MOVILIZACION
CONTRA EL PAGO DE LA DEUDA
La deuda
La deuda externa de los países es uno de los
mecanismos fundamentales de la globalización; de la imposición del mercado
mundial como única instancia económica; del sometimiento de toda la vida de la
humanidad al capital financiero transnacional; de la liquidación de la soberanía
económica y de la soberanía cultural y la soberanía política de las
naciones. Hace que todo esfuerzo humano, desde el individual de sobrevivencia de
las grandes mayorías hasta el comunitario nacional e internacional por
desarrollarse, sea capitalizado por una minoría de países y dentro de éstos
por sus minorías empresariales, básicamente financieras. Hoy es una causa
inmediata del deterioro creciente de las condiciones de vida y de la miseria de
dos tercios de la población mundial, fundamentalmente de los pueblos de América
Latina, Asia y Africa; y concretamente
de la mayoría de los venezolanos. Sus instrumentos son, primariamente, los
gobiernos del “Grupo de los Siete”,
( G7 ), con los EEUU y la OTAN como soporte mundial activo de poder, la
banca transnacional y los organismos multilaterales; supeditadamente los
gobiernos y grupos empresariales de los países deudores, de hecho
agentes activos de su manipulación.
El capitalismo es el gran
deudor de la Humanidad, de todos
los pueblos; por los costos sociales, ambientales, culturales, económicos, que
históricamente significaron y
significan su imposición y hegemonía.
La deuda internacional es falsa ilegítima e injusta; en todo es inmoral y anti-ética;
es ilegal, siempre asociada a la corrupción y en nuestro caso, de Venezuela,
sin ninguna justificación; inmanejable para la inmensa mayoría de países; y
es impagable: genera el círculo vicioso del endeudamiento incontrolablemente
creciente que induce la incapacidad creciente de los países y pueblos para
desarrollarse y pagarla, que a su vez los induce a coninuar endeudándose
interminablemente. Es el instrumento del capital transnacional para impedir toda
posibilidad de desarrollo socio-económico integral y soberano de los pueblos.
Tres momentos de la deuda venezolana.
La
historia de la deuda venezolana presenta tres momentos determinantes.Primero,
el de la adquisición de la deuda básica, primaria, por los gobiernos de Carlos
Andrés Pérez y de Luís Herrera Cámpins; y del inicio de nuestro
endeudamiento constante y creciente del país. En las dos etapas, hasta
entonces, de mayores ingresos nacionales de nuestra história, sin justificación,
Venezuela fue convertida en país deudor, en uno de los países mas endeudados
del Mundo y de América Latina. Segundo, el de la legalización de la
deuda y de otorgamiento de garantías y ventajas jurídicas y financieras
unilaterales a los acreedores asumiendo el Estado la deuda privada, cuando los
gobiernos de Jaime Lusinchi y los segundos de Pérez y de Rafael Caldera
renegociaron la deuda en las condiciones impuestas por la banca y los
multilaterales. Tercero el del actual gobierno de Hugo Chávez, que en
contra de lo que se esperaba de que revisara la política puntofijista ante la
deuda, por el contrario, asumiéndola, continúa pagandola igual, nos ha
convertido en uno de los mejores
pagadores del continente, declara
que su pago es sagrado; y que a pesar de vivir otro momento de grandes ingresos
petroleros extraordinarios continúa endeudando al país .
Sacralizar el pago de la deuda es parte de una
estrategia impuesta y aceptada.
Forzar
a que los países adquirieran la deuda y que tuvieran sin opción que endeudarse
constante y crecientemente; imponer luego su renegociación en condiciones
leoninas; fue y es parte de la estrategia coherente del capital financiero
transnacional para imponerle incondicionalmente la globalización, a los paises
de la periferia del capitalismo mundial. Pero como contrapartida, sacralizar su
pago disponiéndose
incondicionalmente a seguir pagando y endeudándonos, sin la menor iniciativa ni
mención de revisión, ni siquiera
de sus aspectos mas perversos, comprobados, de su ilegalidad entre otros, no
puede ser visto sino como un componente clave en la estrategia del gobierno de
Chávez de aceptar insertanos pasivamente en la globalización en las
condiciones y de acuerdo a las pautas establecidas por los centros
transnacionales de poder.
Porque
no se trata ya de una respuesta bajo presión del gobierno venezolano que se
encontraría colocado en una situación sin salida. Se trata de una estrategia
coherente, evidentemente consciente y voluntariamente asumida, soportada en la
idea de que supuestamente no tenemos otra opción que insertarnos en la
globalidad en las condiciones que nos impone el capital financiero mundial, sin
cuya aceptación, supuestamente no tenemos futuro. Pues tal posición de pagar
incondicionalmente y de continuar endeudándonos no se entiende sino como un
componente coherente de una estrategia dirigida a convertir a Venezuela en un
paraiso sin límites para la inversión transnacional. Dentro de dicha
estrategia, junto a la sacralización del pago de la deuda, está el “Tratado
de Doble Tributación” firmado por el gobierno actual, con los EEUU, la ‘Ley
de Promoción y Protección de Inversiones”, pendiente de ser sustituida por
un tratado y aprobada por éste en el marco de la Ley Habilitante; respondiendo
igualmente a ella la continuación y profundización de la política
puntofijista de privatización de activos nacionales estratégicos que hoy como
nunca antes se convierte en un simple programa de desnacionalización, habida
cuenta de la inexistencia real e incapacidad absoluta del
llamado empresariado nacional. Y corresponde a dicha estrategia la
aprobación contra reloj de lo que
se considera el “marco jurídico” para la confianza plena, absoluta, del
capital financiero transnacional de invertir en Venezuela. La aprobación de la
“Ley de Telecomunicaciones” y en vías de aprobación progresiva de su
normativa, de la “Ley del Sector Eléctrico” y de la “Ley de Gas” y de sus respectivos reglamentos; y aunque menos
directamente, de la “Ley de Política Habitacional” modificada y sus
“Normas Operativas”; atienden a dicha estrategia de convertirnos en un
paraiso para la inversión transnacional; constituyen componentes de la
normativa jurídica largamente presionada por el capital transnacional, mediante
el chantaje del “riesgo-país” y de la supuesta inexistencia de “seguridad
jurídica”; y aprobada a partir de la premisa implícita de la incapacidad
nacional para desarrollarnos soberanamente; y de la explícita, falsa por lo demás,
de que sin la inversión extranjera incondicionada estamos condenados a quedar
sin futuro.
Componentes
igual de la estrategia de garantizarle al capital transnacional sobradamente
todas las condiciones que exige, son políticas seguidas por el gobierno,
continuando las de los anteriores, la de ante cualquier requerimiento aceptar o
acudir al financiamiento multilateral siguiéndo endeundádonos permanentemente
y a granel; y la de continuar o acometer obras no prioritarias en relación al
deterioro de las condiciones de salario y vida de
los trabajadores y del Pueblo; obras promovidas y financiadas por los
multilaterales, especialmente de infraestructura, como y
destacadamente, la “Línea 4”, del Metro, el Ferrocarril al Tuy, la
Represa de Caruachi en el Caroní, el segundo Puente sobre el Orinoco., la
continuación del Sistema Hidroeléctrico de Uribante Caparo; obras no
prioritarias, repetimos, promovidas fundamentalmente por el BM, el BID y la CAF
y que significan largos y abultados endeudamientos.
Sacralizar
su pago, ni discutirla ni revisarla en forma ni grado algunos; pagarla
ejemplarmente y continuar endeudando al País, es la política de este gobierno
ante la deuda. Pagar, seguir endeudándonos y seguir pagando, es ya asumido
nuevamente como una política de estado; para como prioridad, darle confianza, y
“seguridad juríiica” y ganar el reconocimientro del capital
transnacional, como el País mejor pagador del Continente o del Mundo.
El discurso y los hechos del gobierno legitiman
la deuda.
En
la reunión andina de Lima el presidente Chávez, reclamó intensamente un trato
considerado y de condonación de su deuda al Ecuador; a la vez que pidió solo
que los acreedores no nos cobraran “salvajemente” las nuestras a los demás
países. Nada dijo sobre su ilegalidad ni sobre su impagabilidad. En otro
encuentro continental, hizo referencia no formal ni oficial a la idea de que los
países deudores se acordaran para actuar ante los acreedores. Alguna prensa
recogió alguna de sus expresiones sobre la deuda; que era “insoportable”.
Pero ninguna propuesta ni iniciativa formal en el evento, ninguna iniciativa
concreta posterior se formuló; ni hubo tampoco referencia alguna a su
ilegitimidad, a la necesidad de no continuar pagándola, como se continúa
haciendo; ni, mucho menos, sobre la posibilidad de alguna forma de un “club de
deudores”. Al contrario, simultáneo a las declaraciones presidenciales en
eventos internacionales, su ministro de planificación Giordani, declaró que
Venezuela continuará pagando puntual y formalmente su deuda. Y su ministro de
finanzas, Rojas, ha abundado en declaraciones sobre la utilización de los
excedentes petroleros para pagarla y seguirla pagando el pasado año y
el actual.
Solo
un cierto tono de queja en el discurso, específicamente en el presidencial,
compensado sobradamente por los de
sus ministros; un tono que ni quita ni pone al hecho de que en sí, el discurso
presidencial mismo, legitima la deuda, la relegitima mas bién, siendo coherente
con su política de pagarla sin relatividad alguna. Relegitimación y pago,
formal, diciplinado, por parte de un gobierno que lo es, en mucho,
porque electoralmente cuestionó la deuda y el endeudamiento en que
incurrieron los anteriores gobiernos puntofijistas; en mucho, porque anunció o
permitió que se creyera que anunciaba la
revisión de los términos de su adquisición y pago, para
re-destinar el uso de los recursos usados hasta entonces para dicho pago.
Relegitimación y pago, por parte de un gobierno que dispone de una relativa
pero importante capacidad de autofinancierse, del poder geo-político
excepcional de contar con el primer potencial energético del Hemisferio, de ser
el único miembro occidental de la OPEP; que cuenta con poder, solo comparable
en el continente con el del Brasil, de, como éste hizo, imponer condiciones,
para el pago de su deuda; de imponerlas individualmente o en asociación con
otros países deudores, al menos para
su revisión.
La política
ante la deuda responde al paradigma del desarrollismo neoliberal.
Relegitimar
la deuda, sacralizar y priorizar su pago, manteniendo una política no
controlada ni selectiva de endeudamiento constante, corresponde al modelo de
desarrollismo neoliberal, negador de toda posibilidad de verdadero desarrollo
socio-económico integral, humano; corresponde al modelo de transnacionalización
absoluta de las economías de los países, fracasado en todas partes del Mundo;
y que no ha producido mas que mayor
concentración de la riqueza y las posibilidades en el centro del sistema
capitalista mundial; frente a la elevación incontenible del desempleo
estructural, y el aumento de la miseria y la ruina integral, a la exclusión
integral de las grandes mayorías de los paises de la periferia de dicho
sistema. Corresponde al paradigma fondomonetarista de la sobre-prevalecencia de
lo macroeconómico; de la competitividad y la productividad asociadas a las
altas tecnologías, como metas absolutas y universales; de la prioridad de la
exportación y de la apertura económica sin límites con la eliminación de
toda protección; a la prioridad absoluta de lo financiero sobre la capacidad
concreta de producción y sobre el trabajo; a la homogeneización y unificación
del mercado nacional integrándolo
sin ímitaciones ni instancia alguna, abierta y directamente al mercado mundial.
Corresponde al paradigma de que es la inversión, el capital financiero, solo y
determinantemente, no el trabajo ni la creatividad ni la capacidad de producción
de la sociedad, lo que desarrolla una nación; y concretamente a que sin inversión
extranjera sin limitaciones ni controles, no hay posibilidades de desarrollo;
considerando tal reconocimiento y pago de la deuda, incondicional y sin
relativismos, exigido por los multilaterales como aval de confianza y de
seguridad jurídica, lo determinante para que venga al País.
El gobierno de Chávez, una experiencia
particularmente esclarecedora.
Relativa
y comprobadamente Venezuela no es un país con limitaciones en cuanto a
capacidad de generación de divisas; ni carente de capacidad de negociación ni
de imponer condiciones en la toma
de decisiones internacionales. Si el gobierno se dispusiera impondría la revisión
de la deuda, sobre todo estando demostrada la ilegalidad de parte de ella
y que buena parte ya fue cancelada; y estando demostrada mismo en nuestro
propio continente, en las crisis de la deuda de Brasil y de Ecuador, la
vulnerabilidad del sistema financiero mundial que sí puede ser llevado a tener
que aceptar obligadamente condiciones que los mismos paises deudores les se
impongan. Si continuamos pagandola igual y mas formal y diciplinadamente que los
gobiernos puntofijistas anteriores y a pesar del compromiso político de Chávez
de revisarla, es porque ello se ha asumido como la política oficial. Lo cual
establece referencias teórico-políticas en función a la verdadera comprensión
del problema de la deuda y de la orientación acertada de la posición de los
pueblos ante ella.
1.-
El problema de la deuda externa, su solución real, es un problema de los
pueblos y de los trabajadores, no de los gobiernos ni de las élites partidistas
ni de los empresarios. Los gobiernos la adquieren o aceptan, en función
concreta de los intereses de los factores de poder a los que determinantemente
responden sus políticas concretas, fundamentalmente de los centros de acumulación
de capital internos y externos asociados o atenidos a los organismos
multilaterales. Pero son los pueblos ylos trabajadores los que se endeudan, los
que la pagan o tienen que pagar. La responsabilidad del endeudamiento de los
pueblos y del deterioro que él conlleva de sus condiciones de vida,
objetivamente no es sino secundariamente de las transnacionales y de los
multilaterales que presionan para imponerla; es primariamente de los gobiernos y
factores internos de poder, que aceptan su imposición, beneficiándose
corruptamente de ella, convirtiéndose en sus agentes, en instrumentos de dicha
imposición, que es tranferida a los pueblos. Por ello, y
en primera instancia luchar contra la deuda es luchar contra las políticas
de los gobiernos que endeudan a los pueblos o que no la cuestionan activamente;
sobre todo si tienen poder para hacerlo. Realmente los pueblos, los
trabajadores, no tienen verdaderos aliados institucionales internos ni externos
en su lucha contra la deuda, el endeudamiento y la globalización. Mas allá de
los discursos todo el que directa o indirectamente se beneficia de la deuda o la
reconoce pasivamente, actúa como su agente interno.
2.- La lucha de los pueblos contra la deuda es una lucha mundial,
pero con contenido y forma diferentes según se trate de países del centro o de
la periferia del capitalismo mundial.
Los países del centro del capitalismo, G7, OCDE, también tienen
deuda externa, los EEUU son el primer deudor mundial; pero también y
principalmente son acreedores; y se benefician de múltiples formas de la dinámica
mundial de endeudamiento de los países de la periferia; particularmente del
efecto estabilizador que en las relaciones mundiales de dominación económica,
monetarias, financieras, comerciales, tiene
dicha dinámica de endeudamiento, de constante tranferencia de divisas
hacia sus economías. Los pueblos de esos países no se enfrentan a su propio
endeudamiento. Sus luchas, importantes, sin embargo son luchas mediáticas, de
opinión y de solidaridad con los pueblos endeudados de los países de la
periferia. Mientras que la lucha de éstos, contra la deuda, realmente es de
sobrevivencia y de poder; es una lucha popular, de clase, de masas, en la calle.
Y sobre todo y en primera instancia, interna, interna-transnacional-popular; es
de los pueblos y las clases populares, obrera, campesina, profesional, de los
diferentes países contra las políticas de sus propios gobiernos y estructuras
internas de poder; y solo derivadamente y en segunda instancia, es una lucha
internacional, contra la banca mundial, los organismos multilaterales y las
transnacionales. Las huelgas de los trabajadores contra las privatizaciones en
el Paraguay, de los indígenas contra la dolarización de la economía y
por la declaración de una moratoria en el pago de la
deuda en Ecuador y las declaraciones y las movilizaciones de los sin
tierra del Brasil contra el pago de la deuda; todas de enfrentamiento a sus
gobiernos, al poder interno, son indicativas del verdadero carácter
eminentemente popular de las luchas contra la deuda en los países de la
periferia del capitalismo.
3.-
Se trata de una lucha larga, mundial, cierto, pero primariamente y en
primera instancia dentro de los países y el continente. Es primero nacional
en cuanto que se trata de la movilización de los sectores populares de los
diferentes países y de su enfrentamiento con las estructuras internas de poder.
Luego y en segunda instancia
es continental; en cuanto que está contextualizada igual, es igual en
contenido y en forma, y puede y tiene que llegar a ser integrada en una misma y
única dinámica de poder popular continental. Para
finalmente convertirse en mundial.
Realmente
no tiene fases ni alcances intermedios visualizables. De una parte la deuda no
puede ser pagada por los pueblos; ni debería serlo en el caso supuesto o
excepcional de que se pudiera. De
otra los acreedores, sea cual sea la situación, reclaman sin ceder en nada
hasta el último dólar que deciden que se les debe; para ellos, se paga o se
paga; no hay opción; en cualquiera de los escenarios convencionalmente
planteables, cualquier renegociación o moratoria convenida termina en un mayor
endeudamiento y en una mayor entrega de soberanía. En la lucha contra la deuda
hoy no hay cortos plazos ni soluciones ni posiciones intermedias; siempre se
debe mas; aunque puedan establecerse metas parciales o
concretas a alcanzar, no es posible que ella se desarrolle gradualmente o
por etapas en el marco de la institucionalidad y las estructuras existentes de
poder, de clase. Hoy, inicialmente, se trata de la movilización y acumulación
de fuerzas en las bases populares, sin que ninguna ilusoria gradualidad permita
ofrecer logros ni siquiera parciales importantes en relación a los problemas
que la deuda genera. La ilusión de gradualidad, de supuestas alianzas amplias
por etapas, mediatiza y distorsiona la lucha. Las experienias que ya tenemos con
los gobiernos Chávez y de Cardozo, precisamente, demuestran lo estructural y
vital, en función de su hegemonía mundial, que para el capitalismo mundial de
hoy, en su fase de globalización financiera, en la dinámica de su mundialización
total, es la deuda y su desarrollo y manejo.
4.-
La lucha contra la deuda es parte de la lucha general de todos los
pueblos y trabajadores del Mundo por un nuevo modelo civilizatorio. Ella no
es en sí el programa de lucha; con
su simple eliminación, hipotética, teórica, no se resolverían los problemas
de la humanidad. Es una lucha común de todos los pueblos de la periferia del
capitalismo mundial; la base de un mismo y común programa, de un programa de
enfrentamiento a las estructuras concretas de poder desde los niveles nacionales
y continentales hasta el mundial; y un componente básico unificador de lineas
generales que apuntan a un programa mundial de enfrentamiento progresivo a la
globalización.
La
deuda y las políticas de endeudamiento de los países y los pueblos son uno de
los instrumentos fundamentales de
una estrategia de poder, de globalización mundial de poder, de la conformación
y consolidación del poder mundial del capital en general y particularmente
financiero. El problema de la deuda es un problema de poder. La respuesta a
dicha estrategia será correlativa o recíprocamente igualmente una estrategia
mundial de poder. A la estrategia mundial del poder del capital la respuesta será
la de la estrategia mundial de poder, universal, de los pueblos. La dinámica de
la mundialización del poder del capital se desarrolla de lo mundial a lo
continental y nacional y a lo local y de base. La dinámica de la mundialización
de las luchas populares contra la globalización del capital, inicialmente
contra la deuda, va en sentido opuesto, de lo local y de base, sectorial,
popular, a lo nacional a lo continental y a
lo mundial, a lo universal.
Limitaciones y potencialidades de las luchas
populares contra la deuda.
La
debilidad fundamental, la limitación básica
de los pueblos latinoamericanos en su lucha de hoy contra la deuda es su
dispersión y desarticulación; la misma debilidad secular con la que siempre
han enfrentado y enfrentan sus problemas internos mas concretos; y que ha
determinado las derrotas sufridas de sus grandes movilizaciones históricas.
Dispersión y desarticulación que incluso intentada su superación mediante
prolongados proyectos de integración comercial, por los gobiernos y factores
empresariales de poder de los países del continente; se evidencia e
impone, impidiéndolos, junto al hecho de tratarse de proyectos de integración,
MERCOSUR, CAN, de entrada hipotecados por las deudas externas y la
transnacionalización de sus economías, totalmente carentes de verdadera
soberanía. Dispersión y desarticulación que insiden como determinantes
profundas en las luchas populares, ante las cuales no valen voluntarismos
vanguardistas ni ilusionismos
mágicos, ni vitualismos, en términos de la posibilidad de resolverlas a corto
plazo o de compensarlas o de soslayarlas. Y que solo se superará en el tiempo
en los desarrollos de medianos y largos plazos que se den.
Pero
hoy existen condiciones de base en las que pueden soportarse los procesos y dinámicas
primarias de desarrollo y acumulación de fuerzas populares, en función del
enfrentamiento inicial a la deuda y último a la globalización. La base
objetiva, concreta, material, de un desarrollo de luchas masivas populares y de
clase de enfrentamiento a la deuda son las redes omnipresentes e
interminables, ilimitadamente extendidas, que el capitalismo mismo, la
modernización de las relaciones, vínculos y agrupamientos espontáneos y la
urbanización y modernización de dichas relaciones, han promovido
a lo largo de todos los territorios, nacionales y continentales y
mundiales. Redes en las que inevitable e incontrolablemente se desarrollan
permanente y multidireccionalmente flujos y reflujos mútiples y diversos de
comunicación y trasferencia; de movilización inevitable. Y la base subjetiva,
ésta inconcreta, inmaterial, pero igualmente omnipresente, es el desarrollo y
crecimiento de lo que se ha llamado la “capacidad social de reflexión”.
Igualmente resultado de la mundialización de las relaciones técnicas de
produción, particularmente de la informática y de las telecomunicaciones, la
captación de información y la disposición de elementos referenciales e
interpretativos de las situaciones y problemas se encuentran difundidos
mundialmente a disposición y en manos de cualquier persona o grupo o comunidad
en cualquier parte del Mundo. Tales son las bases universales, objetiva y
subjetiva, para el desarrollo de una dinámica de promoción local nacional
continental y mundial de los elementos programáticos de la lucha contra la
deuda y la globalización
La
lucha contra la deuda y contra la globalización parte de impulsar y que se dé
la reconstrucción del movimiento popular, parte del desarrollo del poder
social. Asumiendo que la politización tradicional, la partidización y la
electoralización de las luchas populares contra la deuda, como de cualquiera
otra lucha, las desvía, las desnaturaliza y las frustra.
La
base objetiva material, organizativa, del desarrollo del movimiento popular
contra la deuda son las redes existentes, que espontánea y naturalmente la
gente desarrolla y activa libre y cotidianamente; redes que no tienen que ser
formadas sino que existen extendidas y en constante extensión por todo el
continente. Y la base subjetiva de dicho desarrollo, está conformada por los
elementos teórico-referenciales significativos
de los que la gente común dispone captados de los sistemas mundiales de
comunicación e informática.
Inicialmente
no puede pensarse en la conformación o la definición de una dirección de la
dinámica de promoción articulación y movilización de iniciativas en la lucha
contra la deuda. Las estructuras de articulación y coordinación a todos los
niveles irán surgiendo a partir y al ritmo de la multiplicación y la elevación
de las relaciones entre núcleos factores y agrupamientos que converjan o
coincidan en la extensión y la densificación de
las luchas y actividades concretas contra la deuda, en sus differences
formas .
Los
núcleos, agrupamientos, centros, de alto nivel de información y de alta
capacidad de iniciativa de
comprensión y difusión, vinculados o no a luchas concretas cumplen la función
de difundir libre y abiertamente, a través de las redes, las investigaciones
los análisis y las teorias sobre la deuda y las propuestas que se desarrollen;
favoreciendo la multiplicación y el desarrollo cualitativo de vinculaciones y
relaciones de comunicación trasferencia y articulación.
La
comprensión primaria indispensable es la de que el problema de la deuda es un
problema de poder, que está en el núcleo del problema económico actual de los
pueblos de la periferia del capitalismo; y de que de él derivan, la
profundización de su subdesarrollo y el deterioro creciente de sus actuales
condiciones, concretas y generales, de vida y trabajo, ambientales y
culturales.
Ni
los gobiernos ni los partidos de nuestros países hoy responden el drama de la
deuda externa de los pueblos latinoamericanos; a su compromiso, de la mayoría,
de enfrentar soberanamente la
estrategia de los acreedores. Se trata, entonces, de promover la idea de que
su enfrentamiento es fundamentalmente de los sectores populares; de que
solo con el desarrollo, del poder sociall, de una estrategia amplia y
masiva de poder, nacional y continental, de que
solo con la organización y movilización popular libre de los sectores
de base populares, trabajadores, en la calle, será que se imponga su no pago,
será que se avance hacia su eliminación.
Aquí,
hoy, la Red Venezolana contra la Deuda se mueve en la dirección de promover
junto con otras iniciativas el debate y la movilización de base sobre la deuda.
Participando en las tareas de movilización organizada de base, popular, obrera,
hacia la realización de una consulta abierta, de un referendo, en relación
a la opinión nacional sobre la política
que el Gobierno debe asumir ante ella; si continuar pagando como es su política
actual o si revisar totalmente dicha política o si no pagar. Una consulta
abierta, nacional, intentando que sea formalmente referendaria, pero que sea
cual sea su alcance, de cualquier forma imponga la consideración de la opinión
popular, nacional, en la toma de decisiones en relación a ella.
Caracas
julio de 2000.-