¿INSUFLAR UN NUEVO ESPIRITU A LA POLITICA NEOLIBERAL?

ATTAC-Suiza asume posiciones sobre el “espíritu de Davos” y otros “temas” arrojados desde arriba

Berna, 10 de enero de 2002 – Conferencia de prensa “Otro Davos”

  1. Desde que comenzaron a acrecentarse las protestas contra la mundialización, los gobiernos, las instituciones internacionales como el FMI, la OMC y el Banco Mundial y las organizaciones privadas de los círculos dirigentes como el Foro Económico Mundial (WEF) están rivalizando en el ofrecimiento de un “diálogo” a los “representantes de la sociedad civil” y al movimiento “antiglobalización”
  2. Rechazamos estas ofertas de “diálogo”, “mesas redondas” y otros “temas” arrojados desde arriba tanto en el nivel internacional como en el nacional. Nuestra reflexión y nuestras propuestas se dirigen a los asalariados, a los oprimidos y a los explotados, a los despojados  y a los privados de sus derechos. Se trata de crear espacios de discusión de alternativas de fondo sobre la mundialización del capital y de desarrollar un movimiento internacional autónomo “nacido desde abajo” Este es el único camino posible para cambiar la relación de fuerzas y lograr las reivindicaciones orientadas a desarrollar nuevas formas de organización de la economía  y de la sociedad que respondan a las necesidades de los seres humanos. No estamos dispuestos a participar de la actualización del “espíritu de Davos” de dirigentes harto conocidos y considerablemente envejecidos. Trabajamos por el contrario en la puesta en marcha de Otro Davos conducido por otras fuerzas sociales y no la de los global leaders. Otro mundo es posible y necesario. Este mundo no será creado por los medios dirigentes, sino que surgirá del fruto de las experiencias y de las luchas de todos los y las que combaten la “privatización de nuestro porvenir” de manera que podamos tomarlo entre nuestras manos y decidir colectivamente sobre ese porvenir.

 

3.   ¿ Ha existido nunca mejor estrategia para quebrar un movimiento en crecimiento

             que integrar a “algunos” de sus representantes al intercambio (N.de T.:de ideas) y calificar a    los sectores que rechazan ese diálogo como “violentos” o “destructivos” combatiéndolos mediante la represión? Como el “desorden” internacional, a la luz de la evolución bélica y de las cada vez más graves crisis económicas puede servir cada vez menos de “garantía para la prosperidad de todos”, se están actualmente poniendo en marcha importantes iniciativas tendientes a insuflarle un nuevo espíritu a las estrategias de dominación. El objetivo de estos esfuerzos integracionistas es tratar de otorgar legitimidad  a las fortalecidas políticas de privatización, de desmantelamiento social y de despidos en masa. El movimiento contra la mundialización del capital se halla enfrentado al desafío de responder a estos aparentes “reproches llegados desde arriba”. No debe permitir  una escisión del movimiento ni dejar que los instigadores del “diálogo” desvíen nuestra atención de la realidad.

  1. También en Suiza las autoridades siente la necesidad de otorgar a la política reinante y a  sus “medidas represivas de acompañamiento”  una nueva legitimidad. La imposición del estado de sitio, en oportunidad de la reunión anual del WEF (FEM) el año pasado, provocó indignación en amplios sectores de la población. Para asegurar a los responsables del WEF que sus huéspedes podrán sentirse nuevamente “cómodos” en el alto valle de Davos durante el invierno del 2003 ( según la fórmula del profesor Schwab) no basta con perfeccionar los instrumentos de represión existentes  (Policía federal, nueva ordenanza de policía en Grison). En paralelo con esta propuesta, se le encargó al antiguo delegado del Consejo Federal  responsable del asilo  (N. de T. A extranjeros) Peter Arbenz – cuya sistemática política de desmantelamiento del derecho de asilo fue absolutamente digna de la “tradición humanitaria suiza” elaborar una plataforma, provisoriamente titulada “El espíritu de Davos” destinada a establecer un “diálogo” con los “representantes de la “sociedad civil” limitándolo naturalmente a aquellos que están interesados en una “confrontación no violenta”. Lo que sin duda permitirá deducir que aquellos que no participen en dicho diálogo no están interesados en plantearse una “confrontación no violenta” y que por consiguiente se trata de elementos peligrosos, contra los cuales habrá que  instrumentar medidas represivas.
  2. Nosotros no creemos que exista la posibilidad de un verdadero diálogo con quienes atacan a las poblaciones de muchas regiones del mundo; con quienes despiden a decenas de millares de personas para aumentar sus beneficios; con quienes saquean los recursos del planeta sin la menor consideración por las consecuencias, ecológicas, económicas y sociales; con quienes en nombre de la “lucha contra el terrorismo” aprueban la limitación o la suspensión de los derechos fundamentales más elementales y apoyan, finalmente, las luchas contra el movimiento contra la globalización del capital. Tales círculos e instituciones (WEF, FMI, Banco Mundial, OMC, etc)  representan exclusivamente los intereses de una pequeña  minoría de potentados, de dirigentes de grandes empresas y de inversores en gran escala. En los países del Sur, imponen medidas de austeridad en los sectores sociales con el objeto de asegurarse el pago de los servicios de la deuda. Esta política reduce a la miseria  a una gran cantidad de seres humanos como lo testimonia el impactante  caso de Argentina. Estas instituciones defienden un proyecto de sociedad que se encuentra en el polo opuesto de las reivindicaciones planteadas por los movimientos sociales y no puede incorporar estas reivindicaciones sin renunciar a sus propios fundamentos. El hecho de que las “consecuencias negativas de la globalización” sean evocadas cada vez más a menudo es debido a que ya es imposible ignorarlas. El aparente “diálogo entre culturas” esconde el hecho de que la globalización del capital solo reconoce la maximización de los beneficios como supremo principio del accionar humano. Este principio amenaza a las culturas “subalternas” y favorece al mismo tiempo fenómenos reaccionarios como los distintos integrismos religiosos. Las actuales condiciones permiten solo el establecimiento de un diálogo aparente, que esconde las realidades y las verdaderas intenciones de sus instigadores, reduce los problemas políticos a actitudes y sentimientos individuales (por ejemplo la sensibilidad y la generosidad de Soros y de Gates), genera ilusiones y esperanzas infundadas y  mantiene un orden económico y social injusto.