La verdad sobre la yerba mate

Como si el único problema de fondo fuera "la canasta familiar" en los grandes centros urbanos, el debate instalado en los medios de comunicación sobre los acuerdos de precios en distintos productos alimenticios deja de lado, en el caso de la yerba mate, a 13.000 familias de pequeños productores.
El facilismo mediático establece que la yerba aumenta porque se incrementa el precio de la hoja verde, dando por descontado que ese valor queda en el bolsillo del productor. Pero no es así. El colono misionero cobra, si tiene suerte, dentro de los 240 días, y lejos estará de percibir el precio regulado.
Además, la yerba mate, que es el único producto de la canasta familiar con estampilla fiscal, sufre una tremenda carga impositiva. En base a los mil millones de pesos estimados que movería la yerba mate este año, la recaudación impositiva alcanzaría los $240 millones, es decir, el doble que la correspondiente al año 2002.
El estampillado, que pagamos los millones de argentinos que tomamos mate, sirvió para sostener -con los $8.500.000 recaudados en el 2004- al directorio del INYM (Instituto Nacional de la Yerba Mate), es decir, para consolidar la privatización del control impositivo, porque lo único que hace el INYM es el control fiscal.
La realidad indica que desde la creación del INYM no se ha logrado controlar ni fijar el precio justo, mientras que las grandes empresas aumentaron su participación en el mercado con precios de hambre y sometimiento. Se trata de los mismos grupos empresarios que en 1990 impulsaron, en complicidad con el gobierno menemista, la desregulación del mercado y la desaparición de la Cámara Reguladora de Yerba Mate (CRYM).
La grandes industrias oligopólicas que integran el proceso completo de la yerba (producción primaria, secadero, molinos y comercialización), fijan las reglas de juego a trave's de sus representantes en el directorio del INYM y son las que, junto a los hipermercados, actúan como formadores de precios.
El Movimiento Agrario de Misiones (MAM) y sus organizaciones amigas están de acuerdo con la regulación, pero aplicada en el marco de una política integral de apoyo a la producción familiar, sin la que no será posible, en definitiva, que el conjunto de los sectores pueda sobrevivir. Los pequeños productores familiares yerbateros pierden sus chacras a manos del poder cada vez más concentrado de quienes controlan la economía de la provincia, transformando miles de fuentes de trabajo en un puñado de poderosos millonarios.
Pretender justificar el aumento de la yerba mate con el doble discurso que habla del beneficio al pequeño productor mientras lo condena a la marginalidad y la exclusión, es un nuevo paso en la consolidación de un modelo económico profundamente injusto, al que se debe cambiar con hechos, no con palabras.

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