Se ha abierto una confrontación por el futuro
de América Latina
Por Manuel Hidalgo V*
En nuestra búsqueda del camino para construir una globalización
alternativa a la hoy imperante, tres pistas nos parecen fundamentales a desarrollar:
una visión cósmica, una conciencia planetaria y una identidad
latinoamericana.
Creemos que una visión cósmica de la vida -más que una
mera conciencia ecológica- es imprescindible. Los seres humanos, como
lo entendieron muy bien nuestros pueblos originarios, no somos el centro de
Universo ni la criatura destinada a subordinar toda la naturaleza a nuestro
antojo. Debemos ser capaces de vivir en armonía, en equilibrio, con nuestro
entorno, y entender que nuestra supervivencia esta ligada indisolublemente a
las demás formas de la vida que cubren este planeta; que no es sino un
punto ínfimo del Universo. Precisamos avanzar hacia una nueva civilización,
que como dice Leonardo Boff, recupere lo sagrado de la Tierra y el reencantamiento
y veneración del Universo.
Una conciencia planetaria resulta fundamental e ineludible. Ninguno de los problemas
más profundos que en la actualidad afligen a los seres humanos es de
escala local ni tan siquiera nacional o continental. Ya sean estos problemas
políticos, económicos, sociales, ambientales o culturales. La
comprensión cada día mas cabal de esto ha dado origen ya a múltiples
expresiones de una ciudadanía global, que empieza a articularse, a desarrollar
iniciativas y a alentar procesos e instituciones que prefiguran un nuevo mundo,
que reconoce la necesidad de unirse en la construcción de un mundo sin
discriminaciones ni exclusiones, basado en la solidaridad y la justicia social,
en la democracia participativa, en el respeto y valoración de las diversidades
nacionales y culturales y la armonía con el medio ambiente. Eso es lo
que esta detrás de experiencias como las del Foro Social Mundial y de
movimientos como ATTAC.
Llegamos así al tema de la identidad latinoamericana, en la que voy a
centrar esta presentación.
UN NUEVO ORDEN INTERNACIONAL: ¿UNIPOLAR O MULTIPOLAR?
Hacia 1992, con la caída del muro de Berlín y la desaparición
del campo socialista, se cierra un largo periodo de la historia del siglo XX,
signado por un orden bipolar en las relaciones internacionales. La confrontación
entre el campo capitalista liderado por los EE.UU. y el campo socialista liderado
por la URSS -que emergió como tal luego de 1945- fue el marco de referencia
de todas las luchas no solo ideológicas y políticas, sino que
económicas, sociales, culturales, tecnológicas, militares, etc.
de ese periodo histórico, donde quiera que estas se dieron.
Se abrió así una nueva situación en la que entra a disputarse
la configuración de un nuevo orden político internacional. Una
pugna en la que hoy son claramente perceptibles dos alternativas: la perseguida
por los gobiernos de los EE.UU., que alientan la consolidación de un
orden unipolar, con una hegemonía sin contrapeso alguno de la única
gran potencia mundial en el terreno político-militar; y la de aquellas
potencias menores, que alientan la configuración de un orden multipolar,
con una hegemonía compartida.
Con el gobierno de George Bush hijo se hace explícita la pretensión
del imperialismo norteamericano presente desde el gobierno de su padre: la de
instaurar un verdadero imperio mundial, colonizando al resto del planeta. La
nueva estrategia de seguridad nacional de los EE.UU., llamada de "guerra
preventiva", proclama sin ambages su derecho a atacar a cualquier persona,
organización o estado que a su juicio intente poner en riesgo la hegemonía
indiscutida de los EE.UU. en el mundo.
Una convicción fundamentalista político-religiosa inspira a los
gobernantes de EE.UU.. El "destino manifiesto" de este país,
el que Dios habría reservado para él, seria el de ser guardianes
de la libertad y de la democracia en el mundo. Bajo esta orientación,
EE.UU. ha pasado a llevar la propia institucionalidad internacional, a la ONU
y a su Consejo de Seguridad, que se construyó bajo su liderazgo al termino
de la segunda guerra mundial. Las guerras y ocupaciones de Afganistán
e Irak son parte de la "cruzada" orientada a vencer al "eje del
mal", lo mismo que a garantizar el control político y económico
de una región decisiva en el abastecimiento de petróleo y gas
que requieren los EE.UU.
En pugna con esa pretensión y alentando la conformación de un
mundo multipolar se ha ido proyectando la conformación de otros bloques
político-económicos o de otras potencias con proyección
regional, que luchan por una hegemonía compartida.
El primero y más configurado de ellos es la Unión Europea, que
tiene en el eje franco-alemán su pilar fundamental. Fue ostensiblemente
la desaparición del campo socialista, la que precipito la conformación
de este bloque en 1992 y su proyección mucho mas allá de la esfera
comercial y económica, hacia un plano político y estratégico.
Conscientes de que -sin la URSS- su condición de países aliados
de los EE.UU. se podía convertir en condición colonial en un corto
plazo, apuraron el proceso de su integración y la ampliaron sobre todo
en el plano político, con una fuerte institucionalidad hoy existente.
Además de su unidad monetaria, la UE tiene hoy políticas tecnológicas,
de defensa y de seguridad continentales propias, que la configuran claramente
como un polo de poder mundial, al margen de sus contradicciones internas.
Luego, en el terreno económico, pero sin un mayor perfil político
internacional, esta el bloque que lidera Japón en el Sudeste Asiático;
cuyas economías están fuertemente integradas por corrientes de
comercio e inversión.
Una potencia que ha recuperado presencia internacional es la Rusia de Putin;
que ha fortalecido su control interno político y económico y lanzado
una ofensiva de política exterior con múltiples direcciones: en
Asia se ha acercado a China para contener el avance islámico y de los
EE.UU., evita distanciarse de la Unión Europea y de la OTAN, para influir
en ellos y refortalece sus vínculos con Irán, Siria y otros países
árabes.
Nuevas potencias emergentes son China e India; las economías con mayor
ritmo de crecimiento en la ultima década; pero al mismo tiempo con enormes
masas de población (1.500 y 1.100 millones de personas respectivamente)
y un poderío militar y nuclear cada vez mayor también. Cunas de
viejas civilizaciones y de religiones y culturas propias, estos países
se proyectan con claridad como nuevas potencias en un siglo XXI que algunos
analistas proyectan como un siglo de predominio asiático.
En el continente africano, Sudáfrica claramente se proyecta como la potencia
regional. Y así, eventualmente se podría hablar de otras potencias
regionales menores.
Pero ¿qué pasa en este contexto mundial con América Latina?
ALCA VERSUS INTEGRACIÓN SUDAMERICANA
En la ultima década se ha abierto una confrontación por el futuro
de la América Latina.
De un lado, esta en curso la estrategia de los EE.UU. por consolidar plenamente
lo que ha sido su predominio tradicional en la región. Elemento central
de ella es el proceso de negociaciones encaminado a la suscripción del
Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). El ALCA es en realidad
un proyecto de anexión territorial de nuestro continente, de consolidación
institucional de nuestra condición de traspatio colonial. De ser firmado
conforme la voluntad de los EE.UU., sus empresas transnacionales campearan sin
contrapeso alguno de la Alaska a Tierra del Fuego, apoderándose por completo
de todos nuestros recursos naturales, de nuestra rica biodiversidad, desmantelaran
toda posibilidad de desarrollo agrícola, industrial, científico
y tecnológico ajeno a su control que exista en nuestra región
y someterán a nuestras culturas a su particular ideología.
El ALCA es la dimensión geopolítica, institucional y económica
de un plan que tiene también otras dimensiones, como la militar, que
se expresa en particular a través del Plan Colombia y la creciente penetración
del ejercito estadounidense en la región andina, con la instalación
de bases militares en varios países, con el pretexto del combate al terrorismo
y al narcotráfico.
De otro lado, en los últimos 5 años al proceso del ALCA le sale
al frente una voluntad y cada vez mas una estrategia que rechaza y confronta
sus propósitos, y que levanta cada vez mas claramente la Integración
Sudamericana como alternativa. En el ámbito de los gobiernos, desde Venezuela,
por una parte y desde Brasil, secundado por Argentina, por otra, se ha ido empujando
un proceso de iniciativas concretas que afianzan la soberanía de la región
sudamericana y refuerzan lazos para construir su integración como tal.
En el ámbito de los pueblos, diversos movimientos sociales se han fortalecido
y proyectado a la escena política a partir de la resistencia al avance
de las políticas neoliberales y se coordinan activamente a nivel continental
para combatirlo.
Al iniciarse el 2004, las negociaciones del ALCA se encuentran seriamente empantanadas.
Desde la cumbre ministerial de Miami, en noviembre 2003, en la que EE.UU., para
salvar la continuidad del proceso, tuvo que conceder que el ALCA se estructuraría
a partir de un nivel básico de compromisos para todos los países
(un "Alca light") -y acuerdos complementarios para aquellos países
que quisieran ir mas allá-; no ha sido posible tener avances sustantivos
sobre su contenido. Se han sucedido dos reuniones, una en febrero, en Puebla
y otra en marzo, en Buenos Aires; sin que se logren avances y por el contrario,
se han explicitado y consolidado las contradicciones en su seno. Así
las cosas, se ha suspendido la reunión prevista para abril en Puebla,
sin fecha definida. Ministros de Brasil y Argentina abiertamente declaran que
a este paso las negociaciones no tendrán listo un proyecto de acuerdo
para enero 2005, como se había previsto.
Los puntos en los que no hay acuerdo son sustanciales. Permanecen conflictos
fundamentales en los temas agricultura, acceso a mercados, servicios, compras
publicas, propiedad intelectual, políticas de competencia, antidumping,
solución de controversias, y asuntos institucionales. Además,
no hay consenso sobre el trato especial y diferenciado: mientras los países
en desarrollo insisten que el principio sea incorporado de manera concreta en
todos los temas de negociación, los Estados Unidos se refieren tan solo
a programas de asistencia y capacitación.
En particular, los países ricos rechazan la mención explícita
de Fondos de Compensación. Los Estados Unidos y Canadá insisten
en mantener su política de subsidios e incluir el mecanismo de "salvaguardas
especiales" para sus productos agrícolas, enfrentándose con
el bloque de países, que siendo más competitivos en estas áreas,
se resisten a firmar un acuerdo que sólo quiere garantizar el lucro de
las grandes corporaciones transnacionales. En el tema de acceso a los mercados,
la posición de los Estados Unidos y sus aliados (el "Grupo de los
14", dentro de los que se encuentra Chile) continua siendo que, en el acuerdo
común de ALCA, solo seria contemplada la eliminación arancelaria
para "sustancialmente" todos los productos y Mercosur mantiene su
posición de que los aranceles tienen que estar eliminadas para el universo
entero de bienes.
Ante ese creciente impasse, los EE.UU. vienen impulsando las negociaciones tendientes
a suscribir TLCs bilaterales con otros países o grupos de países
de la región como el suscrito ya con Chile. Están pendientes de
ratificación los TLCs ya firmados con los 5 países centroamericanos,
por una parte y con República Dominicana, por otra. Y se han iniciado
contactos para negociar TLCs con Colombia, Perú y Ecuador.
LOS CAMINOS DE LA INTEGRACIÓN SUDAMERICANA
Entretanto, los partidarios de la Integración Sudamericana no se han
quedado quietos. No esta claro aun si en el futuro de esa integración
prevalecerán los negocios o la política, las reducciones arancelarias
o el desarrollo nacional y regional -alternativas que por ahora resultan complementarias
y no excluyentes. Pero por mientras, se han fortalecido las bases concretas
de esta integración, que es todavía un "modelo para armar".
En diciembre de 2003, en Montevideo se arribo a un compromiso para suscribir
un acuerdo de libre comercio entre la Comunidad Andina de Naciones (CAN) -integrada
por Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia- y el Mercosur -Brasil,
Argentina, Uruguay y Paraguay-, que daría paso a una Comunidad Sudamericana
de Naciones a mediados del presente año. Un hecho de enorme significación
histórica, como lo ha recalcado el ministro de Relaciones Exteriores
de Brasil, Celso Amorim.
De gran significación también ha sido la reunión presidencial
que a mediados de marzo protagonizaron Néstor Kirchner y Lula Da Silva,
con el objetivo de reforzar su alianza estratégica, conscientes de que
la relación entre Brasil y la Argentina puede significar para la integración
de América del Sur lo que la relación entre Francia y Alemania
representó para la integración europea. En lo estrictamente económico,
allí se respaldo fuertemente la postura argentina de no comprometer con
el FMI metas de superávit publico que pongan en riesgo la equidad o el
crecimiento, con el objeto del pago de la deuda externa.
Además se reforzó la coordinación político diplomática
entre Argentina y Brasil, de la que una primera muestra fue la participación
de un diplomático argentino en la representación brasileña
en el Consejo de Seguridad de la ONU durante 2004. Se están instrumentando
consulados conjuntos, como experiencia piloto, en Hamburgo y en Boston, y se
ha ordenado a sus embajadores en terceros países a reunirse cada dos
meses para coordinar políticas e intercambiar información. En
un afán de proyectar las relaciones exteriores del bloque sudamericano,
ambos países se comprometieron a trabajar juntos para lograr acuerdos
comerciales de Mercosur con la UE y con India, durante el presente año
y realizar una cumbre de jefes de estado de los países sudamericanos
y árabes, en diciembre próximo.
Otro proceso de gran importancia en esta dirección es el de la iniciativa
de Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA),
surgida de la reunión de presidentes sudamericanos realizada en Brasilia,
el 31 de agosto y el 1º de septiembre del año 2000. En ella se contempla
un ambicioso programa de infraestructura -con cinco ejes viales e hidrovías
fundamentales para conectar a la región-, cuyo plan ya se esta operativizando,
con el apoyo financiero del BID.
Otra propuesta significativa tiene que ver con una institución financiera
latinoamericana, el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR), organismo interestatal
constituido por Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Costa Rica.
Tiene como funciones apoyar las balanzas de pago de los países miembros;
para ello otorga créditos o garantiza prestamos de terceros; interviene
para atenuar los efectos nocivos de la volatilidad y de los plazos cortos de
los flujos de capitales; contribuye a la armonización de las políticas
monetarias y financieras de los países miembros y mejora las condiciones
de inversión de las reservas internacionales. La extensión del
FLAR a toda la región y su actuación como organismo monetario
regional -en conjunto con los bancos centrales de los países- podría
ser una clave para arribar a una trascendente unidad monetaria. Propuesta que
ya cuenta con el apoyo del Consejo Presidencial Andino y del Sistema Económico
Latinoamericano (SELA).
En el terreno energético, esta en gestación un emprendimiento
de trascendencia, impulsado por Venezuela. Consiste en la creación de
Petroamérica, entidad que agruparía a las empresas petroleras
estatales latinoamericanas. Mientras se concreta su formación, Petróleos
de Venezuela, PDVSA, firmo en junio de 1999 un acuerdo de colaboración
con Petrobras, de Brasil, que incluye la explotación conjunta de yacimientos
y de estaciones de servicio en zonas limítrofes y en territorio brasileño.
Venezuela ha ofrecido además apoyo a Bolivia para reconstruir la empresa
petrolera estatal. Y PDVSA ha apoyado con una importante inversión a
la petrolera uruguaya ANCAP y otorgado yacimientos a la ENAP chilena en territorio
venezolano.
Los recursos del gas, como también lo ha sugerido el vicepresidente del
MAS boliviano, el diputado Antonio Peredo, pueden ser un factor trascendente
en la integración sudamericana. "Así como la Unión
Europea partió del acuerdo del acero y del carbón ¿por
qué no imaginar que el gas boliviano sirva también para unir a
América Latina?" se ha preguntado Peredo, al tiempo de sugerir la
hipótesis de ayudar a resolver las necesidades que Chile tiene de gas
y agua para el desarrollo del norte, a cambio de proporcionar una salida soberana
al mar para Bolivia.
Desde el ámbito de una integración de los pueblos, la Asociación
de Inmigrantes por la Integración Latinoamericana y del Caribe (APILA),
ha levantado la consigna de luchar por una ciudadanía latinoamericana.
Entendiendo por tal ciudadanía, cuando menos, el derecho al libre tránsito
y residencia en cualquier país de la región, lo mismo que a tener
igualdad de derechos y de trato ante la ley que los ciudadanos originarios del
país en que se resida, siempre que se trate de América Latina
y el Caribe. Sostiene APILA que los migrantes intralatinoamericanos tienen un
rol trascendente que jugar en la lucha por esta ciudadanía y por la integración
latinoamericana y caribeña. Acuerdos en esa dirección ya han sido
tomados y están pendientes de ratificación, por ejemplo, entre
los países signatarios del Mercosur, desde noviembre de 2002.
LA IDENTIDAD LATINOAMERICANA
Construir una identidad latinoamericana, una identidad sudamericana, pasa por
estos procesos, pero pasa también por una labor educativa y de acercamiento
real de nuestros pueblos. Esa es la labor insoslayable de los movimientos sociales
y de los educadores populares de la región.
Se trata de saber de donde venimos, de reconocer cuales son nuestras raíces.
De darse los espacios y los tiempos para conocerse y reconocerse. Para apreciar
y valorar a cada uno de nosotros. De darnos en el proceso de construir nuestra
unidad, un espacio, un rol, a jugar por cada uno de nosotros en la entidad superior
que vamos construyendo. De ir gestando entre todos el proyecto que nos unificara,
a través de practicas de vida y acción conjuntas.
La identidad latinoamericana no puede ser sino una identidad aglutinadora de
nuestras identidades indígenas y mestizas, que perviven y se reconstituyen
hoy en todos los rincones de América Latina. En esa identidad radica
una enorme riqueza y potencial espiritual y cultural de nuestro continente,
quizás si el mas mestizo y el mas tardíamente vinculado al Viejo
Mundo. Es una identidad que supieron reconocer y asumir las corrientes libertadoras
de José de San Martín y Simón Bolívar, que independizaran
a 7 de las repúblicas sudamericanas. Es una identidad que asumieron y
postularon los patriotas José Martí y Pedro Albizu Campos; así
como otros destacados próceres de nuestra historia. Es una identidad
que cultivaron nuestros poetas como Pablo Neruda o Rubén Darío,
nuestros pintores como Osvaldo Guayasamín y nuestros músicos como
Cesar Isella, Daniel Viglietti Pablo Milanés o Roberto Alarcón.
Ese es el proceso que madura en la Campaña Continental contra el ALCA
y por la Vida, que ha remecido con sus movilizaciones la región sudamericana.
Ese es el proceso que se dinamiza entre las redes de movimientos sociales que
se han ido construyendo al calor de las luchas en la pasada década. Ese
es el proceso que tendrá en el Foro Social de las Américas, en
Quito, en julio de este año, un nuevo punto de encuentro para ir tejiendo
entre todos, otra América Latina posible y necesaria. La de nuestra dignidad,
la de nuestra soberanía, la auténticamente democrática,
la asentada en la justicia social, en la rica diversidad de nuestras raíces
culturales, en la inclusión y no-discriminación, y en la armonía
y preservación de nuestro medio ambiente.
Cabe a los movimientos sociales y a las organizaciones ciudadanas en Chile,
en su lucha contra el modelo neoliberal, tomar un lugar mas activo en este proceso,
junto a nuestros hermanos de toda América Latina. Solo así será
posible deslegitimar y despojar de todo respaldo popular al oprobioso alineamiento
-y verdadera subordinación- que los gobiernos de Chile han establecido
con el imperio norteamericano, a partir de la suscripción del TLC con
los EE.UU.
*Economista. Attac Chile. Director de APILA. Miembro del Coordinador Nacional
del Foro Social Democrática
(Tomado de ANCHI, Mayo de 2004)