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ALCA O ALBA
Fernando Ramón Bossi
Introducción
Hace ya más de 20 años, el político e intelectual uruguayo Vivián Trías, señalaba,
con respecto a la integración latinoamericana-caribeña, lo siguiente: "la
integración del continente austral es, hoy por hoy, una necesidad histórica,
el tiempo de la balcanización ha arribado a su ocaso...", y agregaba,
"la integración se producirá de cualquier manera; puede concretarse para
afianzar el subdesarrollo y la dependencia colonial o puede realizarse para
superar el atraso y liberarse de la opresión imperialista...", y
finalizaba, "la integración, en sí misma, no es nada más que un
instrumento, una herramienta, un medio. Así como un bisturí puede segar o
salvar la vida de un hombre, aquélla puede remachar las cadenas de los pueblos
o romperlas". La iniciativa del ALCA (Acuerdo de Libre Comercio para las Américas),
por parte del gobierno estadounidense, pone nuevamente en el tapete el tema de
la integración, que ya no puede abordarse en la perspectiva de largo plazo,
sino desde la urgencia que impone la ofensiva imperialista.
"Remachar o romper cadenas".
América Latina y el Caribe, con una población de un poco más de 510 millones
de habitantes, presenta los índices más desiguales en la distribución de las
riquezas del mundo. El 10% más rico absorbe casi el 60% de las riquezas,
mientras al 10% más pobre apenas llega al 2%. Según la revista Forbes del año
2000, 14 latinoamericanos se incluían en el listado de las 250 personas más
ricas del planeta, con un patrimonio de cerca de 50 mil millones de dólares,
cifra que representa el ingreso anual de más de 100 millones de los habitantes
más pobres de esta región. Entre quienes acumulaban las mayores fortunas
figuraban tres argentinos: Lacroze de Fortabat, Rocca y Pérez Compac. El resto
se reparte entre 4 mexicanos, 4 brasileños, 2 venezolanos y 1 colombiano. En
contraposición casi 1 millón de niños muere por año a causa de la pobreza:
2700 por día, 114 por hora, casi 2 por minuto...
América Latina y el Caribe manifiesta asimismo una serie de contradicciones que
sólo pueden ser explicadas a través de la presencia del imperialismo,
agravadas en las últimas décadas con la implantación de los modelos
neoliberales. Con excepción de Cuba y Venezuela, los gobiernos de la región
han adoptado regímenes liberales que han acentuado enormemente esas
contradicciones. Siendo la región del planeta con mayor potencialidad en la
producción agroganadera, el flagelo del hambre y la desnutrición crece
vertiginosamente con todas las secuelas que ello conlleva. Con posesión de
reservas de minerales y capacidad energética inmensa, Nuestra América sufre la
falta de industrialización más el proceso de desindustrialización de lo poco
que habíamos alcanzado. Siendo una de las regiones más ricas en biodiversidad
mantenemos los índices más elevados de deforestación y extinción de las
especies. En el continente de mayor reserva de agua potable del planeta (recurso
estratégico para un futuro no muy lejano), 165 millones de latinoamericanos, el
30% de la población, no tiene acceso al agua potable, siendo la diarrea
infantil la principal causa del deceso de casi 1 millón de niños por año Y así
podríamos seguir avanzando en una serie interminable de contradicciones que
marcan, por un lado, la irracionalidad del modelo impuesto, pero por otra parte,
las posibilidades de desarrollo a partir de una política de integración
soberana, complementaria y solidaria. Como afirmaba el escritor uruguayo, en el
proceso insoslayable de integración latinoamericana caribeña, la contradicción
entre "remachar cadenas o romperlas" pasa a ser la contradicción
principal a resolver en la presente década.
El ALCA o la zorra en el gallinero
La iniciativa del ALCA no es otra que la actualización de las políticas
panamericanistas de los Estados Unidos, sintetizada en la vieja Doctrina Monroe
de "América para los americanos" -leasé "para los
norteamericanos"-. Las dificultades económicas que enfrenta el gobierno
estadounidense para mantener la hegemonía planetaria lo lleva hoy a avanzar
aceleradamente hacia el pleno dominio de su "patio trasero". De
lograrse implementar el ALCA, la anexión de América Latina y el Caribe a los
Estados Unidos será inexorable.
¿Cuál es el proyecto para nuestra región por parte de los yanquis? En
principio el de consolidar dos aspectos fundamentales para el fortalecimiento de
su alicaída economía: 1) obtención de materias primas a bajos costos y 2)
mano de obra barata.
1) El control de los recursos naturales sigue siendo una prioridad para la política
estadounidense. Como bien lo señalaba Henry Kissinger en el Memorandum 200
(1974): "La ubicación de conocidas reservas de metales de más alto grado
de la mayoría de los minerales, favorece la creciente dependencia de todas las
regiones industrializadas en las importaciones de los países menos
desarrollados (PMD). Los problemas reales de los suministros de minerales, no
consisten en si hay una cantidad básica suficiente, sino en los asuntos políticos
y económicos en torno al acceso a dichos suministros, en las condiciones para
su exploración y explotación, en la división de los beneficios entre los
productores, los consumidores y los gobiernos de los países anfitriones".
Si sólo consideramos que el 96% de las reservas de titanio y tugteno están
ubicadas en la Amazonia y que resultan insustituibles para la industria
aeroespacial y misilística, fácil es deducir la importancia que el gobierno
estadounidense atribuye al dominio de la región. Por otra parte la producción
de alimentos pretende ser controlada en función de los intereses del consumo
interno norteamericano, teniendo en cuenta que el gobierno yanqui deberá
resolver en el breve plazo el problema del gasto en subsidios a su producción
agropecuaria. El control de los espacios ricos en biodiversidad también importa
a los estadounidenses; como base de extracción de materia prima para su
industria farmacéutica y química como asimismo para el desarrollo de la
ingeniería genética y la biotecnología. Como señalamos anteriormente, el
tema del agua potable ya preocupa a los países capitalistas desarrollados,
quienes han manifestado que dentro de 25 años, los países poseedores del vital
líquido adquirirán un poder similar a los que actualmente poseen petróleo. De
allí el interés por el control del Amazonas, el Orinoco y la Cuenca del Plata.
En torno a esta realidad es que Estados Unidos ya ha comenzado a trabajar en
tres orientaciones hacia la conquista de territorio latinoamericano: a)
importantes inversiones en compra de grandes extensiones de tierras, b) captura
de espacios físicos a través de la propuesta de cambiar deuda externa por
territorio, y 3) intentos de declarar a diferentes regiones de nuestra área
como "Patrimonio de la Humanidad", entendiendo que "aquello que
pertenece a todos es de Estados Unidos y lo que no pertenece a nadie también".
Tanto la Amazonia como la Antártida están dentro de la órbita de esta política.
La implementación del ALCA vendría a consolidar esta tendencia anexionista.
2) Sin duda que la mano de obra barata significa una mayor acumulación de
capital para las empresas norteamericanas. Todo indica que de cristalizarse la
iniciativa, se incrementarían las medidas tendientes a la precarización del
trabajo, la flexibilización laboral y el derrumbe de todas las leyes de
protección de la clase trabajadora.
Pero en este rubro también debemos considerar dos aspectos más que hacen a la
utilización de nuestra población para beneficio de los intereses yanquis: 1)
el rol de los militares y 2) el rol de la Universidad. En el primer caso es
sabido que el gobierno norteamericano es consciente de "lo sensible que es
el pueblo estadounidense en lo que respecta a recibir bajas de compatriotas
producidas en los conflictos internacionales donde su ejército participa".
En base a esto, y más allá de trabajar para convertir a nuestros ejércitos en
meras fuerzas armadas para la represión de los conflictos sociales, el gobierno
estadounidense ha diagramado un esquema de funcionamiento donde los
latinoamericanos caribeños jugaríamos el rol de "carne de cañón"
en los conflictos bélicos que se avecinan. La pauta de esto ya está
configurada con el Plan Colombia y la Iniciativa Andina. En el segundo caso -y
esto ya denunciado infinidad de veces por Fidel Castro-, el incremento y
planificación de la fuga de cerebros. Una Universidad selectiva, controlada y
funcional a los intereses del gran capital vaciaría de técnicos y científicos
nuestra región en provecho de los centros de alta tecnología. De los costos de
aprendizaje nos encargaríamos nosotros y del usufructo del conocimiento las
empresas norteamericanas.
Trabajadores, militares y científicos baratos es un negocio más que tentador
para el país hegemónico. El ALCA, por lo tanto, viene a ser el martillo
"para remachar cadenas".
ALCA ó ALBA
Seis son las herramientas principales de sometimiento que hoy nos impone el
imperialismo y que pretende coronarse con la implementación del ALCA: 1) En lo
político, la democracia formal y el achicamiento del Estado; 2) En lo militar,
la lucha contra el narcotráfico con el Plan Colombia y la Iniciativa Andina; 3)
En lo ideológico a través de la dictadura mediática que ejercen los medios de
comunicación masiva; 4) En lo financiero por medio de la asfixiante deuda
externa; 5) En el comercio exterior a través de la apertura indiscriminada de
mercados; y 6) En lo económico mediante la extranjerización de las empresas
-privatizaciones incluidas-.
De prosperar la imposición del ALCA, el destino de los latinoamericanos caribeños
será nefasto, ya que el proyecto incluye 30 millones de habitantes con un poder
adquisitivo igual al del llamado primer mundo; 50 millones para el consumo del
excedente de producción o producción obsoleta de las grandes metrópolis; 120
millones para el mínimo consumo de subsistencia que garantice la reproducción
de su fuerza de trabajo y 300 millones de habitantes condenados a la muerte por
exclusión.
Ante esta situación los latinoamericanos caribeños deberemos afrontar el desafío
con la entereza de los grandes próceres. Al ALCA anexionista deberemos oponerle
el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), la integración de América
Latina y el Caribe como la soñaron los Libertadores. La tarea es urgente, pero
urgente también son las necesidades de nuestros pueblos. La lucha, por lo
tanto, nos debe encontrar unidos a los hijos de Nuestra América, enfrentándonos
con el Coloso del Norte, con las banderas de la unidad y la soberanía y con la
seguridad que implica contar en nuestras filas con las espadas de Simón Bolívar,
José de San Martín y el fusil del Che.
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