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Del
blindaje a la nueva convertibilidad Julio
C. Gambina* Todo parece un operativo mediático. Durante los últimos
seis meses sobreabundaron los grandes anuncios de superación de las
dificultades económicas, que se concentraban en la larga recesión y en su
impacto como crisis económica. Los mensajes fueron pronunciados por tres
ministros de economía en un gobierno que al sustituirlos confirmaba una mutación
en las alianzas políticas y sociales con las que había llegado al manejo del
Poder Ejecutivo Nacional. La realidad nos muestra que los problemas subsisten y
también, los anuncios. Ayer Machinea alardeaba con el blindaje financiero y
ahora Cavallo hace aprobar la Ley de Competitividad, prácticamente reducida a
un nuevo impuesto y eleva al Parlamento un proyecto de modificación y ampliación
del régimen de convertibilidad. Mientras tanto, la recesión continúa y los
efectos se descargan sobre los mismos e indefensos sectores sociales. Los datos del Indec nos revelan el cuadro de situación.
El desempleo abierto parece estabilizarse en un piso del 15% y en una cifra
similar el subempleo. Estas cifras representan
a más de 4 millones de personas. El trabajo no registrado, según confirman en
el Ministerio de Trabajo implica a más del 38% de los asalariados. Nos
encontramos así con 2.027.000 trabajadores desempleados y 3.400.000 no
registrados (en negro), de modo que 5.427.000 trabajadores, según las estadísticas
oficiales, están desprotegidos de cualquier forma de seguridad social. Esto es
lo que pagan los trabajadores para reducir el costo argentino y mejorar la
rentabilidad del capital. A los datos mencionados debe adicionarse que debido a
la fuerte evasión previsional de los trabajadores autónomos y
"monotributistas", la población estimada que no dispone de ninguna
contención proveniente de la seguridad social alcanza al 55% de la población
económicamente activa (P.E.A.). Si la P.E.A. se estima en 14.083.000 personas
en edad de trabajar, unas 7.600.000 quedan afuera de una red de seguridad
construida durante años. Sólo el 45% de la P.E.A. tiene algún tipo de
cobertura. Son confirmaciones numéricas del impacto social
derivado de las políticas económicas que hegemonizaron el accionar de gobierno
en los últimos 25 años. No en vano tomamos ese periodo histórico. Por un lado
se puede verificar la reiteración de los personajes a través de la historia y
no resulta raro que los tres ministros de economía que hasta ahora presentó la
Alianza hayan participado en varios de los turnos gubernamentales de ese
periodo, todos bajo la dictadura u otros turnos constitucionales, siendo el
actual ministro quién exhibe el récord de haber transitado por gobiernos
presididos por militares, peronistas y radicales. Por otro lado, se puede
consignar el doble accionar de políticas represivas y de manipulación del
consenso en todo el periodo. Aludo a la represión abierta del terrorismo de
Estado en su momento y a la judicialización del conflicto social en la
actualidad, entre otras formas supérstites de la represión. En materia de
manipulación del consenso podemos remitirnos al manejo asociado de la clase
dominante con los gobiernos a través de los medios masivos de comunicación y
ayudado por campañas propagandísticas, tales como el
"blindaje", la "competitividad" o la "eurolización",
tan últimamente en boga La crisis es de fondo
Pero, aún más allá de este cuadro de situación
social, la crisis económica es manifiesta y junto a la continuidad de la recesión
se ven afectados sectores de las clases dominantes vinculadas a la producción,
tal el caso de muchos industriales y ganaderos. Es que algunos ganadores de ayer
empiezan a transferir ingresos para la acumulación de los beneficiados supérstite,
vinculados a los sectores más dinámicos de la acumulación de capitales,
riquezas y poder. Entre ellos se encuentran los Bancos Transnacionales con
actuación hegemónica en el sistema financiero local; las empresas privatizadas
de servicios públicos, que con los cambios de firma han consolidado el peso del
capital transnacional en la propiedad y administración de las mismas; algunos
sectores industriales y exportadores (alimentos, petróleo, automotores). Lo
cierto es que ese abanico estrecho de beneficiarios ha logrado subordinar a la
burocracia política de los tres poderes del Estado, a sus deseos e intereses.
Resulta por lo menos curiosa la existencia de un sentido común generalizado que
"acusa" a la corrupción estatal y al mismo tiempo acepta con
resignación política conductas que se reiteran en la elección de partidos y
políticos denunciados y estigmatizados por el fenómeno de la corrupción. Pero volvamos a la crisis, la que denomino
estructural y que se caracteriza por las dificultades que enfrenta el capital más
concentrado para valorizar sus inversiones. No sólo se trata de obtener
ganancias, sino de naturalizar el proceso de acumulación. Cuando eso no ocurre,
los capitalistas inducen fenómenos de acumulación ayudados por mecanismos
extraeconómicos, tales como la represión abierta o la manipulación del
consenso antes mencionado. La Argentina atraviesa ahora uno de esos momentos de
crisis. Es cierto que los capitales más concentrados ingresan cuantiosas
ganancias, pero no logran legitimar ese proceder en la sociedad y con Machinea y
más aún con López Murphy, la extensión de la resistencia abierta demostraba
el final de un ciclo y la necesidad de reencauzar los consensos perdidos en el
último tramo del menemismo. La Alianza asumió su papel gobernante con la explícita
condición de no modificar los cambios estructurales operados en el capitalismo
local: apertura de la economía, desregulación de los mercados, flexibilización
de las normas laborales, privatizaciones e inserción subordinada a la
estrategia global norteamericana. Así se planteó en la campaña electoral y es
lo que se confirma en el accionar de gobierno. Un dato a considerar es el clima de conflictividad
social existente en el momento del cambio de turno presidencial a fines de 1999.
La represión con muertes en Corrientes a poco de asumir De la Rúa es una
muestra palmaria de reclamos irresueltos y una clara evidencia del rumbo impreso
a la gestión gubernamental. Está claro que no era posible relanzar el
“sistema de acumulación” en un clima de conflictividad y
en medio de las
contradicciones existentes en el seno del gobierno. Eso generó una crisis política
y una sucesión de renuncias iniciadas por la del Vicepresidente, que culminó (¿?)
con el éxodo de los principales referentes del Frepaso del gobierno nacional.
El interrogante tiene que ver con la continuidad de la crisis, ya que el turno
de Cavallo se caracteriza por las fuertes presiones que ejerce sobre sus socios
en el gobierno y sobre el conjunto de la burocracia política, al mismo tiempo
que siembra expectativas en una parte de la población. El tema es que la
realidad suele ser implacable y resultados no visibles en el corto plazo, podrían
arrastrar al ministro e incluso a todo el gobierno. ¿Alarmista? Las
cuentas hablan claro. Durante marzo se perdieron depósitos y reservas
internacionales por más de 3.000 millones. Eran recursos que estaban en el
sistema financiero local y que retiraron grandes inversores cambiándolos por dólares
que tuvo que vender el Banco Central. Estos fondos al salir del mercado local
podría considerarse que generaron un "ataque" especulativo
orientado a provocar una devaluación o incluso
la generalización de la dolarización. Una u otra de las variantes
expresan intereses materiales concretos. En ese marco, Cavallo aceleró la
legalización de su propuesta de canasta de monedas, por ahora restringida a
partes iguales de dólar y de euro tratando de frenar el accionar de operadores
financieros, que en su momento se ubicaron en Brasil (luego se aclaró que se
hablaba de especuladores) y luego en el innominado mercado global de capitales.
El ministro no se cansa de decir que esos apostadores perderán ya que el BCRA
venderá todos los dólares que constituyen la reserva, si es que son requeridos
por actuales tenedores de moneda local. La crisis es profunda y la convertibilidad sólo
funciona mediante el incesante ingreso de capitales. El flujo de fondos que
lubricó la primera etapa del menemismo y la reelección parece haberse
detenido. El mecanismo alterno del endeudamiento también está, a su vez, en
crisis. Por un lado, se reconoce la imposibilidad de continuar sustentando el
pago de los intereses con el equivalente a un 22% del gasto presupuestado para
el presente año es decir más de 11.000 millones, que representan casi el doble
del gasto salarial del Estado Nacional. Por otro lado, el blindaje constituye la
salvaguarda de los pagos de la deuda para el periodo 2001/2002. Siempre y cuando
se materialicen los cambios comprometidos con el FMI. Sin ajuste en profundidad,
tal como lo explicitó López Murphy y sin reformas de segunda generación, en
lo previsional, la educación, la
salud, el dinero no alcanzará para cubrir las necesidades de financiamiento. Se
comprende así el porqué del
requerimiento de facultades especiales solicitadas por el Poder Ejecutivo y
otorgadas por el Legislativo. Caminos cruzados
Resultan por lo tanto claras cuales son las características
de la crisis y cuales las dificultades que se le presentan al poder económico
para superarla. Las soluciones que
se intentan antes que resolverlas profundizan la brecha entre pocos que tienen
mucho y una cantidad cada vez mayor de
quienes progresivamente pierden ingresos, empleos y calidad de vida. Es un
sendero que se puede transitar porque no existen, alternativas políticas
visibles para la mayor parte de la sociedad, particularmente para aquella que,
en distintos niveles, protagoniza la resistencia. Sin embargo afortunadamente
comienzan a visualizarse algunos esbozos de propuestas diferenciadas, que
articulan propuestas concretas con sujetos que las sustentan. Una de ellas es la
que inicialmente impulsó la CTA y que ahora asume un conjunto de
organizaciones, entre las que se destacan la Federación Agraria Argentina, la
Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios, el Instituto Movilizador de Fondos
Cooperativos planteando la conformación de un movimiento político que impulse
la consulta popular con el objeto de instalar un Seguro de Empleo y Formación
para cada jefe/a de familia desempleado y una asignación para los menores de 18
años. Es una propuesta concreta que afecta recursos del
presupuesto actual, incluye una
reforma tributaria de carácter progresivo y a la vez, organiza sujetos desde el
punto de vista político. Actúa con propuestas concretas y con la movilización
de personas con reclamos muy específicos que apuntan a resolver al menos en la
coyuntura el problema del empleo. En tanto iniciativa apuntala procesos de
resistencia, contribuye a la organización de las propias entidades que los
promueven y realiza un ejercicio ideológico y propagandístico destinado a
conformar una masa crítica capaz de disputar la alternativa. El tema ha sido
abordado también desde los Encuentros por un Nuevo Pensamiento, impulsados
también por la CTA y en los que, no casualmente, se analizan las relaciones
entre el Movimiento Social y la Representación Política. Nadie duda que la
representación política está también en crisis. El interrogante y las
expectativas están puestas en la posibilidad de construir una propuesta política
de carácter alternativo que sea capaz de articular el fragmentado arco que
expresa a la izquierda en sus diversas variantes, en tanto organizaciones políticas,
sociales e incluso de determinadas personalidades. Esa cultura desarticulada y sin referencia propia
vislumbra estímulos internacionales que aún no han logrado insertarse
totalmente en la Argentina. Son su testimonio
los ejemplos de protestas globales que recorren el panorama mundial.
Desde Seattle a Porto Alegre, más recientemente contra el ALCA, en Buenos Aires
y próximamente en Canadá. Así como el poder económico y político recorre su
camino y ensaya respuestas acordes con sus necesidades, éste es también un
tiempo de experimentación de respuestas sociales y políticas que hoy anima el
movimiento popular. Buenos
Aires, 17 de Abril de 2001. * Profesor Titular de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario. Director del Centro de Estudios de la FJA y miembro del Consejo de Dirección del Instituto de Estudios de la CTA. Director del Instituto de la Cooperación. Miembro de ATTAC-Argentina. |