorio libre de ideas y pudieron estar todas las ideas para mostrarlas y debatirlas. De nuestros estudiantes, muchos de los cuales estuvieron desde la primera clase y asistieron siempre, llevaré el recuerdo de sus atentos rostros, listos para no dejarse sorprender o para apoyar. Muchas gracias queridísimos amigos que ocuparon decenas de veces esta aula y llenaron así las columnas de la larga marcha.
Hablé de rostros y eso es lo que llevaré en la memoria.
Los viernes seguiré estando aquí desde la distancia, desde muy lejos volará
hasta aquí mi pensamiento con el sentimiento tierno de la nostalgia y la
gratitud. Valió la pena. Me llevo hoy la sangre de todos, la mirada de todos.
ELOGIO DE LA LIBERTAD. Así termino. Tratando de imitar a
los libertadores de Mayo: con el grito sagrado de Libertad. Libertad, Libertad,
Y con la consigna: ved en trono a la noble igualdad. La Libertad y la noble
Igualdad. Esas fueron y seguirán siendo nuestros símbolos, nuestras metas. Adiós
queridos amigos. Muchas gracias. Recosur celestes@onenet.com.ar
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