MEDICAMENTOS CONTRA EL SIDA: EL NUEVO MERCADO
NEGRO EN CENTROAMÉRICA
Richard Stern
Lorena, una mujer nicaragüense de 37 años de edad, forma parte de una nueva
clase de traficantes de drogas. Ella viaja en los autobuses centroamericanos
para conseguir medicamentos contra el sida en el mercado negro que ha surgido
como resultado de la crisis en torno a la provisión de éstos para las personas
afectadas por la enfermedad.
A principios de abril, Lorena estuvo en Costa Rica, donde se pone en contacto
con personas que viven con sida (PVS) que pudieran tener un suministro adicional
de algún medicamento que ya no estén utilizando, o que simplemente estén dispuestas a vender sus propios medicamentos para
conseguir dinero.
Me reuní con ella en un restaurante en el centro de San José, donde
compartimos un almuerzo de arroz, tortillas y frijoles negros. Lorena fue
totalmente abierta conmigo, y quería saber si yo conocía a alguien que pudiera tener Crixivan, Videx o AZT, medicamentos antirretrovirales que
están en su lista de compras para este viaje. Es una mujer de baja estatura
pero corpulenta que habla en una voz muy suave, articulando cuidadosamente sus palabras. Pero la suavidad de su voz y su aparente humildad
no ocultan la dureza de su verdadera experiencia de vida, ni su determinación
de sobrevivir.
Me cuenta su historia. A su esposo, dueño de una abarrotería, se le
diagnosticó la infección por VIH hace siete años y no ha trabajado desde
1997. Ella era un ama de casa y nunca había escuchado sobre el Sida hasta que él le reveló su diagnóstico cuando empezó a enfermar. También
ella tuvo un resultado positivo y ha padecido algunas infecciones relacionadas
con el sida. Pero sus dos hijos, ambos adolescentes, no tienen la infección. Su esposo recibe los antirretrovirales dependiendo de la
disponibilidad de éstos y ella sabe que eso no es bueno. Ni él ni ella conoce
su recuento de células CD4 ni su carga viral.
Más tarde este mes, después de regresar a Managua, la capital nicaragüense,
para distribuir los medicamentos que haya podido comprar en Costa Rica, se
dirigirá a Guatemala, un viaje de 18 horas en bus, hacia el norte. En
Guatemala, el desigual sistema de cuidados de salud ha generado un lucrativo
mercado negro de medicamentos antirretrovirales, los cuales son vendidos
abiertamente afuera de la
clínica de Sida del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS).
Alrededor de 400 de las 3000 personas que viven con sida que están afiliadas al
IGSS reciben gratuitamente sus medicamentos a través del Instituto. Pero
algunas de estas 400 personas pueden tener otras fuentes de medicamentos y para conseguir dinero están dispuestas a vender píldoras
duplicadas a otras personas desesperadas por obtenerlas a precios de mercado
negro. Otras simplemente sopesan los pros y los contras de medicamentos que
salvan vidas, o contar con un ingreso para necesidades adicionales que son
consideradas igualmente urgentes.
Lorena se gana la vida y también es capaz de obtener medicamentos para ella y
para su esposo realizando estos arduos viajes por toda Centroamérica. Ella
colecta dinero de un pequeño grupo de nicaragüenses que desesperadamente
tratan de obtener antirretrovirales, y luego negocia con los vendedores que
encuentra en su extensa red de contactos con PVS en toda la región
"Nadie de nosotros puede darse el lujo de comprarles a las compañías
farmacéuticas", dice, "pero si podemos comprar de otros pacientes,
pagamos menos de la mitad de lo que las compañías están cobrando".
Lorena pasa cerca de la mitad de su tiempo en Managua y la otra mitad en sus
viajes, quedándose en hoteles de US$2 por noche a lo largo de las rutas de
transporte.
¿Siente ella que está haciendo algo incorrecto al pasar las fronteras con
medicamentos para los cuales no tiene recetas? "¿Cómo puedo sentirme mal
por lo que hago?" dice. "Ésta es nuestra única opción para vivir.
Hay un proverbio que dice 'no juzgues, para que no te juzguen'. Que juzguen a
los dueños de las compañías de drogas (sic) antes de que me juzguen a
mí", agrega, su voz temblorosa de amargura. "Tenemos dos hijos. Si morimos, ellos
van a estar en la calle".
A las PVS en Guatemala les preocupa el creciente mercado negro en su país.
"Esto debe parar. La gente siempre me está llamando para tratar de vender
medicamentos", me dijo el director de una ONG durante mi visita a Guatemala
en febrero. Pero él reconoce que este mercado negro probablemente continuará
en tanto algunas personas tengan acceso a medicamentos costosos y otras estén
completamente fuera del sistema de cuidados de salud. En Guatemala, el ingreso per capita es de US$250 mensuales y
una terapia antirretroviral combinada costaría entre $650 y $800 por mes.
En Costa Rica, el sistema de atención a PVS no es tan preocupante, ya que casi
el 100 por ciento de la población está cubierto por un seguro médico estatal
que paga por los medicamentos. Pero en Guatemala, como en Panamá y varias otras
naciones latinoamericanas, sólo ciertas porciones de la población,
generalmente entre el 15 y el 40 por ciento, son cubiertas por tal seguro, lo
que genera la natural tendencia de que exista un mercado negro.
Guillermo Murillo es un activista del sida y una de las primeras PVS que reveló
públicamente su condición en la región. "El costo de estos medicamentos
es desastroso para las personas pobres en Centroamérica", dice. "Aun
en Costa Rica, los costos de la terapia triple nos colocan en una posición en
la cual realmente no tenemos acceso a cambiar nuestro tratamiento si una
combinación particular de medicamentos no funciona.
Pero para personas como Lorena, es una pesadilla".
El gobierno costarricense gasta actualmente cerca de siete millones de dólares
por año para brindar la terapia antirretroviral a 900 pacientes. La mortalidad
asociada al sida ha disminuido en más del 70 por ciento desde 1997, cuando la terapia empezó a ser suministrada.
Richard Stern, Ph.D. es Director de la Asociación de Derechos Humanos Agua
Buena. Es apoyada enteramente por donaciones privadas. rastern@sol.racsa.co.cr
Este artículo será publicado en la revista *Tertulia* No. 15 del 29-IV-2000.
Traducción: Laura E. Asturias Editora, Revista *Tertulia* Guatemala leasturias@intelnet.net.gt
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