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El imperio contra la agricultura Se realiza en Quito, Ecuador, el foro
andino Las organizaciones del
campo ante el Area de Libre Comercio
de las Américas. Presentes, las organizaciones
campesino-indígenas más importantes de la región: la CCP de Perú, Fensuagro de Colombia, Conaie
y Fenocin de Ecuador, y CIOEC de Bolivia. No asisten
las venezolanas por el intento golpista en su patria. Para fijar su postura ente el ALCA,
proyecto comercial estrella de
George W. Bush, las organizaciones campesinas
y de la sociedad civil del área parten del análisis de otras experiencias y de la propia en dos aspectos:
libre comercio y planes bilaterales de algunos
países con Estados Unidos. Las organizaciones de México exponen
su experiencia luego de ocho años
del TLCAN: desde 1997 el país ha importado más de 50 millones de toneladas de granos básicos.
En 2001 importamos más de 6 millones de toneladas
de maíz, un tercio de las cuales fue transgénico.
Nuestra dependencia alimentaria del extranjero se eleva a 95 por ciento en semillas oleaginosas,
50 por ciento en arroz, 40 por ciento en carne,
25 por ciento en maíz y 20 por ciento en leche. Se podría pensar que en el Mercosur,
por no estar presente Estados
Unidos, las cosas marchan mejor. No es así. La mayor parte de los agricultores de las feracísimas
y bien irrigadas pampas uruguayas no son viables,
así como 80 por ciento de los productores de los
países mercosurianos. A pesar de contar con un hato de 50 millones de ovinos y 10 millones de bovinos,
Uruguay importa ahora más de la mitad de sus alimentos.
Las trasnacionales brasileñas están haciendo
su agosto. Señala el representante de los agricultores familiares organizados: "Por buscar el mercado
internacional, terminamos perdiendo el interno".
Y como para subrayar lo anterior, al día En Argentina, antiguo "granero
del mundo", había un modelo
que funcionaba: se integraban agricultura y ganadería, sin necesidad de agroquímicos agresivos para
el fértil suelo de la pampa húmeda. Por todas partes
había pequeñas empresas locales que daban valor agregado
a los productos agrícolas. Pero desde los años 80 las
trasnacionales promueven el cultivo
de soya, hasta llegar a producir 10 millones de toneladas anuales. Se introduce un paquete agroquímico
con alto contenido de glifosato que contamina
suelos, corrientes, espejos de agua, ganado y personas. Se rompe el modelo de integración, quiebran
las empresas agroindustriales. Es el fin de la
soberanía alimentaria argentina. Se abandonan 114 mil
explotaciones con una superficie que puede llegar hasta
10 millones de hectáreas. Esta crisis agroalimentaria
es un factor importantísimo de la crisis
económica que estalla en diciembre pasado. Los campesinos bolivianos exponen su
experiencia con el Plan Dignidad,
negociado por Estados Unidos con los países andinos. Agobiados por el consumo de cocaína, los
estadunidenses proponen sustituir la siembra de la coca
-cultivo tradicional- por otros como mango, café y yuca,para combatir el narcotráfico. Fracaso total: ninguna
rentabilidad de los cultivos alternativos. El Plan Colombia, impuesto por el
gobierno de Clinton a ese país,
ha significado la militarización de ese territorio y el establecimiento de la base estadunidense
en Manta. La devastación de los cultivos y
de la masa vegetal de muchas zonas con agroquímicos defoliadores,
con el pretexto de desterrar la coca. Mayor empobrecimiento y más violencia en el campo colombiano.
Con estos antecedentes, nadie quiere
el ALCA. No es la vía para la
vida digna de las familias campesinas, la soberanía alimentaria, la independencia política ni para
la conservación del medio ambiente. Es necesario promover
otro modelo agrícola basado en la potenciación
de los aportes de las agriculturas campesinas
y familiares. De un lado a otro de los Andes, por acá se clama: "No queremos el ALCA, otra agricultura
es posible". http://www.rebelion.org/economia/agricultura240402.htm
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