UN
TRATADO CARGADO DE CADENAS
José Merino del Río*
En enero pasado el presidente Bush anunció que un Tratado de Libre Comercio
de los Estados Unidos con Centroamérica constituía una prioridad de primera línea
para su administración. Al principio causó cierto asombro esta declaración de
un presidente ocupado exclusivamente en la guerra total contra el terrorismo. Ya
por entonces, los halcones de la Casa Blanca comenzaron a dibujar las líneas
maestras de lo que posteriormente sería la nueva doctrina de seguridad de los
Estados Unidos, basada en la supremacía militar y la expansión global del
libre comercio. Convertida el pasado mes de septiembre en doctrina oficial, esa
estrategia de seguridad nacional estadounidense reafirmó que, en un comienzo,
el acuerdo de libre comercio con Centroamérica era el punto focal principal de
cara al objetivo de crear en el 2005 el Area de Libre Comercio de las Américas(ALCA).
¿Por qué Centroamérica? El ALCA
se estaba complicando y ya estaba en marcha el Plan Puebla-Panamá con la
perspectiva de inversiones multimillonarias para crear el corredor mesoamericano
que facilite a las transnacionales una nueva guerra de conquista por los
recursos de la región. Centroamérica se convierte así en territorio de
expansión natural del Tratado de Libre Comercio que ya vincula a Canadá,
Estados Unidos y México, amarrada ahora por el
Plan Puebla-Panamá, cuyas inversiones cobran sentido en el marco jurídico
de un TLC que subordine las legislaciones nacionales de cada uno de los países
centroamericanos al acuerdo supranacional con los Estados Unidos, que estimule y
garantice los intereses de las empresas transnacionales que operan y operarían
en la región, la inmensa mayoría estadounidenses. La vulnerabilidad de los países
centroamericanos y la propensión al vasallaje de sus actuales gobiernos, son
reconocidos por funcionarios de la administración Bush como elementos que
favorecen esa estrategia expansionista del "paso a paso", para
debilitar la oposición al ALCA en el bloque regional del Sur que encabeza
Brasil, y al mismo tiempo favorecer la posición estadounidense en las
negociaciones multilaterales de la ronda de Doha, que se llevan a cabo en el
seno de la Organización Mundial del Comercio.
El jefe de negociadores de los
Estados Unidos, Robert Zoellick, ha dicho que nada quedará excluido en las
negociaciones del TLC con Centroamérica. El esquema de negociación es prácticamente
idéntico al del ALCA. En síntesis se trata
de nueve grupos de negociación:
1. Servicios. Todos los servicios públicos deben estar abiertos a la
inversión privada.
2. Inversiones. Los gobiernos se comprometen a otorgar garantías
absolutas para la inversión extranjera.
3. Compras del sector público. Todas las compras del Estado deben
estar abiertas a las transnacionales.
4. Acceso a mercados. Los gobiernos se comprometen a reducir, y llegar
a eliminar, los aranceles y otras medidas de protección a la producción
nacional.
5.Agricultura. Libre importación y eliminación de subsidios a la
producción agrícola.
6. Derechos de propiedad intelectual. Privatización y monopolio del
conocimiento y de las tecnologías.
7. Subsidios, antidumping y derechos compensatorios. Compromiso de los
gobiernos a la eliminación progresiva de barreras proteccionistas en todos los
ámbitos.
8. Política de competencia. Desmantelamiento de los monopolios
nacionales.
9. Solución de controversias. Derecho de las transnacionales de
enjuiciar a los países en tribunales internacionales privados.
La representación estadounidense ya
ha hecho saber a la parte costarricense que el TLC es incompatible con nuestra
posición en materia de telecomunicaciones, energía, combustibles, seguros y
banca. Asimismo ha advertido que si nuestros agricultores pretenden excluir una
serie de productos o mantener ciertas medidas de protección y salvaguarda, no
habrá TLC. No han escapado a la amenaza los servicios de educación y de salud,
y se ha expresado irritación con la pretensión nacional de incluir un capítulo
de garantías ambientales en la Constitución que frene el expolio de nuestros
recursos naturales y de nuestra biodiversidad.
Mientras tanto, los Estados Unidos
no renuncian a la política de subsidios para la agricultura: 180 mil millones
de dólares para los próximos 10 años, ni a otras medidas proteccionistas que
consideren necesarias. Sin necesidad de TLC, nuestro país ya está informado de
lo que los Estados Unidos puede hacer si considera que sus intereses están en
peligro, como hemos visto en el caso de la cogeneración eléctrica y de las
humillantes amenazas de la Corporación Privada de Inversiones de
Ultramar(OPIC), agencia del Departamento de Estado, que asegura las inversiones
de las empresas norteamericanas contra el riesgo político en otras naciones.
El TLC busca intensificar los tres
componentes fundamentales que orientaron las políticas de ajuste estructural de
la globalización neoliberal en las dos últimas décadas:
Liberalización:
se trata de radicalizar la liberalización de los mercados de bienes, servicios,
inversiones, derechos de propiedad intelectual y de eliminar los aranceles a la
importación y los subsidios a la producción interna.
Desregulación:
se busca reducir al mínimo las funciones del Estado de regular y conducir una
estrategia de desarrollo nacional,
eliminando todas las restricciones a los operadores del mercado, fudamentalmente
transnacionales.
Privatización:
se impulsa un proceso radical de eliminación de la propiedad pública.
No es difícil adivinar que ese
triple proceso, que ya ha causado grandes estragos políticos, económicos,
sociales y ambientales en el país, empuja a la desintegración de la economía
nacional y del resto de las economías centroamericanas, frente al poder de los
Estados Unidos y de sus transnacionales. Coloca a nuestros estados nacionales al
servicio de esos intereses imperialistas supranacionales. Alimenta a la fiera de
la competencia para atraer inversiones a nuestros países sobre la base de mano
de obra abundante y barata y de la desregulación salvaje del mercado laboral y
del ambiente.
Una posición digna y patriótica
debe exigir el respeto de algunos principios rectores para evaluar un acuerdo
comercial:
I. DEMOCRACIA. Significa información, debate, participación
ciudadana, transparencia, consulta popular a través de un referéndum. Procesos
que no se están dando en las negociaciones en curso en torno a este tratado. Al
contrario, lo que impera es el secreto, las negociaciones de noche y sin taquígrafos,
vergüenza que se trata de esconder detrás del biombo de "consultas cosméticas"
y de "buzones de sugerencias".
II. EQUIDAD. No existe ningún reconocimiento real de las asimetrías
entre naciones con disparidades abismales de recursos, lo que introducirá y
profundizará nuevas y odiosas desigualdades, discriminaciones e injusticas
contra nuestros países y pueblos. No hay trato diferenciado entre naciones tan
desiguales en desarrollo, ni medidas compensatorias, ni trato preferencial.
Tampoco se aborda el problema de la equidad en cada nación. Los programas
sociales están totalmente ausentes.
III. SOBERANIA. La facultad de los gobiernos nacionales para llevar a
cabo las políticas decididas democráticamente por los pueblos, se reduce drásticamente.
El TLC opera como una camisa de fuerza que impide a los gobiernos actuar o
rectificar, que somete la legislación nacional a comisiones supranacionales
controladas y monitoreadas por las empresas transnacionales, en condiciones de
penalizar a cualquier estado que no se someta a sus políticas.
IV. SUSTENTABILIDAD. Se impone una tendencia a la explotación y
exportación de los recursos naturales y a la desregulación ambiental en
materia de inversiones. Se pretende garantizar el acceso a recursos estratégicos
como agua, bosques, petróleo, minerales, biodiversidad, lo que asestaría un
golpe mortal a una política basada, más allá de la retórica, en un
desarrollo humano sustentable.
Frente a estos desafíos de envergadura histórica para Costa
Rica y las naciones centroamericanas, el gobierno de Abel Pacheco ha puesto la
"negociación" en manos
de un equipo de integristas neoliberales, reclutado
en los templos de CINDE y del
INCAE, que elogia sin mesura los beneficios que obtendría Costa Rica con la
firma de un Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y los Estados Unidos.
De nada sirve la experiencia de veinte años de recetas de ajuste neoliberal en
nuestro país y América Latina y sus resultados: más hambre, más desigualdad,
más exclusión, más desempleo, más corrupción. El equipo
"negociador" designado por el presidente Pacheco sostiene que el
problema es que la dosis recetada es insuficiente: el TLC con Estados Unidos
obligará, por fin, a Costa Rica a dejar el "nadadito de perro" y
avanzar sin complejos por la senda gloriosa de la privatización, la desregulación
y la liberalización: la santísima trinidad de ese fundamentalismo de mercado
que ha convertido el eslogan del "libre comercio" en acto de fe y arma
de conquista al servicio de las transnacionales y de los círculos de negocios.
Como en toda guerra de conquista de
habla de ganadores y de perdedores en Costa Rica. Se dice que quienes sepan usar
lar armas de la competitividad y de la eficiencia se salvarán del naufragio
generalizado, el resto se ahogará o sobrevevirá a duras penas. Pero el asunto
no dependerá del ardor guerrero sino de la estructura y relaciones de clase
dentro de cada país y de las
alianzas de clase establecidas a nivel internacional.
Un destacado funcionario del Departamento del Tesoro de Estados Unidos le dijo al economista Faux, también estadounidense: " lo que usted tiene que entender es que nosotros negociamos con personas que pertenencen a las clases altas de aquellos países que comparten con nosotros gran número de intereses económicos y políticos".(Faux: Rethinking the Global Political Economy, EPI, 2002).
Eso es lo que debemos entender. El
neoliberalismo de guerra, como lo llama González Casanova, ha traído hambre y
desigualdad a muchísmos costarricenses y latinoamericanos, perto hay clases
sociales en el Norte y en el Sur, y en realidad el 20% de las personas más
ricas del mundo son miembros de las clases dominantes del Sur. Alguien negocia
en Costa Rica, pero no en nuestro nombre, sino defendiendo los intereses de los
poderosos del Norte y de los poderosos del Sur.Los “negociadores”
costarricenses siempre han defendido la privatización del ICE, del INS, de
Recope, de los bancos públicos, de la salud , de la educación, de los
aeropuertos, muelles, ferrocarriles, cárceles..., ¿ defenderán en una
negociación con Estados Unidos lo que quiere y defiende la mayoría de nuestro
pueblo ?
El neoliberalismo enfrenta una
crisis de credibilidad, de gobernabilidad y de sobreproducción, que trata de
manejar y de superar a través de nuevas políticas de control y de apropiación
de los recursos mundiales, y también del mayor control de los gobiernos y
estados nacionales. ALCA, Plan Puebla-Panamá, TLC, Plan Colombia, guerra contra
Irak...toda forma parte del mismo juego macabro, que los pueblos deben enfrentar
con alianzas nacionales, regionales e internacionales que les permitan resistir
y construir otra Costa Rica, otra América Latina, otro mundo posibles.
*Coordinador del Foro de Acción Política
“Otra Costa Rica es posible, otro mundo es posible”
Artículo
publicado en la edición del 6 de diciembre del semanario Universidad