La
vieja estafa en los bancos nuevos.
Las
centrales del pensamiento único no responden al algo nuevo, tienen un origen,
un desarrollo y un final. Estamos
asistiendo a la caída de la modernidad, su etapa final es una
"postmodernidad" insoportable, a la que podríamos llamar la
“chatarra” de la modernidad.
Cuando
terminaba la edad media y comenzaba a nacer el nuevo sistema, los hombres se
sentían inseguros pero esperanzados, temían
por no conocer lo que vendría, pero necesitaban superar la crisis en la
que hallaban inmersos, intuían que algo nuevo estaba por nacer. ¿Nos sucede a
nosotros algo semejante?
Desde
1989 pienso que la caída de la bipolaridad mostró el derrumbe de los dos
sistemas y no de uno solo. Hoy estoy convencido que así fue. Quienes creyeron
que habían triunfado, insistieron en su visión del mundo y en la bondad de sus
medios. De esta manera, uno, reforzó el pensamiento único, porque el otro se
había retirado. Los dos habían sido parte de la un mismo acuerdo, el de los
tres “viejitos decrépitos” de Yalta. El otro
había decidido poner fin a la bipolaridad y crear una
"multipolaridad" porque veía llegar su propia implosión, la
necesidad de frenar la carrera nuclear de consecuencias funestas para la
humanidad y no continuar atando la economía a la obtención de la supremacía
militar.
Lo
que subyacía en ambos, comienza a manifieste a toda orquesta hoy en el mundo:
el paradigma oculto de la modernidad.
Con
la modernidad comenzó una nueva etapa en donde el poder y el dinero serían los
principales ordenadores de la vida de los hombres y de las sociedades. Con paso
lento, firme y continuo, el nuevo poder, el nuevo “becerro de oro” fue
colocado en el altar de la humanidad para ser adorado como el nuevo dios
al cual los hombres deberían rendir culto entregando hasta su vida. Se debía
vivir y morir por el poder y por el dinero.
Hace
algunos años en la sede central del Banco de la Nación tuve la vivencia de
haber entrado a una catedral, como las europeas, a un lugar de culto, por su
diseño, por el respeto de quienes trabajan y concurren y hasta por el silencio
reinante pese a la gran cantidad de personas presentes. Al salir me encaminé a
la Catedral. La otra, la tradicional, estaba vacía, sólo dos o tres rezando.
¿Había triunfado el nuevo dios? ¿Y si había triunfado, cuál era su triunfo?
Esta
catedral del dios dinero me hizo recordar como las centrales del pensamiento
financiero la fueron construyendo a través del tiempo. Un ejemplo puede
aclararlo todo, me decía un viejo
amigo con “saggesse”.
En
Inglaterra, con su particular concepto de la ética, se comenzó a considerar la
acumulación del dinero la señal de la elección divina. Son los teóricos
ingleses los que promueven la auto-reproducción del dinero mediante intereses
como “modelo” privilegiado para la acumulación de riquezas. Decía Benjamín
Franklin, uno de los padres de la patria americana “la naturaleza del dinero
es prolífera y generadora. El dinero es capaz de engendrar dinero, y su
progenie engendrar más, y así sucesivamente” lo contrario de la que decía
Santo Tomás “el dinero no pare dinero”.
La
encarnación de esta ideología económica es el Banco de Inglaterra, el
prototipo de todos los bancos centrales que hoy existen en 1694. Allí se
realiza el salto de cualitativo, y el mecanismo
del préstamo usurario se convierte en el instrumento multiplicador del poder
del dinero, del poder financiero.
El
Banco Inglés nace como una operación de “Gran Usura”. Se atrae a los
depositantes prometiéndoles los frutos de un mecanismo: “El banco saca
beneficios del interés sobre toda moneda que crea de la nada” decía Ezra
Pound .
En
un artículo sobre el nacimiento del Banco de Inglaterra decía Accame: “Se
trataba, en práctica, de prestar dinero al Estado(1), dando moneda
contante al Rey Guillermo de Orange(2) enzarzado en gastos militares,
pero obteniendo a cambio, además de los intereses, la autorización para hacer
circular billetes de banco propios(3) por el mismo importe del crédito
depositado. De este modo el banco duplicaba el patrimonio, por una parte
representado por las monedas de oro y plata prestadas a la corona inglesa cuya
devolución esperaba siempre (¿…?); y por otra, por el papel moneda aceptado
por los privados, que se sentían tranquilos con la garantía pública dada por
el soberano. De las dos partes el banco cobraba intereses”. Esta estafa es el
primer experimento con éxito que inaugura la deuda pública y hace de ella uno
de los instrumentos de acumulación de capital. Nace la “bancocracia
moderna” como la define Treviris, donde la clase de rentistas prolifera a
costa de los contribuyentes. Pound identifica el emblema de esta casta en el
banquero Bidddle(4) que entre 1816 y 1832 manipula el Banco Central de los
Estados Unidos (afiliado al Banco de Inglaterra) para sacar beneficios privados,
provocar crisis económica artificiales que empobrecen a los pobres, hacer que
las guerras(5) duren más con el fin de financiarlas, comprar jueces y
periodistas(6)
Así
es la liturgia en la catedral del dinero.
¿Podremos
ir a las dos catedrales? ¿Si elegimos una de las dos, cuál será?
(1-2-3-4)
Cualquier semejante con el presente es expresión del genoma del sistema
que nació con la modernidad.
(1)
Organismos
internacionales de crédito y sistema financiero.
(2)
Proceso
Militar de 1976.
(3)
Derivados
de cualquier clase y especie.
(4)
Notorios
banqueros de estos días.
(5)
Irak,
Afganistán,…
(6)
Corte
Suprema y casi todos…