El petróleo es el futuro
Roy Daza


Durante más de un siglo, la fuente principal de energía que mueve la maquinaria industrial y de servicios del mundo es el petróleo. No existe, hasta ahora, ningún descubrimiento científico tecnológico que permita afirmar que los hidrocarburos puedan ser sustituidos como factor energético y, muy por el contrario, todos los datos indican que la demanda se incrementará en las próximas décadas.

La guerra en Irak no es sólo por el control de sus ricos yacimientos, tal y como lo dice Ignacio Ramonet, quien le atribuye condicionamientos ideológicos a la incursión estadounidense en el Oriente Medio, pero es inocultable que la calidad y cantidad del petróleo iraquí es uno de los objetivos del Presidente George W. Bush y de los llamados halcones de la Casa Blanca, para invadir a una nación y comenzar a transitar la ruta de incertidumbres que es hoy Irak.

El fracaso de la estrategia insurreccional diseñada por la oposición contra el gobierno del Presidente Chávez, tanto en abril del año pasado, como en el paro petrolero de diciembre de 2002 y enero de 2003, también señala un nuevo momento político en Venezuela. La élite que controlaba a Petróleos de Venezuela desde la nacionalización, puso en marcha un plan que consistió en la paralización de la producción de petróleo y gas, con lo que detenían las refinerías, entre ellas la más grande del mundo, la de Paraguaná, bloquearon todos los puertos con tanqueros llenos de gasolina, amenazando directamente a ciudades enteras como Maracaibo, Puerto Cabello y Barcelona/Puerto La Cruz; aplicaron también el sabotaje tecnológico a gran escala, en medio de la más grande y sistemática campaña a través de poderosos medios de comunicación que se haya conocido en la historia moderna. Aunque la paralización del país fue por poco tiempo y los venezolanos resistieron los embates, el daño económico resulta incalculable, algunos mencionan que fue de unos nueve mil millones de dólares. Con el paro alcanzaron detener la producción para el mercado interno, detener las exportaciones y crear un colapso financiero de grandes proporciones, dado que el ingreso principal de Venezuela, como es conocido, depende de la exportación de crudo. Caídas las exportaciones se cayeron los ingresos dramáticamente.

No tiene nada de casual que la primera medida adoptada por el gobierno de facto que se instaló por 47 horas en abril del año pasado, haya sido la derogación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el desconocimiento de todos los poderes electos y la derogatoria de las leyes, entre las cuales, la Ley de Hidrocarburos es la más importante.

Con la nueva Ley de Hidrocarburos, puesta en vigencia el 1º de enero de 2002, se rescataba para la nación la propiedad de los yacimientos, se establecían reglas claras para los inversionistas extranjeros, se inicia el rescate de los ingresos petroleros y se establece la participación del empresariado nacional en el negocio petrolero. Un nuevo modelo de desarrollo se enuncia con la nueva Ley y quedan claros los derechos de todos los venezolanos, frente a un negocio como el petrolero, que siempre ha sido global.

La revolución tecnológica, centrada en las nuevas tecnologías de la información, que dinamiza de manera extraordinaria el proceso de reestructuración del capitalismo de los últimos decenios del siglo XX, la configuración de una nueva economía, que emerge precisamente de los cambios operados y del nuevo mapamundi político que surge con la desaparición de la Unión Soviética y la hegemonía ideológica del neoliberalismo, sigue teniendo una base material objetiva que debemos analizar como tal y que influye de manera determinante en los procesos económicos y políticos: el petróleo es la fuente de energía de la nueva y de la vieja economía capitalista.

Cuando Manuel Castells habla de la globalización asimétrica o restringida, que conviene e interesa a las empresas y gobiernos de los países económica y militarmente dominantes, pero no a la inmensa mayoría de naciones del planeta, pone en duda la sostenibilidad del proceso globalizador, hay que apuntar que en el campo de la energía dos planteamientos entran en confrontación; de una parte, la posición hegemonista representada por la Agencia Internacional de Energía y, de la otra, la política de equilibrio y estabilización del mercado que viene impulsando con éxito la Organización de Países Exportadores de Petróleo y otros productores NO OPEP con diferentes grados de participación.

Mientras la OPEP tiene como línea la estabilidad del mercado energético internacional, va ganando respaldo en todas las esferas, incluso, en los países que requieren de más petróleo para el sostenimiento de sus economías. Cualquier análisis que pretenda clarificar objetivamente la situación mundial, ha de tomar en cuenta el complejo sistema de contradicciones en el mundo petrolero.

Hagan lo que hagan los países consumidores dentro de su área, su acción nunca será suficiente puesto que su base de recursos naturales es insuficiente: el 76% de las reservas mundiales de petróleo crudo se encuentran dentro del área de la OPEP, y otro 6% se encuentran en la ex Unión Soviética; en el caso del gas natural, una de las fuentes de energía de importancia potencial similar al petróleo crudo, con reservas mundiales equivalentes a un trillón de barriles en números aproximados, la OPEP y la ex Unión Soviética controlan, respectivamente, el 42 y 39% del total. (Bernard Mommer, Petróleo global y estado nacional. 2003).

Con la nueva situación que se crea a fines de los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, una compleja combinación de acontecimientos políticos, hechos geológicos y actividades económicas, hicieron posible que la producción OPEP llegara a un 14%, cifra por demás extraordinaria y el aumento exponencial de los precios del crudo o lo que se conoce como la revolución de la OPEP; cuando se afianzan las nacionalizaciones y los países productores le ganan una larga batalla a las compañías concesionarias, las llamadas Siete Hermanas. Además de hechos políticos como el embargo petrolero de los países árabes y los procesos internos de cada nación, hay que señalar un hecho decisivo: las sobrecapacidades de los EE.UU. desaparecieron, y las importaciones netas de petróleo, que habían subido de cero en 1947 a 2,8 millones b/d en 1970, ahora se dispararon a 5,7 millones b/d en 1970 (ob.cit). Acto seguido se registra un vertiginoso crecimiento de la producción de la OPEP, para cubrir la creciente demanda.

Ante la situación planteada a escala mundial, las naciones industrializadas, particularmente las que integran la OCDE, definen una línea de acción dirigida a minimizar o neutralizar las acciones de la OPEP, avanzan en varios terrenos, entre otros, cambios tecnológicos de significación para reducir el uso de petróleo, así como también, la exploración en el Mar del Norte y en Alaska, a pesar de los grandes esfuerzos financieros y técnicos que ello significa. El plan de la AIE no se detiene y tendrá expresión en los sucesos recientes en Venezuela y el mundo.

Recuperando el ingreso petrolero.

Luego de la nacionalización petrolera en 1976, comenzó a operar un plan a largo plazo de grandes dimensiones. Se configuró una alianza estratégica entre las grandes corporaciones petroleras internacionales, los países consumidores y la élite de PDVSA. Para los años ochenta, se inició el proceso de internacionalización petrolera que resultó ser la más grande transferencia de recursos en dirección sur norte de la que se tenga noticias, según la investigación realizada por el doctor Juan Carlos Boué. Con la internacionalización se ponía en marcha un mecanismo mediante el cual se trasladó ganancias fuera del control del Estado, con precios de transferencia (precios cargados a las filiales de la misma PDVSA en el exterior). Con el objetivo de impedir que el Estado controle los recursos petroleros, la élite de PDVSA aplica esta política, que le permite colocar activos fuera del país. A manera de ejemplo cabe destacar la compra de 19 refinerías ubicadas en Estados Unidos, Islas Vírgenes, Antillas Neerlandesas, Alemania, Bélgica y Suecia. La misión general del plan de la élite que controló PDVSA era debilitar progresivamente al Estado y eliminar a todos los factores que hicieron posible, jurídica y políticamente, la nacionalización.

Ya en la década de los 90, los pasos de la élite de PDVSA, bajo la conducción de Andrés Sosa Pietri y de Luis Giusti, son mucho más audaces. Avanzan en la llamada apertura petrolera y anuncian la privatización parcial de la industria.

La agenda secreta de PDVSA dejó de ser tan secreta. En esos mismos años, proponen desde distintos ángulos, a través de una campaña comunicacional de gran envergadura, la separación de Venezuela de la Organización de Países Exportadores de Petróleo. Con el programa de la apertura dan un nuevo paso en función de lograr que los inversionistas extranjeros se posesionen de nuevo de la exploración y producción de crudo y utilizan para ello la vía de la explotación de la Faja Bituminosa del Orinoco. La apertura petrolera se desarrolló bajo la modalidad de treinta convenios operativos, ocho convenios de ganancias compartidas y cuatro asociaciones estratégicas.

Como se trata de la confrontación entre las tesis neoliberales y las que reivindican la propiedad de la nación sobre los yacimientos de hidrocarburos, toda la legislación de la apertura se centró en la liquidación de la regalía y de otros impuestos. Hay que decir que este plan contó con el apoyo de las cúpulas de los partidos Acción Democrática y de COPEI (demócrata cristiano) y ciertamente supo aprovechar la crisis política que se expresó con fuerza en 1989 y 1992, con un alzamiento espontáneo en el primer caso y con la irrupción militar encabezada por Hugo Chávez.

La crisis estructural de la economía y la sociedad venezolana, aún no superada y que puso de relieve el debate sobre el modelo a seguir, sobre el proyecto de nación que debía adoptarse, tiene su base en la brusca caída del ingreso petrolero. Con la internacionalización y la apertura la élite de PDVSA logró que los ingresos estuvieran cada vez menos en manos del Estado y más en manos de las corporaciones. Para este momento ya se preparan a entrar en la fase definitiva: la toma del poder político. Es así como surge la proposición de la candidatura de Luis Giusti, a la Presidencia de la República.

Así vemos cómo el ingreso bruto por la producción de hidrocarburos en 1981 llegó a 19,7 millones de dólares estadounidenses y PDVSA pagó al fisco US$ 13,9 mil millones, mientras que en el año 2000, la producción llegó a un nivel histórico de US$ 29,3 mil millones y PDVSA pagó al fisco sólo US$ 11,3 mil millones. PDVSA pagó en 1981 al gobierno 71 céntimos en renta, regalía e impuestos, pero sólo 39 céntimos en 2000, explica Mommer en su conocido artículo Petróleo Subversivo. La observación científica de estos fenómenos, aún más cuando conocemos la estrategia de la AIE de capturar la agencia, como lo hicieron con PDVSA, permite afirmar que la caída del ingreso petrolero se debe a la aplicación de una estrategia que buscó debilitar progresivamente al Estado, política que se concreta en la internacionalización y en la apertura.

La quiebra institucional, el colapso del sistema político anterior al que enuncia la Constitución Bolivariana, la exclusión social a la que es sometida una parte significativa de la población, son fenómenos estrechamente vinculados a la estrategia trazada por la élite de PDVSA y sus aliados internos y, sobre todo, externos.

La recuperación del ingreso petrolero tiene una base política en la contundente derrota que sufrió la élite que ahora está fuera de Petróleos de Venezuela y sus aliados de la Coordinadora de Oposición, en el paro de diciembre / enero; en las medidas acertadas de la gerencia que actualmente dirige a PDVSA y en la aplicación de la Ley de Hidrocarburos.

Ahora, el pueblo venezolano tiene su petróleo con la recuperación del ingreso, vale decir: con el cobro de la regalía, los impuestos y los dividendos de la estatal petrolera nacional.

El equilibrio del mercado.

En materia petrolera, el Presidente Hugo Chávez viene desarrollando una política consistente y de carácter nacional. El primer paso del gobierno de Chávez desde 1999, fue la de alcanzar un acuerdo sólido entre las naciones que conforman la OPEP, superando las inocultables diferencias existentes para ese momento y aplicando medidas para enfrentar la aguda caída de los precios del petróleo en 1998 y la primera parte de 1999.

Venezuela, por intermedio del ministro Alí Rodríguez Araque, propuso y aprobó la política de la banda de precios, entre 22 y 28 dólares, que se ha sostenido en el tiempo, dado que está cimentada en el estudio sistemático de los fundamentos del mercado. Esta política hizo posible un comportamiento equilibrado del mercado y que estrechara aún más la unidad entre los países miembros de la OPEP, cuyos Jefes de Estado y Soberanos se reunieron en Caracas, en septiembre de 2000, encuentro que sirvió para trazar una estrategia a largo plazo.

Los terribles acontecimientos ocurridos en Nueva York por el ataque terrorista el 11 de septiembre afectaron los precios pero de manera coyuntural, como bien lo explicara el ministro Álvaro Silva Calderón ese mismo día. Lo mismo ocurrió en los días del anuncio e inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irak, pero lo cierto es que más allá de esas coyunturas, se ha mantenido el precio del barril en la banda.

La recuperación del ingreso petrolero para la nación también está vinculada a la política de cooperación entre los productores de petróleo, dentro y fuera de la OPEP y la estable relación que mantenemos con nuestro principal socio comercial petrolero: los Estados Unidos.

En la misma dirección se ubica la política de encontrar áreas de cooperación entre la OPEP y el conjunto de los productores y los países consumidores, tal y como quedó expreso en los avances de las cumbres de Ryad y Osaka. Por ejemplo, es importante anotar que algunos de los voceros calificados de la Unión Europea califican como positiva la política de equilibrio del mercado adoptada por la OPEP y las múltiples reuniones que se mantienen con productores de crudos como la Federación Rusa, Noruega y México.

Estas posturas son posibles en un mundo que se muestra cada vez más multipolar y en momentos en los cuales se desarrollan diversas iniciativas dirigidas a resolver problemas globales, entre ellos, el uso racional de los hidrocarburos.

La particularidad del desarrollo del capitalismo en Venezuela, que lleva a la conceptualización del mismo como capitalismo rentístico, parte del análisis de la base material del mismo y de la correcta ubicación de los actores que conviven en el escenario petrolero mundial, a saber: el propietario del recurso, el inversionista y el consumidor. El primero de ellos reclamará siempre una mayor contribución por el acceso al recurso natural; el inversionista por obtener las mayores ganancias por su capital invertido y los consumidores por alcanzar precios accesibles.

En la condición de nación propietaria de los yacimientos, es de suma importancia reivindicar los que Mommer llama el dominio eminente del Estado y en este sentido aporta: Los derechos de dominio eminente son esencialmente tres, a saber: el derecho de cobrar impuestos o de demandar contribuciones en servicios como los de tipo militar, el derecho de expropiación, es decir, la potestad de revocar los derechos concedidos u otorgados; y el derecho a la supervisión, es decir, de control y regulación (ob.cit) El reconocimiento de esta realidad y el estudio de las tendencias generales de la situación, le ha permitido al gobierno del Presidente Chávez, no sólo una correcta ubicación, sino también, haber derrotado en el terreno político a quienes en un pasado reciente impulsaron la agenda neoliberal, desde el seno mismo de PDVSA.

El nuevo consenso

La política petrolera venezolana ha de servir igualmente para la generación de consensos. La alianza entre el Estado y los sectores privados que participan y participarán en el negocio petrolero, dando paso a una nueva realidad económica del país, que estuvo negada, hasta ahora, por los designios de las políticas neoliberales, que sólo veían como factible y posible que las grandes empresas internacionales participaran del negocio, dejando de lado al capital nacional.

En el marco de la política de internalizar el petróleo y con la activa participación del capital nacional es posible en breve plazo incorporar nuevos factores productivos, tanto en la producción de crudos como de gas. Mejorar sustancialmente la cesta de exportación de Venezuela. Vale una explicación: en este momento Venezuela produce el 60% de crudos y el 40% de productos, la sola inversión de esos términos representa una revolución productiva de grandes dimensiones. Así, también, resulta de capital importancia la industrialización de los 187 derivados del petróleo que es posible industrializar, entendiendo que es ésta una industria industrializadora por excelencia y que la sola puesta en marcha de su plan de negocios, representa una dinamización extraordinaria de la economía.

La proposición presentada por Alí Rodríguez Araque de invertir las prestaciones de los trabajadores en la industria petrolera, la más rentable del país, incorpora un nuevo elemento en el camino de internalizar el petróleo, teniendo como base el criterio según el cual, el sector petrolero de la economía nacional y el sector no petrolero forman parte de un todo y no son excluyentes. Quienes sostuvieron en el pasado que la superación del capitalismo rentístico hacia un capitalismo productivo implicaba el desarrollo del sector no petrolero, no pudieron sembrar el petróleo, parafraseando a la consigna lanzada por Arturo Uslar Pietri desde los años treinta.

Hay que sembrar el petróleo pero en estaca no regando semillas y con la participación del capital nacional, de los trabajadores y del Estado. En síntesis, el sector petrolero y el sector no petrolero de la economía nacional forman un conjunto orgánico, de no tener claridad sobre esa característica particular de nuestra realidad, erraremos en la puesta en marcha de un plan de desarrollo a gran escala, combinado con una política internacional petrolera acertada y en medio de las amplísimas posibilidades que pudiera brindar la integración latinoamericana.

Una estrategia económica de tal magnitud se apoya en hechos objetivamente constatables. Cuando se analiza el mercado petrolero, muchos son los elementos a tomar en consideración, entre ellos la demanda. Las posibilidades de expansión cualitativa y cuantitativa de los planes petroleros del país se apoyan en un criterio de equilibrio entre los factores que lo componen, en el hecho geográfico de contar con las mayores reservas de hidrocarburos en el hemisferio occidental y, según las estimaciones de la OPEP, para el 2010 el mundo requerirá de 89 millones b/d, y para el 2020, la demanda mundial será de 106 millones de barriles diarios.

La transición de una economía rentista a una economía productiva depende de muchos factores relativos a la economía política, en el caso venezolano, la inserción global de la economía petrolera condiciona dicho tránsito histórico, pero lo cierto es que están dadas las condiciones internas para que se produzca un consenso nacional, una política de Estado, pensada a largo plazo, que tenga como base la Ley de Hidrocarburos, en la que se combina la correcta utilización de la renta petrolera y la recuperación para la nación de la misma y la puesta en juego de los factores productivos que intervienen e intervendrán en el relanzamiento productivo de la nación.

El consenso político alcanzado en los últimos meses, en cuanto a la utilización de los canales constitucionales para dirimir las diferencias y todo lo que aporta la política petrolera en marcha, está dirigido a alcanzar un gran acuerdo nacional, tanto en el fortalecimientote la democracia política, como en la revolución productiva que es posible en el área de los hidrocarburos.

En la frase de Asdrúbal Baptista, la renta del petróleo no es el futuro del país, pero sin la renta petrolera no tenemos futuro, se resume la contradicción dialéctica sobre la que está cimentado el camino a seguir.

Bibliografía.

-Baptista, Asdrúbal. Marcas en un calendario. Artículo publicado en el libro Venezuela en Oxford.1999.

-Boué, Juan Carlos. 2002. El programa de internacionalización de PDVSA: ¿triunfo estratégico o desastre fiscal? Caracas. Revista venezolana de Economía y Ciencias Sociales. Nº 2. Mayo agosto de 2002. UCV.

-Daza, Roy. La revolución productiva y los hidrocarburos. Material mimeografiado. (marzo 2003)

-Mommer, Bernard, 2003. Petróleo Subversivo. Publicado en Internet en enero de 2003.

-Mommer Bernard. Petróleo global y estado nacional. 2003. Caracas. Comala.com.

-Ley Orgánica de Hidrocarburos. 13 de noviembre de 2001. Edición publicada por la Dirección de Asuntos Públicos del MEM. Enero de 2002.


Este artículo fue publicado en la revista Question, Número 18, en diciembre de 2003