Encuentro
Internacional de ATTAC
Francia
24 al 26 de junio de 1999
DEUDA EXTERNA Y VULNERABILIDAD DE
LA ECONOMÍA ARGENTINA
Hace
diez años, el gobierno argentino inició una política económica que sigue
puntualmente las recomendaciones del Consenso de Washington. Uno de los
justificativos esgrimidos por los defensores de esa orientación era que
contribuiría a reducir el endeudamiento externo.
Sin
embargo, en la actualidad, la economía argentina sigue estando fuertemente
endeudada y vulnerable a los cambios financieros y reales de la economía
internacional.
El
endeudamiento y la vulnerabilidad se deben a la confluencia de los cambios
registrados en el sistema internacional, en particular a la globalización
financiera, y a las políticas locales de apertura y desregulación.
La
expansión de la liquidez internacional y el crecimiento de las operaciones de
carácter especulativo que involucran grandes masas de dinero, se realizan a
escala planetaria y en tiempo real. La configuración de éste escenario ha sido
posible por la progresiva apertura financiera de las grandes economías, la
desregulación de los mercados financieros internos y la elevada rentabilidad
que ofrecen las operaciones especulativas ante las inversiones productivas.
El
volumen alcanzado por las corrientes de dinero de corto plazo tiene la capacidad
de desestabilizar economías no sólo chicas, sino medianas, y hasta en
crecimiento. Paralelamente, los grandes operadores financieros, generalmente
apoyados por los organismos multilaterales internacionales y los gobiernos de
los países industriales, han adquirido una enorme capacidad de presión sobre
las economías menores.
Por
otra parte, el impacto de la globalización en las economías menores se debe
también a las políticas de apertura y desregulación llevadas a cabo en los países
de la periferia, y al interés de las elites de esos países en beneficiarse de
las oportunidades especulativas.
Es
decir, que la vulnerabilidad económica y social de las economías menores y el
endeudamiento externo, se origina en la confluencia de las transformaciones
internacionales y la lógica de los intereses domésticos.
La
historia argentina es, precisamente, ilustrativa de éste fenómeno.
En
1977 la dictadura militar liberalizó el sistema financiero dando lugar a un
fuerte aumento de la tasa de interés y a un auge especulativo. En 1978
estableció un sistema de tipo de cambio pautado que, al asegurar el tipo de
cambio futuro, estimuló el ingreso masivo de capitales de corto plazo. El
Estado y los grupos económicos locales se endeudaban en el exterior. En este
contexto, se produjo el aumento de las tasas de interés internacionales y el
brusco descenso de la disponibilidad de financiamiento.
En
el esquema de tipo de cambio pautado, el fracaso de la política oficial en
contener la inflación provocó un fuerte atraso cambiario e incertidumbre sobre
el mantenimiento del esquema elegido. Cuando el sistema dio señales
de crisis, los grupos privados fugaron capitales masivamente. Finalmente
en 1982, el Estado se hizo cargo de la totalidad de la deuda externa privada.
De
este modo se generó una deuda pública externa que todavía pesa gravemente
sobre las finanzas públicas.
Además
de sus efectos financieros y fiscales, el endeudamiento externo se convirtió en
un instrumento de presión de los acreedores y los gobiernos extranjeros, con el
acompañamiento de grupos de interés locales, a favor de cambios estructurales
como la privatización, apertura, desregulación y flexibilización del mercado
laboral.
Durante
los años ochenta, la inestabilidad económica desalentó el retorno de los
capitales mientras el Estado no tenía capacidad de pagar siquiera los servicios
de la deuda, por lo cual ésta siguió creciendo.
En
los años noventa, durante el primer período presidencial de Carlos Menem,
comenzó un rápido proceso de privatización de empresas públicas, que incluyó
la posibilidad de canjear activos por papeles de la deuda en condiciones
sumamente favorables para los acreedores que, en muchos casos, eran grupos económicos
locales. También se practicó la conversión y reducción de deuda según el
esquema propuesto por el Secretario del Tesoro de los EE.UU., Nicholas Brady.
A
pesar de la refinanciación, las privatizaciones y los cambios estructurales de
la economía, la deuda externa sigue siendo elevada.
Entre
1991 y 1998 la deuda aumentó 160% llegando a los 101.500 millones de dólares.
Pasó
de ser el 35% del PBI al inicio del actual gobierno al 49% en 1998, un
porcentaje cercano al de 1982, el año en que estalló el problema de la deuda.
Desde
1991 los intereses pagados aumentaron un 230%, mientras el PBI creció un 58% y
las exportaciones se duplicaron.
El
endeudamiento se mantuvo por el financiamiento del déficit fiscal y el fuerte
endeudamiento de los grupos privados, algunos de los cuales ya experimentan
dificultades para refinanciar sus compromisos.
Por
otra parte, a pesar del aumento de la actividad económica y de la inversión
durante la mayor parte de la última década, los grupos locales mantienen en el
exterior, sin reingresar al país, una importante masa de capitales estimada en
90.000 millones de dólares.
El
endeudamiento externo sigue siendo una restricción para las finanzas públicas
y obliga a continuas renegociaciones con el Fondo Monetario Internacional, lo
que condiciona la política económica en general.
También
contribuye a mantener una fuerte incertidumbre sobre la capacidad de
financiamiento de la economía, lo que la mantiene sumamente vulnerable a los
movimientos de capitales externos.
Esta
vulnerabilidad está fomentada, además, por la política oficial de apertura
irrestricta a los flujos financieros.
La
vulnerabilidad externa tiene una fuerte incidencia en la economía local.
Un
efecto es el mantenimiento de un nivel de riesgo país que grava el
financiamiento de déficit público, la inversión y el consumo privados.
Otro
efecto es que la vulnerabilidad financiera redujo la confianza en la solidez del
sistema financiero local, lo que estimuló una fuerte concentración del sistema
con un igualmente fuerte avance de grupos bancarios del exterior. La concentración
y extranjerización del sistema no fue sólo una consecuencia de las condiciones
del mercado, sino que, además, contó con el firme apoyo del gobierno.
En
definitiva, las condiciones creadas provocadas por la globalización financiera,
potenciadas por la política económica oficial de apertura y desregulación, se
han convertido en causas fundamentales del deterioro de las condiciones de vida
de amplias capas de la población, de la creciente fragmentación económica y
social de la Argentina y de la erosión de la soberanía económica y política.
Medidas
como las que sugiere ATTAC pueden contribuir a disminuir el impacto regresivo
que genera el movimiento irrestricto de capitales internacionales y que, en países
como la Argentina representan el flagelo del endeudamiento externo y sus
negativas consecuencias sociales en materia de desempleo y marginación social.
Además,
debe registrarse la creciente toma de conciencia en el nivel internacional sobre
estos problemas y que ha llevado a que diferentes voces e instituciones estén
promoviendo una coincidencia ecuménica y acciones diversas, tales como el
jubileo de la deuda externa, para evitar la continuidad del regresivo impacto
del endeudamiento sobre los países y comunidades empobrecidas.
Buenos
Aires, 15 de junio de 1999.