|
|
|
Se viene el ALCA
(Area de Libre Comercio de las Américas)
Julio C. Gambina*
En
la ciudad canadiense de Québec se realizará en abril Se
trata de una estrategia estadounidense que busca afirmar su hegemonía en la
región geográfica más cercana a su territorio y se inscribe en la disputa por
la dominación regional y mundial que sostiene con la Unión Europea y el Japón.
Cuenta a favor con los intereses de las transnacionales originarias de los EEUU
radicadas en nuestros países y de aquellas que buscan nuevos mercados. Se suma
a ello el peso del gobierno de los EEUU en la conducción de los organismos
financieros internacionales, particularmente el FMI y el BM. Pero también debe
adicionarse el común denominador de las políticas económicas que son hegemónicas
en América Latina y el Caribe, proclives a la apertura económica, la
desregulación y el aliento a la iniciativa privada. Todos instrumentos que
favorecen el interés por establecer una zona de libre mercado desde Alaska
hasta Tierra del Fuego. ¿Qué
integración? Un
interrogante que es necesario formular requiere indagar sobre los porqué una
categoría propia de la independencia latinoamericana, como la integración, es
hoy asumida por la tríada de poder que se expresa en la región: el gobierno de
EEUU, el capital más concentrado y transnacionalizado, incluyendo aquellos de
origen local y los gobiernos de nuestros países. Y por supuesto, se asume con
otro sentido. No ya para fomentar la independencia económica, sino para
profundizar lazos de dependencia y subordinación del consumo y la inversión a
las demandas del Imperio. Aunque hablamos de economía y particularmente de
comercio, bajo las formas de importaciones, debe apuntarse el impacto cultural
que supone el consumo de mercancías que expresan la generalización de un
determinado modo de vida. No sólo es cuestión de hamburguesas, sino que también se trata de la industria cultural que proveen
el cine, los medios de comunicación, la música, el arte, etc. De
categoría programa, sostenida en las propuestas antiimperialistas y contra la
dependencia económica de los EEUU, la integración fue apropiada en el púlpito
de la globalización, en tanto inserción subordinada en las condiciones de la
acumulación capitalista resultante al final de la bipolaridad mundial previa a
los noventa. El camino recorrido en esta senda de integración subordinada
impulsó en cada país a la baja de los salarios directos e indirectos y a la
recomposición de la tasa de ganancia de empresas de elevada composición orgánica
de sus capitales. Esa baja salarial se expresa tanto por las modificaciones de
la relación entre las patronales y los trabajadores, como por las formas de
organización del trabajo y las distintas maneras de flexibilización, las que
han contribuido a la precariedad laboral, la informalidad en el empleo y el
desempleo. Pero también en la disminución relativa de los gastos públicos
sociales en materia de alimentación, educación, salud, vivienda y otros que
hacen a derechos y necesidades esenciales de la población. El
propósito implícito de ese recorrido se hizo para allanar el camino a las
inversiones en la región y la lubricación de la circulación de dinero,
capitales y mercancías, incluyendo aquellos que se negocian en el mercado
paralelo o irregular y demandan luego maniobras de “lavado”. Sólo en
Argentina y en la década del 90 ingresaron 180.000 millones de dólares, con
destino principal en la compra de empresas públicas privatizadas, empresas de
capitales privados locales; al mercado especulativo y bajo la forma de préstamo,
principalmente al Estado. Es cierto también, que por imperio de la apertura de
la cuenta de capitales resulta importante la salida de capitales al exterior, ya
sea en concepto de intereses pagados de la deuda externa, como remesas de
utilidades al exterior y también como fuga de capitales. La hegemonía integral El
ALCA es una estrategia que se articula con otras iniciativas norteamericanas y
que involucran a los gobiernos de nuestros países. En ese sentido se inscribe,
especialmente la Argentina, en tareas de gendarme mundial asumida por las tropas
norteamericanas, algunas de cuyas misiones fueron encubiertas bajo formas de
ayuda humanitaria. Pero también es el caso de la intromisión directa en la
zona, a la que pretende asociar a los gobiernos de Latinoamérica, tal como el
bloqueo a Cuba desde hace años y ahora acontece con el Plan Colombia. Puede
afirmarse que es parte de una escalada integral para afirmar hegemonía económica,
política, militar y cultural en un territorio que EEUU ha considerado siempre
como propio. Debe
considerarse al NAFTA, o Tratado de Libre Comercio del Norte entre EEUU, Canadá
y México como un ensayo general, ya que había dudas de la integración
mexicana al bloque en cuestión. La experiencia desarrollada desde su inicio es
altamente favorable a las clases dominantes de esos países, con movilidad de
capitales en la búsqueda de reducir la inversión en fuerza de trabajo y
elevando la tasa de explotación y con ella la tasa de ganancia. Desde la
producción industrial bajo la forma de “maquila” y la transferencia de fábricas
“sucias” en territorio mexicano, el resultado ha sido de incremento de la
rentabilidad de los capitales y un fuerte aliento al comercio de producción
estadounidense en la zona. Pese
a los intentos de Chile e incluso del MERCOSUR por ser partes del acuerdo
comercial del norte, la realidad de la disputa política al interior de la
hegemonía de EEUU, entre republicanos dominando el Congreso y demócratas en el
Ejecutivo, ha demorado todo proyecto por acelerar los términos de la vinculación
comercial y económica de Norteamérica con la región latinoamericana y caribeña.
En esas dificultades es que ha encontrado eco el avance de proyectos de
integración regional, los que han estado muy lejos de los objetivos que dichos
programas tuvieron en anteriores épocas, incluso aquellos que entusiasmaron a
las burguesías industrialistas y a los gobiernos desarrollistas en las décadas
de los sesenta y setenta, incluso hasta los ochenta. La
realidad dominante en los acuerdos integradores tienen el sello de la hegemonía
del pensamiento neoliberal que impregna la experiencia de los acuerdos más
recientes, tal el caso del MERCOSUR, que ha servido de experiencia para la
adecuación de los protocolos de otros emprendimientos similares con vigencia
anterior, tales como el Mercado Común Centroamericano y la Comunidad Andina de
Naciones. Todos estos acuerdos tienen un grado de contradicción con las
aspiraciones de la estrategia de los EEUU y sin embargo están muy lejos de
expresar intereses confrontados. Es que han sido configurados en coherencia con
las políticas dominantes y se han constituido en un mecanismo adecuado para
favorecer la inserción de los capitales más concentrados de los países
miembros en cada tratado de integración. Es así como los trabajadores y otros
actores sociales subordinados se encuentran muy lejos de percibir beneficios de
los mecanismos de integración regional. Esa
es la razón por la que a muchos sorprendió la simultaneidad del reclamo de los
aborígenes y campesinos de Chiapas con la inauguración del tratado de
integración del norte. Allí quedaba claro quiénes eran los excluidos de una
propuesta que satisfacía a las clases dominantes. Debe reconocerse en la
revuelta de Chiapas el primer grito de respuesta y protesta a una propuesta
global, y a decir verdad, terminó encarnando desde la solidaridad internacional
de los pueblos, una condena mundial a las aspiraciones de subordinación que
propone la integración sustentada por el orden transnacional. Ese
grito inicial se propagó de diversas formas y su eco se materializó a los
pocos años en múltiples manifestaciones que ampliaron esa voz de protesta en
las principales capitales y ciudades del capitalismo desarrollado contemporáneo.
Desde Seattle a Praga, por mencionar las más sonoras en el último año, pero
también siglas y denominaciones que comienzan a ser familiares, tales como
ATTAC, Diálogo 2000 o Jubileo Sur. Son todas expresiones de un movimiento que
lucha por extender la conciencia sobre los propósitos de una mundialización
que sesga sus beneficios en núcleos muy reducidos de la sociedad, precisamente
aquellos que hacen la dominación a partir de su poder económico y su
influencia en la política, la cultura e incluso la capacidad de represión. Uno
de los problemas que obstaculizan la extensión de estos movimientos entre los
diversos actores sociales subordinados, radica en el consenso logrado por el
pensamiento hegemónico. Es un lugar común entre muchos explotados y excluidos,
el reconocimiento de la imposibilidad del hacer alternativo. El resultado es la
pasividad, con la cual se favorece el cumplimiento de las profecías
preanunciadas de “único camino” que sostienen los gobernantes y el discurso
político dominante. El reciente Tercer Encuentro por un Nuevo Pensamiento
impulsado por la CTA y otros movimientos sociales, políticos y culturales,
tanto como intelectuales y militantes de organizaciones diversas, trató de dar
respuesta a ésta problemática. En la discusión sostenida bajo el lema
“Movimiento Social y Representación Política”, se acordaron una serie de
iniciativas a impulsar, entre las que se destaca la promoción de una protesta
contra la reunión de Ministros a realizarse en abril próximo en Buenos Aires,
con motivo del establecimiento del cronograma del ALCA hacia su lanzamiento en
el 2005. La cita porteña No
se trata solamente de una “movida local”, ya que son muchas las
organizaciones que desde otras partes del mundo, particularmente de América
Latina, están planteando converger sobre la Capital de la Argentina. Es el espíritu
que rondará la reunión de Centrales Sindicales del Cono Sur a realizarse a
comienzos de diciembre en Brasil y forma parte de los planes de trabajo en
discusión en el Comité argentino de auspicio al Foro Social Mundial a
realizarse del 25 al 30 de enero de 2001 en Porto Alegre, Brasil y que reunirá
a más de 2500 personas provenientes desde todo el mundo. El
asunto a considerar es que junto a los propósitos del Imperio, también
comienzan a visualizarse las propuestas alternativas, tales como el impuesto al
movimiento de capitales especulativos, que inspirado en la propuesta del premio
Nobel de Economía, James Tobin, propiciamos en ATTAC, que en América Latina ya
ha organizado grupos en Brasil, Chile, Uruguay y se preparan para su lanzamiento
en Paraguay, México y Bolivia y que entre nosotros, junto a su núcleo
originario en Buenos Aires, se extiende en Rosario, Córdoba, Mendoza, la
Patagonia, La Plata, Avellaneda y otras ciudades y cuenta ya con iniciativas
legislativas en algunos parlamentos municipales y provinciales. Se
trata de propuestas que se articulan con otras que sustentan un conjunto de
grupos y movimientos sociales y políticos. Pretenden ser parte de una nueva dinámica
social que aporte a la construcción de otro orden económico, político y
cultural, que satisfaga las demandas y aspiraciones de la mayoría que hoy niega
el poder transnacional. Es un componente de la realidad que pugna por hacerse
visible y aspira a impulsar un contagioso espíritu movilizador para la cita
porteña, de cara a la recuperación de la integración para un proyecto de
independencia y liberación en América Latina. Buenos
Aires, noviembre de 2000. * Profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario. Coordinador del Comité de Coordinación de ATTAC–Argentina, Asociación por un Tributo a las Transacciones especulativas y de Ayuda al Ciudadano. E-mail: attac@rcc.com.ar |
|